MENSAJE DE PENTECOSTÉS 2014
Pentecostés representado en un libro
del Evangelio armenio, 1455 d.C.
A nuestros numerosos amigos y familia
en Cristo:
Con ocasión de la festividad de
Pentecostés, les transmitimos nuestros deseos de amor y paz en el nombre de
Jesús. En esta festividad del calendario cristiano hay mucho que celebrar y
ver, a través de nuestra fe secular, en el Verbo vivo entre nosotros, y en la
inercia y el apremio de un mundo que encierra grandes amenazas y grandes
promesas en cada una de sus células. Estamos llamados, nuevamente, a participar
en la liturgia de la Creación.
En el
Evangelio que fue proclamado a toda la Creación entrevemos claramente la
esperanza y la promesa de Pentecostés: Dios renovará la faz de la tierra. Es
difícil imaginar otro momento en la historia en el que esta esperanza pudiera
adquirir la amplitud y el significado que la revisten hoy, y no nos referimos
solamente al saneamiento o la recuperación ambiental. Ninguna otra era ha
revelado tan nítidamente la estrecha conexión entre el gemido de la Creación y
el quebrantamiento de la vida y la comunidad humanas. La vida de la humanidad,
con sus riesgos y oportunidades, está ligada de manera evidente a la vida de la
Creación.
El
propósito de Dios, que se manifiesta de manera tan significativa en el don
milagroso de las lenguas de Pentecostés, como se describe en el segundo
capítulo de Hechos de los Apóstoles, es reunir todas las cosas del cielo y de la tierra en Cristo.
“Aquel que
separó a los que conspiraban en la torre mediante distintas lenguas, hoy reúne
las distintas lenguas de las naciones en el sagrado aposento alto” (himnario armenio, san Nersés Shnorhali, siglo XII).La
vitalidad de esta promesa contrasta drásticamente con la alienación de la vida
humana y la vida de la Creación en nuestros tiempos. La Creación de Dios, el
contexto necesario
que nos da Dios para nuestra santidad, nuestro desarrollo y nuestra
identidad, es hoy testigo del sufrimiento y el pecado que distorsiona y
destruye la vida humana, y mancilla la propia matriz de dicha vida.
Así pues, en Cristo, se nos revela
una realidad pentecostal de la Creación. San Máximo el Confesor describe
nuestro mundo como un arbusto ardiente impregnado con el fuego de las energías
de Dios, como nos recuerda Su Santidad el Patriarca Bartolomé. Esta
perspectiva, en este momento de Pentecostés, le confiere una profundidad nueva
al significado de la oración del tema de nuestra Asamblea de Busan en octubre y
noviembre del año pasado: “Dios de vida, condúcenos a la justicia y la
paz". Imploramos que la promesa y el espíritu de Pentecostés desciendan
sobre nosotros, para ser revelados en nosotros y hacernos uno. ¡Ven, Espíritu
Santo!
Amén.
Los presidentes del Consejo Mundial
de Iglesias son:
· Rev. Dra. Mary-Anne
Plaatjies van Huffel, Iglesia Reformada Unida en África Austral
(Sudáfrica)
· Rev. Prof. Dra. Sang Chang,
Iglesia Presbiteriana en la República de Corea
· Arzobispo Anders Wejryd,
Iglesia de Suecia
· Rev. Gloria Nohemy
Ulloa Alvarado, Iglesia Presbiteriana de Colombia
· Obispo Mark MacDonald,
Iglesia Anglicana del Canadá
· Rev. Dra. Mele'ana Puloka,
Iglesia Wesleyana Libre de Tonga
· S.B. Juan X,
Patriarca de la Iglesia Ortodoxa Griega de Antioquía y todo Oriente
· S.S. Karekin II,
Patriarca Supremo y Catholicos de todos los Armenios
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EL DIOS VIVO: SU HUMANIDAD
Karl Barth, Instantes
“Entonces se manifestó el amor de Dios a los hombres” (Tito 3.4)
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CÁNONES DE DORT (1619)
CAPITULO QUINTO: DE LA PERSEVERANCIA DE LOS SANTOS (III)
Habiendo declarado la doctrina ortodoxa, el Sínodo rechaza los errores
de aquellos:
I. Que enseñan: que la perseverancia de los verdaderos creyentes no es
fruto de la elección, o un don de Dios adquirido por la muerte de Cristo; si no
una condición del Nuevo Pacto, que el hombre, para su (como dicen ellos)
elección decisiva y justificación, debe cumplir por su libre voluntad.
