sábado, 4 de febrero de 2012

Letra 257, 5 de febrero de 2012


ORDENA LA CORTE LIBERAR A SIETE ACUSADOS DE MATANZA EN ACTEAL

Isaín Mandujano

Proceso, 1 de febrero de 2012

La Suprema Corte de de Justicia de la Nación (SCJN) ordenó hoy liberar inmediatamente a siete indígenas tzotziles implicados en la masacre de 45 personas ocurrida en diciembre de 1997.

Los indígenas beneficiados con la determinación de la SCJN llevan 14 años encarcelados, de los 35 a los que fueron condenados.

Al resolver dos recursos extraordinarios de reconocimiento de inocencia, la SCJN consideró inválidas las pruebas que se presentaron para sentenciar a 35 años a los indígenas Lorenzo Gómez Jiménez, José Ruiz Tzucut, Juan Pérez Hernández, Bartolo Luna Pérez, Agustín Pérez Gómez, Mariano Pérez Jiménez y Juan Sántiz Vázquez.

Los ministros de la SCJN determinaron que las pruebas presentadas ante el juez federal de la causa por la Procuraduría General de la República (PGR) –como la parte acusadora– se encuentran viciadas de origen, por lo que no existen elementos para que éstos sigan en una prisión a esperar los otros 21 años que faltan para que cumplan su condena.

Por todas las vías posibles, a través de sus abogados defensores, los siete indígenas demostraron que ellos no dispararon en contra de los 45 indígenas masacrados ni estuvieron en el lugar de los hechos.

En el 2009, la SCJN resolvió los amparos en favor de 51 indígenas tzotziles que fueron acusados de perpetrar la masacre del 22 de diciembre de 1997 en el que perdieron la vida 45 hombres, mujeres y niños, así como cuatro más que estaban en el vientre de su madre. Tras esa resolución, 29 de los cuales fueron liberados en ese momento, mientras que en el caso de los otros 22, se ordenó dictar nueva sentencia.

A diferencia de los casos del 2009, hoy la SCJN resolvió: “En el caso se actualiza el reconocimiento de inocencia toda vez que después de la sentencia aparecieron documentos públicos que invalidan las pruebas en que se fundó aquella y, en segundo lugar, porque el estudio principal llevó a la conclusión de que al tomarse en cuenta probanzas ilícitas para condenarlos, se violaron sus derechos constitucionales al debido proceso, razón suficiente para declarar su inmediata libertad”..

Los abogados de los siete indígenas iniciaron el trámite de reconocimiento de inocencia a principios del 2010 pero fue hasta mayo del 2011 que la SCJN retomó de nuevo el caso por insistencia de los defensores.

Los siete indígenas liberados hoy fueron detenidos originalmente en los primeros días de enero de 1997 junto con otras 16 personas, entre ellas el alcalde Jacinto Arias Cruz, cuando acudieron a la capital del estado para comparecer ante la PGR que los había citado.

En aquella ocasión, el alcalde y las 22 personas más quedaron en calidad de detenidos, se les inició el proceso 224/97 por los delitos de homicidio calificado, lesiones calificadas y portación de arma de fuego sin licencia y de uso exclusivo de las fuerzas armadas.

Posteriormente, fueron capturados 88 indígenas como presuntos responsables de la masacre, tres exoficiales de Seguridad Pública, nueves policías estatales, un exagente del Ministerio Público y un exmilitar. La mayoría ya están libres.

El pasado 22 de enero, Las Abejas de Acteal, grupo al que pertenecían los masacrados, dijo que para ellos no había duda de que este crimen fue planeado desde los tres niveles de gobierno, municipal, estatal y federal, así como desde el poder civil y militar para acabar con las organizaciones que defienden sus derechos: “A las organizaciones independientes el gobierno les ofreció muerte y desplazamiento”, acusaron entonces.

