sábado, 28 de abril de 2018

Letra 566, 29 de abril de 2018


LOS HOMBRES DEL MAESTRO (X)
LEVÍ O MATEO
F. Spadafora

Resultado de imagen para san mateo apostol paintingEn el elenco nominal del Colegio apostólico, repetido cuatro veces en el N. T., aparece siempre M., ya en el séptimo (Mr 3.18; Lc 6.15), ya en el octavo (Mt 10.3; Hch 1.13) lugar. Su condición de Apóstol, en el sentido más estricto de la palabra, connota implícitamente un gran número de datos biográficos. En efecto, “los Doce” fueron elegidos por Jesús con un doble programa: “para que estuvieran con él»; y «para enviarlos a proclamar el Evangelio” (Mr 3.14). La fase preliminar, formativa, les tenía que constituir autoptas (Lc 1.2) o testigos oculares. En consecuencia, gran parte de las escenas de la vida pública del Maestro son, al mismo tiempo, escenas de la vida de cada uno de sus discípulos y Apóstoles, y entre ellos de S. Mateo. En la segunda fase, los Apóstoles tuvieron como oficio (Hch 6.2-4) el de ser “servidores de la Palabra” (Lc 1.2), con todas las actividades que ello implica. Ello, además de incluir a M. en los acontecimientos más destacados de la Iglesia recién instituida, define y resume su posterior actividad. El nombre Matthaeos (del que deriva Matthaeus, Mateo) es adaptación griega de Mattai, contracción familiar del hebreo Mattan-yah o Mattan-yahu, que quiere decir “don de Dios”. Según algunos, M. significaría fiel, procediendo del hebreo 'emet.

El catálogo apostólico del primer Evangelio yuxtapone al nombre propio M. la indicación de oficio: el Publicano (Mt 10,3). De esta manera subraya la identidad del Apóstol con el recaudador de impuestos que siguió a Jesús cuando éste le dirigió su característico imperativo “¡Sígueme!” mientras ejercía la profesión en el telonio de Cafarnaum (Mt 9.9). S. Marcos (2,14) y S. Lucas (5.27) dan a este recaudador el nombre de Leví; Marcos añade: "hijo de Alfeo". Los tres Sinópticos se refieren a la misma persona, que llevaría dos nombres hebraicos; lo cual es verosímil, aunque era más usual yuxtaponer al nombre hebreo otro griego o latino

Por consiguiente, tenemos en la conocida escena del telonio de Cafarnaum un rasgo autobiográfico de M., encuadrado en la forma literaria de las “narraciones de vocación”. Dando por conocido el texto evangélico (Mt 9,913 par.) y su comentario literal, anotamos las siguientes reflexiones: a) La vocación de Leví-Mateo se presenta en la catequesis sinóptica como arquetipo ejemplar (junto con Mt 4.18-22 par.) de aquella radical consagración que se cifra en las palabras "seguir a Jesús"; la iniciación al seguimiento suponía tres fases: gracia del llamamiento por parte del Señor, renuncia a toda previa posesión y pertenencia, dedicación, personal y absoluta a Jesús. b) En la perspectiva del primer Evangelio, incorporar un publicano al equipo de los inmediatos cooperadores del Mesías en la instauración del Reino de Dios constituye un intencionado gesto antifarisaico de sublime audacia, verdadero “escándalo” para la mentalidad farisea, dada la identidad conceptual y afectiva, en el clima palestinense contemporáneo, entre “publicano” y pecador. La misericordia salvífica (Mt 9,13) que presenta a M. agraciado con el carisma del apostolado es un monumento levantado por el evangelista a esta misericordia (v.). c) La aceptación por parte de Jesús y sus discípulos del banquete ofrecido por M. en su casa, rodeado de colegas publicanos y de pecadores, expresa, a través de uno de los actos y signos de comunión de la pedagogía mesiánica, la del Convivium, la presencia de contacto medicinal de Cristo y la Iglesia en el auténtico mundo de los “enfermos” (Mt 9.12 par.), es decir, en el pueblo de los conscientemente no-justos abiertos en humilde disponibilidad de conversión (Lc 5.32).
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EL CAMINAR DEL DISCÍPULO
DISCIPULADO Y SEGUIMIENTO DE JESÚS