Pues la Sagrada Escritura atestigua
que la perseverancia se sigue de la elección, y es dada a los elegidos en
virtud de la muerte, resurrección e intercesión de Cristo: Los escogidos sí !o
han alcanzado, y los demás fueron endurecidos (Ro 11:7). Y asimismo: El que no
escatimó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no
nos dará también con él rodar las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de
Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que
murió; más aún, el que también resucitó, el que también intercede por nosotros.
¿Quién nos separará del amor de Cristo? (Ro 8:32-35).
II. Que enseñan: que Dios ciertamente provee al hombre creyente de
fuerzas suficientes para perseverar, y está dispuesto a conservarlas en él si
éste cumple con su deber; pero aunque sea así que todas las cosas que son
necesarias para perseverar en la fe y las que Dios quiere usar para guardar la
fe, hayan sido dispuestas, aun entonces dependerá siempre del querer de la
voluntad el que ésta persevere o no.
Pues este sentir adolece de un
pelagianismo manifiesto; y mientras éste pretende hacer libres a los hombres,
los torna de este modo en ladrones del honor de Dios; además, está en contra de
la constante unanimidad de la enseñanza evangélica, la cual quita al hombre
todo motivo de glorificación propia y atribuye la alabanza de este beneficio
únicamente a la gracia de Dios; y por último va contra el Apóstol, que declara:
Dios... os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de
nuestro Señor Jesucristo (1 Co 1:8).
III. Que enseñan: «que los verdaderos creyentes y renacidos no sólo
pueden perder total y definitivamente la fe justificante, la gracia y la
salvación, sino que de hecho caen con frecuencia de las mismas y se pierden
eternamente».
Pues esta opinión desvirtúa la
gracia, la justificación, el nuevo nacimiento y la protección permanente de
Cristo, en oposición con las palabras expresas del apóstol Pablo: que siendo
aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya
justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira (Ro 5:8,9); y en
contra del Apóstol Juan: Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el
pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es
nací do de Dios (I Jn 3:9); y también en contra de las palabras de Jesucristo:
Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi
mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie lar puede arrebatar
de la mano de mi Padre (Jn. 10:28,29).
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Dice el presidente de la entidad,
François Clavairoly, que no pueden “permanecer en silencio” ante los resultados
con los que el Frente Nacional liderado por Marine Le Pen consiguió una holgada
victoria.
“¿Qué mensaje le envía Francia a sus socios
con una elección con este nivel de presencia de diputados de extrema derecha?”,
lamentan desde la Federación Protestante. “El tema de Europa, su construcción y
su proyecto es complejo y no puede reducirse a una caricatura o a simples
consignas de rechazo o reclamos de una identidad perdida”, dice Clavairoly.
De esta manera, la Federación
Protestante reitera “su compromiso con la responsabilidad cívica y con la
esperanza de construir este proyecto europeo, en el que el protestantismo ha
dedicado esfuerzos durante tanto tiempo desde sus iglesias y diversas
organizaciones internacionales, entre ellas la Conferencia de Iglesias de
Europa, la Comunidad de Iglesias Protestantes en Europa, la Conferencia de
Iglesias de los países latinos de Europa, la Conferencia de Iglesias en el Rin,
etc”.
Así, se posiciona “junto a otros
actores de este proyecto basados en la justicia, el desarrollo, la paz, la
libertad, la hospitalidad, el respeto y la reconciliación entre los pueblos”.
“La angustia, el miedo al futuro, el resentimiento e incluso la crítica a
menudo se basan en el comportamiento de algunos políticos de nuestro país, pero
eso no puede por sí solo justificar esta elección: el mensaje de la evangelio
llama a abrir horizontes más amplios, más lúcidos y tener más confianza”,
finaliza la carta del presidente de la entidad.
Fundada en 1905, la Federación
Protestante de Francia reúne a más de una treintena de agrupaciones de iglesias
y 80 asociaciones, que representan aproximadamente a 500 comunidades,
instituciones, iglesias y movimientos para un testimonio común. Una tercera
parte está formada por las Iglesias Protestantes de Alsacia y Lorena, otra
tercera parte por la Iglesia Protestante Unida de Francia (luterana y
reformada), y otra tercera parte por iglesias evangélicas de diversas
denominaciones.
Protestante Digital, 29 de mayo
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