“Sobre los autores materiales: Nosotros somos testigos de que la masacre de Acteal fue perpetrada por la mano de los paramilitares priistas y cardenistas que participaron como autores materiales”, señalaron. Finalmente, reclamaron que la complicidad de la PGR y la SCJN ha permitido que todos los implicados estén ahora burlándose de la justicia en México.

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¿QUÉ ES UNA ORACIÓN DE INTERCESIÓN?

Pablo Sosa

F

altan quince minutos para empezar el culto. Estoy terminando de acomodar algo en el púlpito cuando veo que por el pasillo central entra precipitadamente una mujer con cara de angustia.

—¿En esta iglesia oran por la gente?

—Sí, le digo.

—¿Podrían orar por mi hijo, que ayer se cayó de un andamio y está grave en el hospital?

—Sí, claro… ¿cómo se llama? Vamos a orar por él en el culto.

Y así nace una oración de intercesión. Es decir, una oración para interceder, pedir, por alguien, o algo. Diferente a las oraciones que hacemos pensando en nosotros mismos, en las que pedimos, agradecemos, contamos, suplicamos… pero siempre dentro del marco de nuestras propias necesidades.

Los cristianos evangélicos, o protestantes, siempre hemos hecho hincapié en dos principios básicos de nuestra práctica de la oración. El primero, el derecho de toda persona a hablarle a Dios libremente, por sí misma, sin necesidad de intermediarios, utilizando sus propias palabras, en forma privada o pública. Y nuestras congregaciones han sido escuelas en las que hemos aprendido desde chicos a “dirigirnos a Dios en oración”, junto a hombres y mujeres que de manera natural y espontánea lo hicieron y lo siguen haciendo, no importa su condición social, educación, edad, género, etcétera. Los fundamentos y los ejemplos bíblicos de esta práctica son innumerables, desde los salmos que nos enseñan a “clamar al Señor” (p. ej., Salmo 3:4) hasta las cartas de Pablo que nos aconsejan “orar sin cesar”. (I Tesalonicenses 5:17)

El segundo principio es complementario de éste. Tiene que ver con la responsabilidad de todo hombre y mujer cristiano de orar por el otro, por el prójimo. Se basa en lo que los reformadores protestantes denominan el “sacerdocio universal de los creyentes” (I Pedro 2:9-10), es decir, el deber —y privilegio— de todo cristiano de estar delante de Dios en oración, como un sacerdote, para presentar la necesidad de su prójimo: interceder. (“Pasar entre”, sería el significado original de la palabra “intercesión”. No confundir con “intersección”: el punto en que dos líneas se cortan). Las bases bíblicas, además del obvio mandamiento de “amar al prójimo como a nosotros mismos” (con el agregado más duro de “amar a nuestros enemigos”) las encontramos en pasajes como el de Santiago 5:14: “¿Está alguno enfermo entre ustedes?... Oren por él. …”, o Romanos 15:30: “Les ruego, hermanos… que me ayuden orando por mí a Dios”, y muchos más.

Eso sí, por experiencia sabemos con qué facilidad se confunden los límites de la acción intercesora y se desvirtúa totalmente su propósito original. Sucede cuando alguien con la intención de ayudar al prójimo necesitado, conociendo su evidente debilidad, termina dominándolo con fines que aunque parezcan estar consustanciados con la libertad del Evangelio, nunca están muy lejos de la propia satisfacción, así sea el mínimo sentimiento de sentirse poderosos. Nos produce vergüenza ajena verlo diariamente en forma exacerbada en los medios de comunicación y de hecho nos preocupa también sentirlo a veces rozar peligrosamente cerca nuestras propias oraciones. Es el riesgo cierto que corremos de sentirnos los dueños del poder de Dios, y pretender ordenarle que actúe a favor de nuestras intenciones.

