sábado, 2 de junio de 2012

Actividades


OREMOS INTENSAMENTE POR NUESTROS HERMANOS/AS ENFERMOS Y NECESITADOS

***

CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 5 de junio, 19 hrs.
Pioneros/as del presbiterianismo en México (II) (Salmo 78.1-8)
Modera: D.I. Laura Cabrera B.

MELINDA RANKIN (1811-1888) (I)
M. Ángel González Quiroga y Timothy P. Bowman


Los escritos de Melinda Rankin revelan poco acerca de sus primeros años, pero se sabe que sus abuelos, James Rankin y Margaret Wetherspoon Rankin, emigraron de Escocia en 1776, estable-ciéndose primero en Thornton, Nueva Hampshire, pero mudándose más tarde a Littleton, donde participaron en asuntos civiles y religiosos. Su hijo, David, se casó con una mujer llamada Persis Daniel en 1808; tres años más tarde, el 21 de marzo de 1811, nació Melinda. Aunque no se sabe con certeza cuántos hijos procreó la pareja, parece que Melinda sólo tuvo una hermana, Harriet […]
Melinda Rankin recibió educación religiosa durante su juventud. Más tarde se dirigió al oeste para atender la necesidad de maestros protestantes, que se requerían urgentemente en la región fronteriza. Para 1840, y antes de cumplir los 30, Rankin se hallaba en Kentucky, donde permaneció dos años, estableciendo escuelas y reclutando maestros de Nueva Inglaterra para que trabajaran en ese estado. Sin embargo, su periplo al oeste, a diferencia de posteriores viajes a Texas y México, no era una misión eminentemente espiritual. Por razones perdidas a la posteridad, por esas fechas el padre de Rankin perdió todas sus pertenencias en Littleton, de modo que Melinda y su incierto número de hermanas se aventuraron hacia el oeste como maestras de escuela para rehacer los ingresos familiares. Aparentemente lo lograron. Compraron una granja para David Rankin, quien pasó ahí en paz el resto de su vida.
Melinda Rankin creció durante un periodo de la historia de los Estados Unidos marcado por el Segundo Gran Despertar, una serie de avivamientos religiosos que avanzaron por el país entre 1790 y 1830. Apasionados predi-cadores itinerantes ostensiblemente de sus costumbres contribuyeron a un renovado interés por el cristianismo. […]
De este modo, un ambiguo sentido de la igualdad fue el resultado del Segundo Gran Despertar, ya que los evangélicos llegaron a creer que toda la gente debía ser libre para escuchar y aceptar el mensaje de Cristo.
M. Rankin, Veinte años entre los mexicanos. Relato de una labor misionera.
2ª ed. Monterrey, Fondo Editorial Nuevo León, 2008, pp. 10-12.
________________________________

PRÓXIMAS ACTIVIDADES

7 – Mesa redonda sobre Fe y elecciones: Comunidad Teológica de México, 18 hrs.
10 – Taller de Acción Social: Modelos bíblicos de servicio

No hay comentarios:

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...