sábado, 27 de diciembre de 2014

Navidad, kairós y conflictividad del mundo, L. Cervantes-O.

28 de diciembre, 2014

Pero, al llegar el momento cumbre [pléroma] de la historia, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo el régimen de la ley, para liberarnos del yugo de la ley y alcanzarnos la condición de hijos adoptivos de Dios.
Gálatas 4.4-5, La Palabra (Hispanoamérica)

Mientras los evangelistas Mateo y Lucas complementaron sus relatos del nacimiento de Jesús con el recuerdo de las promesas proféticas sobre el Mesías venidero, las genealogías y personajes atípicos, sus colegas, Marcos y Juan, fueron directamente al relato de las acciones de Jesús de Nazaret y lo presentan como un profeta mesiánico que ofrece su mensaje . Pablo de Tarso, por su parte, sólo hace algunas alusiones al nacimiento humano de su Señor con un énfasis muy diferente al de los evangelistas. Entre ellas podemos mencionar las siguientes: “Así que en adelante a nadie valoramos con criterios humanos. Y si en algún tiempo valoramos a Cristo con esos criterios, ahora ya no” (II Corintios 5.16), en donde se refiere a la insistencia de los primeros apóstoles en la cercanía física que tuvieron con él. La segunda es de carácter más reflexivo: en cuanto a la encarnación del Hijo de Dios en el mundo: “Ya conocen cuál fue la generosidad de nuestro Señor Jesucristo: siendo rico como era, se hizo pobre por ustedes para enriquecerlos con su pobreza” (II Corintios 8.9). De modo que se puede afirmar que al apóstol de los gentiles no le interesó mucho profundizar en las llamadas “historias navideñas” pues él, más bien, quiso profundizar en la esencia misma de los sucesos.
Aquí nos ocuparemos de las palabras paulinas de Gálatas 4.4, que manifiestan la manera en que el apóstol comprendió los acontecimientos que hoy denominamos “navideños”, es decir, los entretelones de la aparición del Hijo de Dios en el mundo. Y lo hace en el contexto de su discusión sobre los derechos de los hijos biológicos y adoptivos: para acabar con la tutela de la ley que hacía de los hijos mismos algo similar a los esclavos, Dios ha enviado a su Hijo y, por lo tanto, “Dios es padre-abbá de todos, somos todos hermanos/as”.[1] Lo que destaca en el contraste planteado por la afirmación paulina es “el cumplimiento del tiempo”, “la plenitud de la historia”, un concepto que san Pablo compartió con muchos de sus contemporáneos: “La “plenitud de los tiempos” es una expresión de origen apocalíptico, que encontramos en Mr 1.1: “Se ha cumplido el plazo (se ha llenado el tiempo) y ya llega el reinado de Dios. Enmendaos y creed la buena noticia”. Así, pues, no se trata de un progreso de la civilización que permita la venida del Salvador, [pues] sólo Dios decidió el tiempo de la encarnación y sólo él decidirá la hora de la parusía (Mr 13.32; 1 Tes 5.1-2)”.[2]
San Pablo ubica entonces a la “Navidad” como el “momento cumbre de la historia”, hacia el cual se dirigió siempre y a partir del cual deberá reinterpretarse todo lo que acontecería en el futuro posterior. Ésa será la pauta que permitirá apreciar todas las acciones divinas realizadas en la antigüedad y lo que sucederá después de la presencia de Jesucristo en el mundo. “El movimiento del pensamiento de Pablo consiste en poner la venida del Hijo en relación con el mundo que ha de salvar”. Por ello, expone dicha venida en el contexto conflictivo representado por la encarnación biológica misma (“nacido de mujer”) y por el sometimiento a la ley. El movimiento del texto es muy explícito al respecto: a) acción divina: envío del Hijo; b) modalidad: nacido de una mujer; c) modalidad: sometido a la ley; d) finalidad: liberar de la ley; y e) finalidad: conferir la adopción filial. “Se da un paralelismo entre las dos modalidades y las dos finalidades La expresión ‘nacido de una mujer’ subraya sin duda el realismo de la encarnación pero sobre todo la fragilidad humana (Job 14.1; 14.14; 25 4). […] Sometido a la ley, Cristo no se distingue en nada de los hombres (compárese con Fil 2.7) que están encerrados en la ley (3.23), sufrirá su maldición (3.13) aunque no tenga pecado (Ro 8.3; II Co 5.21). […]“El paralelismo entre ‘nacido de una mujer y ‘nacido bajo la ley’ manifiesta que Pablo piensa ante todo en la precariedad de la existencia que Cristo asume para salvarnos (como en Fil 2 7 se despojó, tomó la condición de esclavo y se hizo como los demás hombres)”.[3]
He ahí varias de las conflictividades humanas planteadas por la encarnación divina en el mundo: tiene que lidiar con todas las limitaciones y condicionamientos humanos obligatorios (deseos, responsabilidades, incomprensión, contradicciones, etcétera) y con los impuestos por la obediencia de la Ley antigua (tradiciones, prohibiciones, alimentación, rituales…), todo ello a contracorriente de la libertad que el Hijo de Dios traía para ser experimentada por la humanidad: “Si el Hijo los liberta, serán verdaderamente libres”, había dicho el apóstol Juan (8.36). Y ése es precisamente uno de los grandes temas de la carta paulina, pero antes el propio Hijo de Dios debía atravesar y cumplir, “en la carne”, las obligaciones marcadas por la ley y por los criterios humanos que la interpretaban.
Esa conflictividad sigue rodeando cada celebración del nacimiento de Jesús, tal como lo narra Mateo al incluir la historia de la persecución, la huida a Egipto y la masacre de los niños inocentes, puesto que la irrupción de la luz en un mundo invadido por las sombras de la muerte y el pecado tiene que enfrentar, necesariamente, enorme oposición. Tal como lo ha resumido el historiador Jean Meyer en estos días:

De modo que el misterio de Navidad es doble; misterio de la luz y misterio de la oscuridad, del bien absoluto y del mal absoluto, esperanza de salvación en medio de la desesperanza. Entre los hijos de la luz y los hijos de las tinieblas no hay paz, no habrá paz hasta el fin del mundo. Edith Stein reflexiona que “esta es una dura y grave lección, en verdad, que el encanto delicioso del niño en el pesebre no debe velar a nuestra vista. Puesto que el misterio de la encarnación y el misterio del mal están estrechamente relacionados. Frente a esta luz que baja del cielo, la noche del pecado aparece más negra y más densa”.[4]





[1] Eduardo de la Serna, “Gálatas: la novedad de estar en Cristo”, en Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana, núm. 62, www.claiweb.org/ribla/ribla62/eduardo.html.
[2] Edouard Cothenet, La carta a los Gálatas. Estella, Verbo Divino, 1981 (Cuadernos bíblicos, 34), p. 45.
[3] Ibid., p. 46.
[4] J. Meyer, “Misterio de Navidad”, en El Universal, 21 de diciembre de 2014, http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2014/12/73928.php.

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