domingo, 29 de enero de 2017

Relaciones humanas en la iglesia (II): perspectiva social, Pbro. Raúl Méndez Yáñez

29 de enero de 2017

Introducción: “Por aquí no hay camino”
Científicos del grupo Bulletin of the Atomic Scientists’ Science and Security Board informaron sobre un cambio en el llamado Reloj del Día del Juicio Final o reloj del fin del mundo (Doomsday Clock), un indicador para alertar sobre las amenazas que se ciernen sobre el planeta, entre ellas el desarrollo de armas nucleares. El reloj en esta ocasión avanzó 30 segundos, para ubicarse a 2 minutos y medio de la “medianoche” o fin del mundo. El reloj es simbólico, los minutos no representan un periodo de tiempo específico, solo son un indicador sobre riesgos que advierten los científicos. Este reloj mide los siguientes riesgos:

·     Incremento en el mundo de armas nucleares.
·     Robos, desapariciones y otros incidentes sobre materiales nucleares.
·     Incremento en el almacenamiento de materiales nucleares.
·     Aumento del nivel del mar.
·     Aumento del dióxido de carbono en la atmósfera.
·     Incremento de la temperatura global.
·     Amenazas biológicas.
·     Terrorismo informático.

Se calcula que, cuando estas variables lleguen a un punto crítico, estaremos al borde de la hecatombe, del fin del mundo, o “medianoche” como le llaman. Los especialistas atribuyeron el cambio a lo que ha dicho Donald Trump, presidente de Estados Unidos, sobre el armamento nuclear estadounidense y el cambio climático. “Los comentarios perturbadores sobre el uso y la proliferación de armas nucleares hechos por Donald Trump, así como la incredulidad expresada respecto al abrumador consenso científico sobre el cambio climático, tanto por Trump como varios de sus designados para el gabinete afectaron la decisión, al igual que la aparición de un nacionalismo estridente en todo el mundo”, indicaron en un comunicado.
Asimismo, como señalaba la teóloga ecofeminista Rosemary Radfor Ruether, a inicios de siglo, se calculaba que, si para el año 2030 no se revertían los procesos de deterioro ambiental, calentamiento global y contaminación del agua, el daño al planeta sería irrevertible. La iglesia debe orientar, por tanto, sus relaciones internas, de comunidad y convivencia en el marco de este contexto de amenaza que, efectivamente, se levanta hoy en el mundo.
Para que la iglesia tenga adecuadas relaciones humanas, están deben estar orientadas por una responsabilidad social.
La responsabilidad social representa el conjunto de acciones que una entidad gubernamental, comercial o de la sociedad civil en favor del mundo. En México las empresas cuentan con la Norma CRESE si desean ser empresas socialmente responsables.
Es de destacar que la responsabilidad social no se origina con las empresas, sino, en realidad, con las iglesias, y en gran parte las iglesias protestantes. Desde la institución del diaconado en Ginebra, cuando Calvino era pastor, preocupada por el abastecimiento y calidad de vida, luego desde Ginebra emerge la Cruz Roja, pero también en nuestro país.
Las primeas sociedades protestantes en llegar a México, de hecho, no buscaban evangelizar en el sentido actual del término: pedirle a la gente que venga a la iglesia y acepte a Jesús en su corazón. Metodistas, bautistas, presbiterianos comenzaron a fundar instituciones educativas y de salud. Los boletines de nuestras iglesias a finales del siglo XIX y principios del XX se caracterizaban por contener información sobre correcta alimentación, cuidado del cuerpo, recomendaciones médicas. Hay que señalar también a los adventistas del séptimo día, quizá la asociación religiosa más preocupada por la alimentación. Por ejemplo, los cereales Kellogs, son una marca adventista. Los adventistas difundían en México mucha información sobre alimentos adecuados y riesgosos para la salud. Además del común frente que todas estas iglesias han presentado contra el alcoholismo y las drogadicciones.
No es que la iglesia tenga que aprender de las empresas cómo realizar la responsabilidad social, es que las empresas han aprendido de responsabilidad social gracias a las iglesias y fundaciones altruistas cristianas.
Lo que deseo destacar es que, a diferencia de las empresas, las iglesias no contamos con una norma CRESE, no tenemos una certificación estandarizada que nos reconozca como “Iglesias socialmente responsables”. Lo cual, de hecho, no estaría mal, pero aún si la tuviéramos, normas de esta índole solo marcan un comienzo, para el resto del trabajo no hay guía, solo una esperanza de consumación.
Esto es semejante a lo que Gustavo Gutiérrez comentaba de una visión de San Juan de la Cruz sobre “El monte de la perfección”. El pueblo va caminando hacia el Gólgota, subiendo la encrespada para cumplir el llamado de Cristo, no obstante, se llega a un punto en donde aparece el siguiente letrero:

