sábado, 4 de febrero de 2017

Letra 506, 5 de febrero de 2017

JAN HUS, UN REFORMADOR CONTRA LA IGLESIA CORRUPTA
El Informador, 5 de julio de 2015

La República Checa conmemora mañana el 600 aniversario de la ejecución en la hoguera de uno de sus héroes nacionales, el reformador Jan Hus, quien luchó por una Iglesia más humilde, sin jerarquía y menos corrupta.
   Quemado el 6 de julio de 1415, Hus sigue en la memoria del pueblo checo con su mirada desafiante a la muerte, plasmada en su monumento de la Plaza Vieja de Praga, cerca de la capilla de Belén, donde se hizo famoso por sus prédicas. 
    Hus fue uno de los filósofos más brillantes del incipiente movimiento protestante en la Edad Media, y el concilio de Constanza de 1414 lo condenó a ser quemado en la hoguera al insistir en sus denuncias contra la Iglesia de entonces.
   Desde el púlpito, este predicador y teólogo arremetió contra la vida relajada del clero de su tiempo, las ambiciones de poder de los prelados, el olvido de las sencillas formas de vida evangélica y los abusos en la venta de indulgencias.
    Ante estas acusaciones que ponían en duda la autoridad de la Iglesia, el Concilio de Constanza lo condenó por “herejía”.
    Los poderosos en la Iglesia alegaron que Hus se negó a aceptar una treintena de tesis relativas a la predestinación, la Sagrada Escritura como única fuente de fe o la negación de una jerarquía visible en la Iglesia, entre otras acusaciones. Su condena a muerte demuestra que Hus estaba considerado por las autoridades eclesiásticas del momento una amenaza.
    ”Lo más llamativo es cómo logró convertirse en uno de los personajes más influyentes de su tiempo, hasta ascender a rector de la Universidad Carolina, consejero del rey y ganarse el favor de buena parte de la nobleza, algo que ningún reformador había conseguido antes”
    Así lo dijo Martin Musilek, el comisario de la muestra “El maestro Jan Hus y su legado”, que puede verse en el Museo Nacional de Praga. Musilek precisó que la etapa de Hus al frente de la Universidad praguense “coincidió con un período de afianzamiento de los intelectuales checos, frente a los exponentes de la cultura alemana, que perdieron peso en la corporación académica”. Pero la influencia de Hus no sólo se limita a lo religioso e espiritual sino alcanza también lo lingüístico y político.
     “Simplificó el idioma, haciéndolo más accesible al pueblo, para que pudiera manejarse mejor en las Escrituras”, que consideraba como la única fuente de fe, explica el Musilek. Con motivo del 600 aniversario, se han organizado este año exposiciones sobre Hus, tanto en Praga como en el Museo Husita de Tábor, al sur de Praga. Además, se ha reconstruido su casa natal en Husice, al sur de Bohemia, y la cadena pública CT emitió una serie televisiva de tres capítulos, una coproducción con el canal franco-alemán ARTE. El presidente checo, Milos Zeman, se ha unido a los festejos y ha pedido colgar la enseña de Hus en el balcón del Castillo de Praga, sede de la Presidencia. 
    El Vaticano nunca ha rehabilitado formalmente al reformador checo, pues sus ideales sobre cómo debe ser la Iglesia siguen en contradicción con la doctrina católica. Sin embargo, el fallecido papa Juan Pablo II lamentó en 1999 “la cruel muerte” que sufrió Hus y destacó “su valentía moral ante las adversidades y la muerte”. A mediados de junio, el actual papa Francisco dijo que es necesario continuar con el estudio de la persona y el trabajo de Jan Hus porque se ha convertido en una iniciativa para el diálogo de todos los cristianos, también más allá de las fronteras de la República Checa.
El país centroeuropeo tiene una de las poblaciones menos religiosas del mundo, con apenas un 10% que se declara católica, según el censo de 2011, mientras que las Iglesias Protestante y Husita no llegan ni al 1% de la población. La enorme mayoría del resto de los checos dicen no tener religión o se niegan a responder sobre su afiliación religiosa.
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NUESTRO ADN. II: NUEVOS LÍDERES

·    ¿Qué tipo de iglesia queremos ser?
Concepto clave: Iglesia urbana y misional
·    ¿Qué tipo de miembros queremos formar?
Concepto clave: Discípulos comprometidos con el Reino-Iglesia
·    ¿Qué tipo de liturgia queremos desarrollar?
Concepto clave: Liturgia solemne, festiva, didáctica, comunitaria
·    ¿Qué tipo de predicación queremos exponer?
Concepto clave: Predicación fiel, relevante, transformadora
·    ¿Qué tipo de ministerios queremos tener?
Concepto clave: Ministerios evangelizadores y discipuladores
·    ¿Qué tipo de acción social queremos hacer?
Concepto clave: Acción social de redención integral
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NETANYAHU NO TIENE DISCULPA
Arnoldo Kraus
El Universal, 31 de enero de 2017