EL SEGUIMIENTO Y LA CRUZ (IV)
Dietrich Bonhoeffer

Imagen relacionadaDe este modo, el cristiano se convierte en portador del pecado y de la culpa en favor de otros hombres. Quedaría aplastado bajo este peso si él mismo no fuese sostenido por el que ha llevado todos los pecados. Pero en la fuerza del sufrimiento de Cristo le es posible triunfar de los pecados que recaen sobre él, en la medida en que los perdona. El cristiano se transforma en portador de cargas: “Llevad los unos las cargas de los otros y así cumpliréis la ley de Cristo” (Gal 6, 2).
Igual que Cristo lleva nuestra carga, nosotros debemos llevar las de nuestros hermanos; la ley de Cristo que debemos cumplir consiste en llevar la cruz. El peso de mi hermano, que debo llevar, no es solamente su suerte externa, su forma de ser y sus cualidades, sino, en el más estricto sentido, su pecado. Y no puedo cargar con él más que perdonándole en la fuerza de la cruz de Cristo, de la que he sido hecho partícipe. De este modo, la llamada de Jesús a llevar la cruz sitúa a todo el que le sigue en la comunión del perdón de los pecados. El perdón de los pecados es el sufrimiento de Cristo ordenado a los discípulos. Es impuesto a todos los cristianos.
Pero ¿cómo sabrá el discípulo cuál es su cruz? La recibirá cuando siga a su Señor sufriente, reconocerá su cruz en la comunión con Jesús. El sufrimiento se convierte así en signo distintivo de los seguidores de Cristo. El discípulo no es mayor que su maestro. El seguimiento es una passio passiva, una obligación de sufrir. Por eso pudo Lutero contar el sufrimiento entre los signos de la verdadera Iglesia. También por eso, un trabajo preliminar a la Confesión de Augsburgo definió a la Iglesia como la comunidad de los que “son perseguidos y martirizados a causa del Evangelio”.
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MARÍA, MAGDALENA: DE APÓSTOL A PROSTITUTA ARREPENTIDA
Carmen Bernabé Ubieta

Resultado de imagen para carmen bernabéMaría Magdalena fue una figura descollante del cristianismo primitivo. Señal de ello es la transformación que sufrió en los distintos escritos, tanto canónicos como apócrifos. Bien que muchas de las referencias que se encuentran son parcas, sin embargo, revelan las tensiones internas entre distintos grupos del movimiento reunido en torno a Jesús. De acuerdo con datos de los evangelios, ella fue discípula de Jesús, testigo cualificada de la resurrección, receptora de la primera aparición del Resucitado y enviada por el mismo Resucitado con un encargo apostólico. No obstante, su nombre fue invisibilizado en algunas fuentes, su liderazgo negado y su importancia relegada. Finalmente, hacia el s. VII, fue presentada como una prostituta arrepentida. Las causas de esta transformación de su memoria no son siempre evidentes, pero las fuentes brindan datos que ayudan a deducir muchas de ellas.

1. Su origen
Vivió en la primera mitad del siglo I. Se llamaba Miriam o Mariamme, un nombre bastante común en aquel momento. Su apelativo era de Magdala, una ciudad situada en la orilla oeste del Lago de Galilea, entre Tiberiades (sede de la corte del rey Herodes Antipas) y Capernaum, base de operaciones de Jesús de Nazaret. Magdala era más grande que Capernaum y más pequeña que Tiberiades. Contaba con una gran flota pesquera y una industria de la salazón.