Ya por aquí no hay camino porque para el justo no hay ley; él para sí se es ley (cf. 1 Tim. 1, 9 y Rom. 2, 14).
Esto significa que no contamos con una norma, ley, decreto específico sobre cómo llegar a buenas relaciones en la iglesia. En el Nuevo Testamento encontraremos algunas pautas de orientación. Mateo 18 nos indica diversos aspectos, pero todos ellos son solo el marco, la aplicación precisa es algo que no está indicado y que corre por nuestra cuenta bajo la guía del Espíritu Santo.   

1.      ¿Por qué ayudar al mundo?

a)    El mundo es la oveja perdida.
Cuando pensamos en la parábola de la oveja perdida, de inmediato nos asumimos nosotros como la oveja. Eso es parte de un vicio de lectura que tenemos donde tendemos a identificarnos con el protagonista. Y es que en la parábola el protagonista no es el pastor que sale en busca de la oveja, sino la oveja misma. El pastor es el Ayudante o quien pone fin a la trama (Deus ex Machina) al encontrar a la oveja, pero quien tiene la carga emotiva, quien se encuentra en peligro y vive la aventura es la oveja. Por eso, nos gusta sentirnos como esa oveja perdida que fue rescatada por el pastor. Y es una lectura posible. Pero no la única.
La oveja perdida representa a quien está fuera de la iglesia, y quien padece peligro y necesita rescate. No hay mejor ejemplo de esto que nuestro propio planeta. Nuestras 99 ovejas (Ayuno, Oración, Alabanza, Biblia, etc.), están a salvo, la procuramos, al menos, cada semana, pero la Oveja Perdida llamada Mundo, que nos urge a salir de nuestro confort y seguridad y hacerle frente a los más diversos riesgos, esa sí que está en peligro y demanda nuestra atención, pues como dice Gustavo Gutiérrez al respecto: “No es una cuestión de números y de mayorías, sino de necesidades y urgencias”.
¿Qué necesidades de la oveja Mundo (ecológica y socialmente) perdida debemos atender?

·      Promoción y cuidado del medio ambiente.
·      Solidaridad y apoyo a la comunidad.
·      Cuidado y desarrollo de las familias.
·      Humanización y trascendencia del trabajo.
·      Diversas iniciativas ciudadanas.

Esto no nos compromete como cristianos, estos temas nos comprometen como seres humanos. El simple hecho de habitar en este planeta debiera provocarnos a salir a buscar a esta Oveja perdida.

b)   Solidaridad con el mundo
Antes que Carlos Salinas de Gortari desarrollara el programa de desarrollo social SOLIDARIDAD, la teología latinoamericana ya había detectado que esa palabra era idónea para expresar nuestros esfuerzos en favor de los pobres, de la ecología y la sociedad. “Solidaridad que se presenta como una expresión precisa del amor cristiano; ella se arraiga además en las tradiciones culturales del pueblo indígena de este subcontinente”.
En Oaxaca, por ejemplo, esta solidaridad y compromiso se expresa en la ritualidad de la Guelaguetza, cuyo objetivo es dar dadivosamente alimentos y productos a los visitantes. En otras comunidades del país se le suele llamar tequio, que es un trabajo comunitario, realizado gratuitamente en beneficio de los demás. El tequio, también conocido como “mano vuelta”, es un trabajo rotativo. Una temporada le toca a una familia, al otro a otra, así todos vamos cooperando en beneficio de todos. El llamado talento de nuestras iglesias evangélicas, en realidad no es otra cosa que un tequio solidario.
Lo que debemos de lograr es esta mirada no-confesional de nuestro talento y solidaridad. Nada más lejano de nuestro llamado cristiano que pensar que solo debemos ayudar a otros cristianos, o bien, a otras personas con la condición de que, tarde o temprano se hagan cristianas. Nuestro tequio cristiano debe trascender las confesiones religiosas y prodigarse a todo el mundo. “El amor libre y gratuito de Dios, corazón de la revelación bíblica, es el fundamento y el sentido último de la comunidad de discípulos de Jesús, ésta debe ser expresión de ese amor en la historia”.

