viernes, 1 de septiembre de 2017

"Permanezcan firmes en la fe... Sean fuertes y valientes", L. Cervantes-O.


3 de septiembre, 2017

Manténganse siempre en estado de alerta, pero confiando en Cristo. Sean fuertes y valientes, y todo lo que hagan, háganlo con amor.
I Corintios 16.13-14, TLA

Fuerza y valentía en la historia del pueblo de Dios
La exhortación a ser “fuertes y valientes” es algo constante en buena parte del Deuteronomio y del libro de Josué, pues formó parte de las exhortaciones a asumir la tarea correspondiente en la conquista y ocupación de la tierra prometida. En Deuteronomio aparece tres veces en el cap. 31, adonde se llama al pueblo (v- 6), a Moisés (v. 7) y a Josué (v. 23) a asumir esa actitud ante el cambio de época y de circunstancias que estaban por vivir, al acercarse a ese territorio. En Josué 1 se utiliza cuatro veces (vv. 6, 7, 9 y 18) para consolidar la mentalidad del nuevo líder del pueblo ya enfrascado en la conquista de la tierra ocupada. En Jueces (3.29-30; 6.12), I Samuel (14.46-47) y I Crónicas (22.13; 28.20-21) vuelve a usarse la frase en contextos de conflicto y enfrentamiento y, por último, en los salmos (24.8) y en el profeta Jeremías (46.21).

El pueblo de Dios, atenazado por la presencia de otras naciones hostiles, debía enfrentar las circunstancias con una actitud beligerante y siempre dispuesta a la lucha encarnizada. La época determinó que el lenguaje utilizado fuera de guerra y confrontación constante. Hoy esa tendencia ha cedido su lugar al reconocimiento de las fortalezas y debilidades propias de las personas y de las comunidades. El lenguaje belicista, incluso en el terreno espiritual debe ceder su lugar a formas de pacifismo que no excluyan la necesidad de adquirir y desarrollar una firmeza y determinación propias de seres humanos que admiten la necesidad de potenciar sus capacidades, pero nunca en detrimento de los demás. Al momento de trasponer los diversos umbrales históricos que le correspondieron, el pueblo debió procesar esta mentalidad y canalizarla hacia formas de espiritualidad que le permitieran alcanzar una sana madurez ante cualquier circunstancia.

El agregado del amor en el camino de la fe
El apóstol Pablo no duda en usar ese mismo lenguaje para exhortar a los creyentes corintios para enfrentar todo lo que tengan por delante en un contexto de búsqueda permanente de apoyo para las comunidades palestinas necesitadas. Al comienzo del último capítulo de la primera carta, ése es el motivo de todo cuanto ha expresado en las importantes secciones anteriores. De hecho, la exhortación a la perseverancia está ligada directamente con lo tratado en el extenso capítulo 15, dedicado íntegramente a la resurrección: “Los cuatro imperativos [“vigilad, estad firmes en la fe, actuad varonilmente, sed fuertes”] persiguen una misma finalidad: que los cristianos de Corinto, en medio de los serios problemas que existen en su congregación, se mantengan vigilantes y fuertes, al mismo tiempo que procuren actuar con amor en todo. La exigencia de ‘velar’ puede entenderse en relación con los eventos escatológicos ya anunciados y esperados momentáneamente (15.51-52)”.[1] La expresión griega es bastante sexista para nuestro tiempo (“varonilmente”), pero debe entenderse como la traducen casi todas las versiones actuales en su aplicación para todos/as.

La correspondencia con esta comunidad se caracteriza por la forma tan directa en que el apóstol se dirige a ella para hacerle ver su realidad. Al despedirse, les pide que consideren esa actitud de firmeza, pero que también actúen con amor. De esa manera conseguirán complementar adecuadamente su conciencia cristiana con una disposición de ánimo que les permitirá enfrentar todo lo que surja en el camino de la nueva fe que habían recibido. La mención de varios nombres habla de la relación tan dinámica que había entre ellos. Se trata, en última instancia, de mantenerse alertas “ante las aberraciones que amenazan su calidad de pueblo del Señor”, en términos de integridad doctrinal y calidad de vida ética.



[1] Irene Foulkes, Problemas pastorales en Corinto. Comentario exegético-pastoral a 1 Corintios. San José, DEI, 1996, p. 425.

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