2. Los rasgos de la tradición
La leyenda suscitada en torno a su figura no ha hecho más que ocultar la persona histórica. Prostituta arrepentida, llorona inconsolable por causa de su pecado, han sido los rasgos que han llegado hasta nosotros. Sin embargo, un examen de las fuentes más antiguas demuestra que no hay base para sostener esa imagen, mientras deja adivinar la función social de semejante distorsión.

3. Fuentes
Los textos antiguos que la mencionan son los evangelios (Mr, Mt, Lc, Jn), algunos escritos extracanónicos, sobvre todo los de Nag-Hammadi, y ciertos escritos disciplinarios eclesiásticos. Todos ellos entre el siglo I-IV d.C. De esa época es también el testimonio de Celso, un autor que polemiza con el cristianismo naciente.

4. Discípula
Ser discípula implicaba compartir con los discípulos varones, enseñanza, tarea y estigma, debido a las características del grupo. María Magdalena se convirtió así para las siguientes generaciones en testigo cualificada de la enseñanza y la actuación del Maestro.

5. Testigo
Éste es otro de los rasgos de su presentación (Mr 15.40-47; Mt 27.55-61; Lc 23.49-56; Jn 19.25). Ella aparece como testigo cualificada no sólo de la vida y enseñanzas de Jesús sino también de sus últimas horas, de su muerte y del destino de su cuerpo.
En los relatos de la pasión, una vez muerto Jesús, y subrayando que no había allí ningún discípulo, los textos cuentan cómo las mujeres se fijaban qué pasaba con el cuerpo de Jesús y dónde era puesto. Todos, excepto Juan quien, debido a su plan literario-teológico, no menciona a las mujeres y sí a dos varones que actúan como los amigos del novio.
De nuevo, María Magdalena es presentada como testigo cualificada ante la comunidad posterior, en una cultura donde las mujeres no podían serlo.

6. Receptora de la aparición del resucitado (Apóstol)
El resucitado se le aparece y la envía a dar la noticia de que la muerte no ha podido con él y ha pasado al ámbito de Dios (Mt 28.9-10; Jn 20.14-18; Mr 16.9).
La recepción de una aparición del resucitado es importante porque está muy relacionada con la autoridad, como se hace evidente en otros escritos neo-testamentarios y en los apócrifos.
Es tan importante este motivo que ya en los propios textos evangélicos se observa una tendencia a desdibujar u oscurecer este rasgo y a introducir la figura de Pedro, como elemento de autoridad ante la comunidad.
En Lucas, escrito posteriormente, no hay aparición del resucitado a las mujeres, pero sí un viaje de Pedro al sepulcro para comprobar lo que habían dicho éstas (Lc 24.12), y es la de él, la primera aparición que narrativamente se reconoce y se proclama (Lc 24.33-35). Esta cierta rivalidad entre las figuras de Pedro y de ella se encuentra desarrollada en los escritos extracanónicos.
En los relatos de la aparición del Resucitado, éste envía a María Magdalena con una misión: “Vete y di…” (Mt 28.10; Jn 20.18). Y es que la aparición del Resucitado se considera el origen de la autoridad que tiene el apóstol en su misión de enviado a otras comunidades. Así justifica Pablo el origen de su misión y autoridad (Gál 1.15-16).

7. Relevancia en la comunidad
En el caso de las listas de mujeres que aparecen en los evangelios (Mr 15.40, 47; 16.1; Mt 27.55, 62; 28.1; Lc 8.1-3; 28.10), María Magdalena es citada siempre en primer lugar, excepto en Jn 19.25 donde aparece en último lugar por razones literarias. Este dato indica, con toda probabilidad, su importancia en las comunidades y su preeminencia entre el grupo de mujeres discípulas y testigas de primera hora.
Ella sería un símbolo de la comunidad, como se aprecia claramente en Jn 20.1, 2, 11, 18. Es un rasgo central.

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