sábado, 23 de junio de 2012

Actividades


HOY POR LA TARDE SE LLEVARÁ A CABO EL TALLER DE ACCIÓN SOCIAL.

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CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 26 de junio, 19 hrs.
Pioneros/as del presbiterianismo en México (IV) (Salmo 78.20-26)
Modera: A.I. Germán Fernández

MELINDA RANKIN (1811-1888) (IV)
M. Ángel González Quiroga y Timothy P. Bowman

Tras establecerse en Brownsville, Rankin se puso de inmediato a trabajar. Compró una modesta casa de dos habitaciones, una de las cuales utilizaba como escuela para niñas mexico-americanas. Casi de inmediato, Rankin se enfrentó a su primer desafío con la Iglesia católica cuando un grupo de curas y monjas de Francia arribaron a Brownsville con suficientes recursos para establecer un convento y una escuela. Comenzaron a atraer a los jóvenes del pueblo, poniendo a Rankin, quien carecía de recursos, en una gran desventaja. A principios de 1853, antes de que cumpliera un año en Brownsville, decidió regresar al noreste y solicitar fondos para su propio seminario.
El viaje de vuelta al noreste se volvió una horrenda odisea que, en muchas formas, puso a prueba la fortaleza y tenacidad de Rankin. Este es el viaje durante el que la misionera sufrió esa terrible experiencia a medida que las olas bamboleaban su “endeble barca” como un corcho sobre las aguas durante varios días. Aunque se creyó “perdida en el mar”, la barca finalmente llegó a Nueva Orleáns, y Rankin continuó su viaje. Para marzo había llegado a Filadelfia, en busca de fondos para un seminario. Pasó el resto de ese año en el noreste y luego, a inicios de 1854, se encaminó hacia la frontera en un lento viaje que incluía la recolección de fondos. Se detuvo en distintas poblaciones a lo largo de los ríos Ohio y Mississippi, recorriendo con dificultad hasta 15 kilómetros diarios entre plantaciones para buscar donativos individuales. A lo largo de su jornada de 14 meses, se topó con tormentas, incomprensión, hostilidad y abiertos rechazos a su proyecto. Algunos le dijeron que los mexicanos necesitaban ser exterminados, no instruidos. Pero ella perseveró, encontrando aceptación entre otros y regresando a Brownsville con 2 mil 500 dólares, suficiente para construir su escuela.
El viaje para recolectar fondos revela mucho sobre el carácter de Rankin. Se enfrentó a juicios que hubiesen derrotado a gente de menor fortaleza. Parecía insensible a las penurias y temeraria ante el peligro. Pero no es difícil descubrir la fuente de su fuerza. […] De hecho, ella se consideraba un instrumento de Dios.

M. Rankin, Veinte años entre los mexicanos. Relato de una labor misionera. 2ª ed. Monterrey, Fondo Editorial Nuevo León, 2008, pp. 17-18.
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES
29 – Velada de oración, 19-22 hrs.

JULIO
1 – Santa Cena

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