En las liturgias más tradicionales, por otra parte, se concede un lugar especial a las oraciones de intercesión. Se las ubica luego de la proclamación del Evangelio y antes de la Cena del Señor, como “oraciones del pueblo de Dios”, o “de los fieles”. Habiendo disfrutado de los diversos elementos que hacen a su propia comunión con Dios (lecturas bíblicas, oración, mensaje), los fieles quitan la mirada de sus propias necesidades (se “des-centran”) y la ponen en el prójimo, a quien encontrarán fuera del santuario, en la vida de todos los días. Muchas de nuestras congregaciones evangélicas también han redescubierto el sentido y el valor de esta práctica, y en sus cultos invitan en un de terminado momento a los presentes a expresar de viva voz sus motivos de intercesión para luego reunirlos en una oración a cargo del pastor, la pastora u otra persona designada.

Esas oraciones nos recuerdan entonces que la fe cristiana involucra un ámbito mucho más amplio que el de nuestra experiencia personal, y nos llevan a tener en cuenta como comunidad las múltiples necesidades de la sociedad, desde las más altas autoridades civiles hasta los ciudadanos más vulnerables. (I Timoteo 2:1-2). Es la oración que se hace, como diría Monseñor Angelelli, “con un oído en el evangelio y otro en el pueblo”. Es la oración cristiana por excelencia, a la manera de Jesús, quien no solamente oró sino que vivió (y murió) siempre y absolutamente en función del bien de su prójimo.

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"NO SE RASGUEN LAS VESTIDURAS", DICE SACERDOTE A EVANGÉLICOS

Eirinet Gómez, Diario de Xalapa, 3/II

La Arquidiócesis de Xalapa salió en defensa de los cambios realizados al artículo 24 por la Cámara de diputados federal, por considerar que contiene disposiciones vanguardistas que permiten fomentan la tolerancia y el respeto al derecho humano de tener una fe y una creencia.

El vocero de la arquidiócesis de Xalapa, José Juan Sánchez Jácome, negó que la reforma al artículo 24 se trate de un movimiento político de la Iglesia Católica para tratar de tomar un control homogéneo dentro de las estructuras de gobierno y las escuelas del país.

"Creo que es una cosa que nos beneficia a todos y no solamente a la Iglesia Católica. La libertad de credos y el poder manifestarse libremente donde sea que estemos, es algo que nos favorece a todos las religiones, no sólo a los católicos", subrayó.

Respecto a los movimientos, foros y marchas ciudadanas, donde otras religiones han mostrado su inconformidad, dijo que esto se debe a una desinformación y malas interpretaciones entre los líderes eclesiásticos de otras religiones.

Consideró que esas diferencias se arreglarán cuando los legisladores federales cumplan su tarea de informar de manera eficaz y contundente en qué consisten los cambios hechos al artículo 24 constitucional.

Pidió a todas las iglesias de México que guarden la compostura, pues son las instituciones eclesiásticas las cuales en estos tiempos difíciles deben dar testimonio de compostura y diálogo.

"No hay por qué rasgarse las vestiduras, es una reacción desproporcionada y preocupante de algunos grupos como producto de fantasmas del pasado y personas que los han mal informado", dijo el vocero en franca alusión a la marcha donde participaron cientos de evangélicos el pasado miércoles.

En relación con lo anterior calificó de "ridículas" las especulaciones sobre las intenciones de la Iglesia por controlar las escuelas, pues en este momento ni siquiera tienen personal suficiente para atender sus propias parroquias.

Sánchez Jácome dijo que la Iglesia Católica desearía tener suficientes vocaciones para atender las parroquias a su cargo, como para estar pensando en meterlos a las universidades a dar clases.

Recordó que cuando ellos hacen uso de los espacios públicos siempre solicitan el permiso correspondiente a la autoridades gubernamentales y únicamente lo realizan en el periodo de Semana Santa por motivo de las procesiones.

Reiteró que el único ánimo de los diputados federales para modificar el artículo 24 es modernizar a las instituciones del Estado Mexicano, tal como sucede en los países europeos, donde hay libertad para profesar la fe.

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