sábado, 25 de noviembre de 2017

La vida de Dios es una vida abundante, L. Cervantes-O.


26 de noviembre de 2017

Yo soy el principio y el fin, el primero y el último. A los que dejen de hacer lo malo, Dios los bendecirá, pues les dará el derecho a comer de los frutos del árbol que da vida eterna. Apocalipsis 22.13-14, TLA

La vida de Dios en el mundo
¿Qué queremos decir cuando hablamos de “la vida de Dios en el mundo”? Que Dios, desde su absoluta eternidad, hacia la cual nos atrae y desde la cual nos ha hecho venir al mundo y a la historia, comparte su vida como creador que es de la misma y nos convida a experimentarla plenamente. Cada etapa de avance en la historia de la salvación, esa vida se va mostrando progresivamente como el gran proyecto divino para toda su creación. En la visión de Apocalipsis somos testigos de la forma en que la revelación divina despliega las posibilidades vitales para todas sus criaturas. Paso a paso lleva a los lectores por senderos complejos donde la historia y el futuro se entrelazan para hacer ver el destino venturoso de los creyentes en Jesucristo, a pesar de las adversidades que vivían al momento de la escritura del libro. “Con el inicio del capítulo 22, se pasa ahora del registro simbólico de la ciudad al del paraíso. Es la búsqueda de los orígenes perdidos, la nostalgia de la paz divina con toda la creación renovada” (Biblia de Nuestro Pueblo).

La descripción del Apocalipsis no resulta extravagante ni se desborda en fantasías; “mantiene una intensidad retenida, de continuas remembranzas bíblicas”, especialmente en relación con los inicios de la creación en el Génesis y las afirmaciones del Cuarto Evangelio, íntimamente ligadas. La nueva Jerusalén extiende su contagio a la humanidad y a la naturaleza. Los “ríos de agua viva” son mostrados desde su origen en el trono de Dios, dador de la vida (vv. 1-2). “El Apocalipsis crea las expresiones ‘agua de vida’ y ‘árbol de vida’. Insiste en la fecundidad sin mengua de esta vida y en su alcance universal”. Las enfermedades que dañan a la humanidad serán superadas definitivamente y la absoluta calidad de vida aparece ya no como un sueño o una posibilidad remota sino como algo que proviene directamente de Dios. La imagen fluvial se inspira en aquel río que regaba el primer jardín (Gn 2.10) y, sobre todo, en la visión de Ezequiel, quien vio manar del templo agua que se convertía en río creciente, y cuyas aguas dan vida (Ez 47.1-12). Es la utopía perfecta, el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte. Además, ya nadie podrá desagradar a Dios y la presencia de Dios será completa, diáfana y transparente (vv. 3-5).

La vida divina, abundancia de vida para todos
La luz directa de Dios alumbrará a todos y quienes tengan el nombre de Dios escrito en la frente accederán a la plenitud de la vida. Estamos ante “la comunión perfecta, sin sombras de pecado, anudada entre Dios y la humanidad: la armonía cósmica. La historia de la salvación llega a su plena culminación feliz. Se muestra la presencia de Dios-Trinidad, dador de vida” (Ídem). Eso es lo que ha mostrado el libro, de principio a fin (1.4-6; 22.1-3). “Ahora Dios y el Cordero son los ocupantes simultáneos del mismo trono”. Con esta atrevida expresión se indica la comunión perfecta en el Padre y el Hijo; ambos comparten la divinidad y son fuente de vida para toda la creación. El Espíritu es contemplado en ese río impetuoso que brota del trono; sólo Él es quien hace posible la fecundidad para toda la Iglesia.


La vida que viene de Dios es plena, total e impecable. El vidente debe creer todo lo que está viendo y anunciarlo sin dilación (7-10), como debe hacerlo hoy la iglesia. Si el mal sigue presente, hay que lidiar con él de la mejor manera y mantenerse firmes en la fe de Jesucristo, pero con una actitud sabia, crítica y atenta, de entrega total (11). Debe haber mucha atención hacia lo que sucede en la historia y hacia quien es el origen y destino de ella (12-13). La ética transformadora de sus seguidores producirá beneficios inevitables y visibles (14a), pues el Señor los guía. El juicio definitivo mostrará las cosas como realmente son y separará a los justos de quienes promueven la muerte (15), pues ése es el criterio absoluto para aplicar la justicia de Dios en todo lo sucedido.

No hay comentarios:

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...