sábado, 25 de enero de 2014

Constantes en la fe y en la misión, L. Cervantes-O.

26 de enero, 2014

Tú, en cambio, has seguido de cerca mi enseñanza, mi estilo de vida y mis proyectos. Has imitado mi fe, mi mansedumbre, mi amor y mi paciencia (jupomoné).
II Timoteo 3.10, La Palabra (Hispanoamérica)

La segunda carta a Timoteo, perteneciente a esa zona de la iglesia cristiana deudora del esfuerzo de San Pablo por configurar su presencia en el mundo, muestra una fuerte insistencia en la fidelidad al legado doctrinal recibido. Para lograrlo, recomienda persistir en los énfasis doctrinales o teológicos paulinos, puesto que la transmisión de la responsabilidad ejercida por el apóstol era vista como la concentración del Evangelio mismo, a tal grado que esa labor se convirtió en un auténtico “paradigma pastoral”, a partir del cual podrían evaluarse las subsecuentes prácticas de la misma tarea. Se trataba de “releer a Pablo una generación después” y de resistir la influencia de esas nuevas ideas (haeresis) mediante una intensa enseñanza de la verdad, valiéndose tanto de las Escrituras (316-17) como de la propia tradición que Pablo había dejado (1.13-14).Néstor Míguez explica el contexto de la epístola situándola en su perspectiva social y eclesial:

2 Tim puede considerarse más “paulina”, en tono, tiempo y en sus líneas teológicas generales, que las otras pastorales. Es, en alguna medida, como un “testamento paulino” (4.6-8). Su autor ha reunido en un escrito algunas consideraciones y recuerdos de su relación con Pablo, ha recuperado los consejos de éste, y les ha dado forma epistolar. La carta tiene un tono que por momentos se vuelve íntimo y apela a la cotidianeidad, con abundantes referencias a personas y hechos que están en la memoria inmediata de los protagonistas. Con todo, comparte con las otras pastorales un tono más autoritario y una preocupación por el orden eclesial, que si bien presente en las cartas a las iglesias, aquí aparece más fuerte. La iglesia ya es un lugar de discusión doctrinal, y la tarea de enseñanza va adquiriendo un lugar cada vez más importante, lo que señala la presencia de nuevas generaciones, nacidas en familias donde ya hay conversos, de la cual el propio Timoteo podría ser un ejemplo (Hch 16.1).[1]

La carta abre con redoblado impulso en la exhortación a la fidelidad, subrayando los dones recibidos de Dios y formalizados por la naciente institución de la iglesia (1.6). Pablo, como maestro transmisor de la “auténtica enseñanza” (1.13) era la autoridad de referencia para cualquiera que deseara colaborar en el proyecto comunitario cristiano. En el cap. 2 la exhortación sigue siendo personalizada, aunque ahora la firmeza y la fidelidad son presentadas como exigencias concretas para responder ante los riesgos de incurrir en debates innecesarios que solamente confundan a los creyentes (2.23). En el cap. siguiente aparece un fuerte lenguaje para describir los peligros mayores, relacionados con la cercanía del fin de los tiempos: la presencia y actuación de falsos maestros, cuya enseñanza y moralidad son extremadamente perniciosas. La lista de anti-valores es larga y contundente, como queriendo abarcar todo el espectro moral y conductual: desde el egoísmo y la avaricia, hasta la dureza de corazón y la deslealtad, pasando por el desprecio por los padres y la traición, además de la piedad falsa (3.2-5). ¡En total son 19 acusaciones! Y todavía se agrega una cadena de observaciones sobre otro aspecto inmoral en su conducta (3.6-7), para finalmente afirmar que tales personas “son absolutamente incapaces de dar con la verdad” (7b), igual que los magos charlatanes que compitieron con Moisés en Egipto.

Tanta negatividad doctrinal y ética puede acechar al nuevo pastor que deberá afrontarla con una fidelidad y paciencia a toda prueba, aunque la exhortación concreta es a huir de esas personas (v. 5b) como una medida radical de precaución. El autor de la carta personaliza en sus siguientes palabras el modelo a seguir para permanecer constante en el seguimiento y la fidelidad de Jesucristo, reconociendo tres elementos con los que ha sido posible sostenerse: a) la enseñanza (doctrina); b) estilo de vida (conducta); y c) los proyectos (propósito, 10a). En un segundo momento acepta también que Timoteo ha imitado, se ha mimetizado, y ha mantenido la fe, la mansedumbre (macrothumía, la antigua “longanimidad”), el amor y la paciencia o perseverancia [jupomoné] (10b), otras cuatro virtudes del apóstol. Todo ello es la base propuesta para mantener la fidelidad y la constancia. A la misión conjunta, expresada por el acompañamiento físico, había que agregar una sólida comprensión e identificación ideológica y espiritual con el proyecto paulino (v. 11), pues el verbo utilizado aquí (parekoloúthesas, “”) refleja un “estudio minucioso”, detenido de las verdades proclamadas por el maestro que está delegando tamaña responsabilidad. Esta relación entre ambos hacía mucho tiempo que se había establecido y ahora se trataba de consolidar la empatía que existía entre ellos para beneficio de la tarea eclesiástica.

De modo que la exhortación a la constancia tiene un fuerte componente personal, pues las penurias por las que juntos habían pasado fortalecieron el compromiso de la persona más joven que es estimulada a seguir, ya sin la presencia física de su maestro, por un sendero de pruebas, como una garantía de que avanzaba por el rumbo correcto (vv. 11b-12). A eso mismo somos llamados hoy: a atender activamente las enseñanzas recibidas, a adaptarlas de manera creativa en nuestras circunstancias específicas y a divulgarlas de la mejor manera. Así demostraremos, fehacientemente, quiénes han sido nuestros maestros (v. 14b) y cumpliremos fielmente la tarea que nos ha sido encomendada.



[1] N. Míguez, “Se trata de fidelidad. Estudio de 2 Timoteo 2.9-15”, en RIBLA, www.claiweb.org/ribla/ribla50/se%20trata%20de%20fidelidad.html.

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