c)    Agentes de cambio social
No meramente instrumentos. Un instrumento es pasivo y meramente manipulable. Dios, por otro lado, trabaja en cooperación con nosotros, sin duda virtud el Espíritu Santo, pero implicando en nosotros un esfuerzo consciente. Por eso, más que instrumentos somos agentes con capacidad de acción.
Como agentes, no dependemos de Decálogos, Manuales, Reglas de Operación sobre nuestras relaciones humanas. ¿Cómo tratar bien al hermano? Sería, preocupante que hubiera códigos como:

·      Siempre saluda al hermano con la mano derecha, apretando ligeramente sus dedos y mirándolo a los ojos con una sonrisa.
·      Nunca abraces por más de 5 segundos a un hermano durante el momento de fraternidad.
·      Evita alborotar el cabello del presidente cuando lo conozcas.

Desde luego este tipo de Manuales sí existen, entre testigos de Jehová, o en algunas iglesias que además de la Biblia tienen versiones eclesiásticas del Manual de Carreño. Pero depender de este tipo de Manuales nos hace inoperantes y no nos permite utilizar nuestro criterio. Lo más preocupante, es que estos Manuales limitan nuestra libertad, gratuidad y amor, que deben ser los elementos guía de nuestras relaciones humanas. Atrevámonos a recorrer el camino por nosotros atendiendo al letrero: “Ya por aquí no hay camino porque para el justo no hay ley; él para sí se es ley (cf. 1 Tim. 1, 9 y Rom. 2, 14)”.

2.     ¿Para qué ayudar al mundo?

a)    No es proselitismo
Mateo 18 nos enseña que las relaciones humanas deben estar basadas en la gratuidad. Es decir, en no esperar una ganancia específica. Debe ser un acto de fraternidad y constante perdón. “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete” (Mateo 18:21-22). Es decir, deja de cuantificarlo, de ponerle un número. Las relaciones humanas son una entrega libre y gratuita. Y además de eso, una entrega genuina. Seguramente se han topado en hoteles, o al paso en algunos centros comerciales a personas muy sonrientes y amables, bien vestidas y de buen lenguaje. Les invitan una bebida, les dan un obsequio, pero su objetivo último es vender, hacerles que firmen un contrato. Es muy triste cómo gran parte de cristianos se comportan como vendedores de tiempos compartidos.
Si amamos a alguien es porqué de verdad lo amamos, no porque si lo amamos vaya a venir a la iglesia. Si ayudamos a una persona, es porque de verdad queremos ayudarla, no porque después de los 5 kilos de tortillas que le demos vaya a aceptar a Jesús en su corazón.
Si hemos de ayudar, bendecir y apoyar, es porque así expresamos nuestra solidaridad con el mundo atendiendo al llamado de Dios y a los riesgos globales que penden sobre nosotros. Es porque queremos hacer un mundo mejor, no porque queramos llenar las iglesias.