¿En qué estaba pensando Bibi cuando escribió su nefasto mensaje en su cuenta ocial de Twi- tter? Bibi —sobrenombre de Benjamin Netanyahu—: “El presidente Trump tiene razón. Construí un muro en la frontera sur de Israel. Detuvo toda inmigración ilegal. Gran éxito. Gran idea”. Ignoro si Bibi piensa y después escribe, si escribe y después piensa o si lo que publica lo hace sin cavilar, sin saber lo que dice, sin pensar en las posibles repercusiones y sin consultar al grupo de asesores que me imagino tiene, tipo Trump.
Es probable que el nefando Bibi lance sus peroratas sin consultar a su equipo; de ser así, erróneo; de no ser así, y contar con el apoyo de sus ministros, peor aún. Vale un poco, sólo un poco, la exigencia del ministro israelí de Interior Aryeh Deri: “No entiendo por qué tuviste que hacerlo. Eso es un asunto interno”; otro poco vale —casi nada— la opinión de Emanuel Nahshon, vocero de la cancillería israelí: “El comentario del primer ministro se refería a su particular experiencia en seguridad y no a una postura sobre las relaciones entre Estados Unidos y México”. En cambio, mucho importa el momento, el tiempo del mensaje: Bibi publicó su dislate horas después de que la Cancillería mexicana celebrara un acto en recuerdo de las víctimas del Holocausto. Todos sabemos los motivos del primer ministro: amistarse con Trump.
Todos entendemos sus razones: acercarse al magnate presidente cuya locura lo ha convertido en noticia de primera plana en muchos periódicos y cuyas acciones y decretos incomodan a todos los que no son como él. Desde México, los motivos y las estupideces de Bibi, producen asco. Su tuit no es, por supuesto, una declaración de guerra; sí es, por supuesto, una falta de ética, sensibilidad, conocimiento y diplomacia, propia del poder, propia de quienes tienen la desvergüenza de venderse y arrodillarse ante Trump, propia de un ser endiosado, egoísta, incapaz de escuchar, de escribir sandeces sin acercarse a sus asesores no trumpianos y de no atender los reclamos del mundo al permitir la construcción de nuevas viviendas en tierras palestinas.
Netanyahu y su camarilla no tienen disculpa. Desconocer las sinrazones de Trump y apoyarlo muestran su desdén a todos los que no piensan o son como él. Su falta de interés por las convulsas relaciones entre México y EU muestran desconocimiento, servilismo y oportunismo.
Su tuit, no hay duda, lo atesora Trump. Su tuit ofende a México, a sus ciudadanos, y a los miembros de la comunidad judía mexicana (yo soy uno de ellos), y quizás a sus difuntos, cuyos hogares, como el de su padre —Varsovia— fueron arrasados por el nazismo.
El comunicado de prensa publicado el mismo día del desliz de Bibi por los dirigentes de la comunidad judía en México es claro: “La Comunidad Judía de México se deslinda del mensaje del primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu, sobre el muro fronterizo. No coincidimos con él… y rechazamos contundentemente su postura… Nos solidarizamos con nuestros conciudadanos que viven, trabajan y aportan en el país vecino cuyos derechos humanos tienen que ser respetados”.
¿En qué o en quién piensas Bibi cuando piensas? Bien te haría recorrer el muro. Bien te haría platicar con los trabajadores migrantes de México y de Latinoamérica. Bien sería que tu esposa te acompañara: ¿es cierto que le falta al respeto a las personas que trabajan en tu mansión?
¡¡¡Aaayyy!!! Bibi, tan cerca de Trump, tan lejos de México.
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RELIGIÓN CIVIL Y GUERRA
DE RELIGIÓN
Roberto Blancarte
Milenio Diario, 31 de enero de 2017

AUTHOR_NAMELa decisión de Trump, de impedir el paso a su país a ciudadanos de varios países de mayoría musulmana y, por el contrario, anunciar que se admitirá a los cristianos del Medio Oriente, va más allá de un simple anti-islamismo, sin duda presente en la mentalidad del grupo político que ha llegado al poder con él. Se trata del fin de una concepción de la religión civil que había venido ampliándose en las últimas seis o siete décadas y que incluía en el imaginario norteamericano la existencia de un Dios no necesariamente ligado a una Iglesia, o a una religión en particular. Los estadounidenses, hay que recordarlo, inventaron el principio de separación entre el Estado y las Iglesias. Cuando decidieron, desde sus cartas de declaración de derechos (la de Virginia es una joya), y con sus enmiendas a la Constitución, que no habría Iglesias oficiales, propusieron un modelo al mundo. El propio Jefferson, siendo el tercer presidente de Estados Unidos, se refirió al “muro de separación” que la primera enmienda había establecido.
Lo anterior no significó, sin embargo, que los estadounidenses dejaran de aclamar a Dios, se pusieran bajo su protección o lo convirtieran en su aliado alrededor de la idea de un “Destino Manifiesto” como nación. Pero quedaba claro que no se trataba de un Dios en particular, ligado a una confesión o Iglesia específica, aunque la mayoría asumiera que era el Dios cristiano y particularmente protestante. En la guerra civil se agregó en el papel moneda la frase In God we trust (En Dios confiamos), pero seguía siendo un Dios no ligado a una denominación, aunque la ambigüedad permaneciera, como hasta hoy, con el juramento presidencia apoyándose en la Biblia.
Un punto de quiebre vino con la elección, en 1960 del primer presidente abiertamente católico: John F. Kennedy. Significó para muchos que los católicos entraban en la corriente principal y se integraban a esta “religión cívica” norteamericana. Después, la llegada de numerosos migrantes provenientes de otras culturas, marcadas por otras religiones, como el budismo, el hinduismo o el Islam, planteó nuevos retos a este modelo. Obama intentó su integración, con muchas dificultades, pues el terrorismo se identificó, erróneamente, con los musulmanes. Trump quiere negar esta realidad, pero al hacerlo, está negando el principio secularizador que la religión cívica contenía y está replanteándolo, muy equivocadamente, como una guerra de religión.


roberto.blancarte@milenio.com

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