La Palabra, Sociedades Bíblicas Unidas

7 Por eso, escuchen, pastores, la palabra del Señor. 8
Lo juro por mí mismo —oráculo del Señor Dios—: Ustedes han abandonado a
mi rebaño a merced del pillaje, hasta convertirlo, por falta de pasto, en presa
de todas las fieras del campo; no se han preocupado de mi rebaño y se han
apacentado a ustedes mismos, en lugar de apacentar a mi rebaño; 9 pues
escuchen ahora, pastores, la palabra del Señor. 10 Esto dice el
Señor Dios: Aquí estoy, enfrentado a los pastores. Voy a exigir que me devuelvan
mi rebaño, voy a poner fin a su oficio de pastores; ya no volverán a
apacentarse a sí mismos; arrancaré a mis ovejas de sus fauces para que ya no
les sirvan de alimento. 11
Esto dice el Señor Dios: Yo mismo buscaré a mi rebaño y velaré por él. […]
17 En cuanto a ustedes, ovejas mías, esto dice el
Señor Dios: Aquí estoy, dispuesto a juzgar entre ovejas y ovejas, entre
carneros y machos cabríos. 18 ¿Les parece poco el delicioso pasto en
el que pastan, que encima pisotean el resto de sus pastos? ¿Les parece poco el
caudal de agua en el que abrevan, que encima enturbian con sus pies el agua
restante? […] 20 Por eso, así dice el Señor Dios: Yo mismo juzgaré
entre ovejas gordas y ovejas flacas. 21 Puesto que han embestido con
el costado y el lomo, y han acorneado a todas las ovejas débiles hasta
dispersarlas y expulsarlas, 22 voy a poner a salvo a mi rebaño, para
que no vuelva a ser presa de nadie, y voy a juzgar entre ovejas y ovejas.
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