b)   Altruismo kerigmático
Quiero proponerles un término para expresar esta solidaridad y gratuidad que debemos mostrar en nuestras relaciones humanas. Actuar por genuino a poyo y no por un beneficio posterior: Les propongo el término altruismo kerigmático. Altruismo refiere a las acciones de apoyo que se realizan sin fines de lucro ni ganancia. Se expresa en fundaciones, ONG, muchas empresas tienen una rama altruista, financian proyectos comunitarios, grupos deportivos, ayudan al medio ambiente.
Por otra parte, kerygma, es el término griego que se usa en el Nuevo Testamento para hablar de la proclamación del Evangelio. Pero desafortunadamente, la acción kerigmática ha devenido en ganancia capitalista. Cuando en 2006 se anunció la campaña evangelística “Mi Esperanza” liderada por Franklin Graham, hijo del evangelista Billy Graham y actual Falso Profeta que solapa con zalamerías y falsas exégesis las decisiones racistas del gobierno de Donald Trump, se decía que “la cosecha” de pasar la aburrida película en la televisión y las células de casa, así como los Call Center implementados, iba a ser de 5 millones de convertidos. Desde luego la meta nunca se cumplió.
En contraposición, no prediquemos el evangelio para convertir personas. De hecho, el Catecismo de Heidelberg dice que no predicamos para que las personas se conviertan, sino sencillamente para dar testimonio del Evangelio y que los elegidos reconozcan en ella la voz de su pastor, mientras que los réprobos tendrán un conocimiento que no podrán negar en el día del Juicio. El objetivo de la predicación nunca ha sido la conversión, sino el testimonio. La conversión es un tema solo de Dios y del Espíritu Santo que convence de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8).
Por lo tanto, les invito a que nuestra labor kerigmática o de predicación y testimonio deje las cuentas alegres de cuántos conversos representará, o en cuánto tiempo llenaremos la iglesia. Prediquemos el evangelio sencillamente porque es nuestra comisión y porque el mundo necesita del mensaje de transformación, no porque con eso vayamos a tener mayor “cosecha de almas” o más miembros. Prediquemos gratuitamente con solidaridad. No se me ocurre mejor término para describir esto que altruismo kerigmático.

c)    Comunidad que piensa globalmente y actúa localmente
Bien sé que, ante las ofensas que ha lanzado Trump a nuestro país, muchos de ustedes ya han cancelado sus inversiones en Estados Unidos, y ya no irán de vacaciones a Disneylandia, en su lugar irán aquí a Chapultepec, y se han resignado a ya no ir de compras a la Quinta Avenida de Nueva York y mejor irán al Tianguis de la San Felipe, pero esas no son las acciones que verdaderamente vayan a cambiar algo. Mientras que ante el nacionalismo fascista de Trump, muchos estadunidenses están yendo a comer a restaurantes mexicanos como protesta y solidaridad a nosotros, aquí queremos hacerle boicot a Starbucks y a Walmart porque odiamos a los gringos. Eso es tener una mirada no comunitaria, que confunde a las personas por sus etiquetas nacionales o laborales. Debemos dejar de hacernos boicot a nosotros mismos. Que si el culto lo dirige tal hermano, no voy a la iglesia, que si el pastor no me visitó en la semana no voy al culto de oración; que no me dieron la coordinación de la EBDV y ahora yo no apoyo en Navidad. Cuando boicoteamos nos encerramos en un egoísmo celoso que nos envenena y no ayuda a la iglesia, olvidamos la solidaridad y el apoyo, y nos negamos, incluso, de placeres y gustos que nos satisfacen. El boicot, en este sentido, es negar algo que deseo con tal de lastimar más al otro.
Boicotear a “empresas gringas” no es la solución en estos momentos (sin negar que haya ocasiones donde el boicot pueda ser efectivo), ahora debemos pensar en dinámicas de integración y apoyo. Ofrezco, por tanto, a este pueblo Indulgencia Plenaria y Certificada para poder comprar su café en Starbucks (si, por alguna extraña razón, les gustara su café, claro).

3.     ¿Cómo mejorar al mundo?

a)    Con pastorales y evangelización contextuales y realistas
La acción pastoral debe estar anclada en un entorno específico, por eso la teología de la liberación siempre ha insistido en Latinoamérica como campo de acción, no por mera identidad, sino también por un tema pragmático y realista de definición del contexto. Saber dónde y desde dónde estamos actuando es fundamental para poder hacer cosas reales y posibles. Por eso también hablar de “el pobre” no es un sesgo de la acción pastoral y de evangelización, ni un mero patetismo o chantaje emocional. Optar por el pobre, y actuar en su favor, es enmarcara y dar el contexto preciso a nuestra situación.
Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) que se encarga de medir la pobreza en México, existen arriba de 53 millones de pobres en México, 45.5% de la población. Pero eso no es todo, el resto se encuentra en alguna situación vulnerable sea esta económica, social, de vivienda o cultural. En términos simples, solo 1 de cada 5 mexicanos no está en pobreza ni vulnerabilidad. Es decir 4 de cada 5 mexicanos, si dejamos de trabajar hoy, no comemos mañana. La opción preferencial por los pobres sigue vigente, porque estos números se replican en las distintas partes de Latinoamérica, el perdón, la cancelación de la deuda, los caminos productivos para la redención o recuperación económica siguen siendo necesaria.

b)   Hermenéuticas comunitarias
Como segundo paso se necesita de ejercicios comunitarios de lecturas de la Biblia, donde no sea una voz pastoral vertical, sino una reflexión horizontal de la comunidad la que vaya generando pautas y orientaciones para la acción. Las hermenéuticas comunitarias son exégesis socialmente contextuales, donde el pueblo puede dialogar, discutir, llegar a acuerdos y mantener desacuerdos sobre distintos puntos relativos a las relaciones humanas, operación y administración de la iglesia, así como caminos para poder actuar en la sociedad.
En el mejor de los espíritus protestantes, es necesario que la Biblia salga del monopolio de los profesionales y líderes, y pastores para leerse dialógicamente entre todos. Esto no es fácil y causa temor, aún entre teólogos de cierta vanguardia. Por ejemplo, se ha hablado de que hoy vivimos un “caos hermenéutico” donde cada quien interpreta la Biblia a su antojo. Esto no es cierto. Cuando atendemos a tanta barbaridad interpretativa que circula en muchas iglesias, es falso que sea porque el pueblo la inventó, estas posturas irracionales como dejar el médico porque el pastor ya oró por ti, o los desvaríos de la teología de la prosperidad, no emergieron de un empoderamiento comunitario, sino por el posicionamiento de interpretaciones privadas y privatizantes de terminados líderes eclesiásticos que manipulan para que las personas repitan esas mentiras.
No le tengamos miedo a la hermenéutica comunitaria, a ensayar lecturas e interpretaciones contextuales, de acuerdo a nuestra realidad. Tengámosle reservas y vigilancia al poder, a que sean solo ciertas interpretaciones las que influyan sobre todos los demás.  Dice nuevamente Gustavo Gutiérrez: “La verdad es que el contacto cotidiano con la vivencia de algunos, la lectura de textos de muchos, así como el testimonio de otros, nos convence de la hondura de la experiencia espiritual que se vive al presente entre nosotros”.

Conclusión. La hospitalidad de la iglesia
En esta era de muros, la iglesia debe predicar la hospitalidad. Ya están saliendo muchas iglesias en Estados Unidos dentro de las ciudades santuario que se están pronunciando en favor de los migrantes y extranjeros, que están abriendo sus puertas a los perseguidos. Como la iglesia presbiteriana del Centro Histórico que abrió sus puertas a los estudiantes que perseguía el ejército durante el movimiento de 1968. Tristemente uno de los últimos posicionamientos claros que tuvo la iglesia presbiteriana sobre los problemas coyunturales del país. Y de eso, a ver muchos líderes presbiterianos marchando en pro del movimiento discriminador del Frente Nacional por la Familia. Evitemos que pasemos de ser una iglesia que busca solucionar problemas, a una iglesia que sea parte del problema.

La sombra del miedo se ha levantado sobre el mundo, veremos cuánto dura, pero mientras dura, la iglesia debe tener un posicionamiento claro en favor de la apertura, la solidaridad, y el amor. Es decir, promover una cultura de la hospitalidad, sin buscar conversos, sino con deseo de ayudar. “La espiritualidad –y las relaciones humanas que genera– es una aventura comunitaria. Paso de un pueblo que hace su propio camino en seguimiento de Jesucristo a través de la soledad (a través de los muros, añadimos) y amenazas del desierto (y la frontera). Esta experiencia espiritual es el pozo del que tenemos que beber. O tal vez hoy en América Latina nuestro cáliz, promesa de resurrección”.

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