viernes, 16 de julio de 2021

Letra núm. 726, 18 de julio de 2021

LA INVENCIÓN DEL CULTO REFORMADO (I)

Christophe Chalamet y François Dermange

 

L

a Reforma no sólo quiso renovar la teología y la estructura de la Iglesia, sino la forma de adorar a Dios, con la convicción de que no se le honraba como él quería y como debía.[1] En esta área, como en muchas otras, se basó en tradiciones anteriores. La aportación de Ueli Zahnd y Michel Grandjean arroja luz sobre sus raíces medievales, a las que hay que añadir las de la devotio moderna o de los valdenses. También se basa en las exigencias contemporáneas planteadas por el humanismo renacentista, esforzándose por redescubrir la forma de celebración de la Iglesia antigua. Pero sobre todo los reformadores son unánimes al pasar la celebración a escudriñar el texto bíblico, tanto en sustancia como en forma.

Básicamente, todos siguen la estela de la protesta de Lutero. Ya en 1520, de hecho, en su Preludio a El cautiverio babilónico de la Iglesia, denuncia un "triple cautiverio" de la Misa, que la separa del mensaje evangélico.[2] […]

Al igual que con las indulgencias, la revuelta de Lutero apuntó principalmente aquí a los abusos, pero más allá de estos abusos, era cierto que en la teología católica el sacrificio incruento celebrado en el altar, si actualizaba el de Cristo, adquiría su propio valor para el perdón de los pecados. La repetición de los gestos de los sacerdotes tenía el poder de hacer presente a Dios en este mundo y de apaciguarlo. El sacrificio de la Misa no fue sólo acción de gracias, sino que oscureció el de Cristo, ofrecido de una vez por todas, quien dio pleno testimonio del amor y el perdón de Dios, sin necesidad de añadirle nada, complemento, por iniciativa humana. Si los reformadores, por tanto, no cuestionan la interpretación sacrificial de la salvación, la de Cristo es única y completamente suficiente para la salvación. […]

La centralidad reconocida de la gracia y de la justificación por la fe cuestionó la pretensión de hacer una contribución humana a la salvación a través del rito. Tal como fue concebida, la Misa encubría la promesa: la de ser aceptados por Dios, tal como somos, sin precondiciones ni condiciones, invocando al lado humano solo fe: creer que Dios decía la verdad en su promesa. Éste fue el principal “cautiverio” de la Misa. […]

La misma forma de concebir el culto se transformó. Ya no se trataba de esperar ganar el favor divino, sino simplemente responder al don recibido teniendo fe y la Palabra y obedeciéndola. Como la gracia debía ser conocida por su proclamación, era deber de la Iglesia proclamarla, aunque sólo Dios por su Espíritu podía sellar su certeza en los corazones. Ésta fue la tarea encomendada a los ministros, simples expositores de la Escritura y no sacerdotes con un poder especial de mediación hacia Dios. Aunque los primeros tiempos dieron importancia a la predicación, ahora tenía que cambiar de tono para ceñirse al mensaje bíblico, abandonando toda especulación y, centrada solo en Dios (y no en los santos), tenía que ser accesible para todos. […]

Si bien estos principios son comunes a todos los reformadores, surgieron diferencias tan pronto como se pusieron en práctica. Las principales diferencias se referían al bautismo (¿los niños deben ser bautizados o no?), pero sobre todo al significado de la Santa Cena.

Si nos centramos en la tradición que luego se identificará como “reformada”, dos caminos merecen mencionarse aquí: el de Zwinglio y luego el de Bullinger en Zúrich, y el de Calvino en Ginebra. Incluso si estas dos tradiciones tienen sus especificidades, incluidas las litúrgicas, es su consenso sobre los puntos más esenciales lo que estableció en los primeros treinta años de la Reforma un “orden” reformado de culto.

Huldrych Zwinglio (1484-1531) es una de las figuras más importantes que surgieron durante los primeros años de la Reforma en las ciudades de Alemania y Suiza de habla alemana. Sacerdote sensible a los valores del humanismo, Zwinglio era entonces el editor a cargo de la iglesia principal en Zúrich desde 1519. Ansioso por volver a las fuentes bíblicas y a los Padres de la Iglesia antigua, predicó un cristianismo espiritual, que deseaba estar al alcance del mayor número. Incluso más que Lutero, simplifica el culto, eliminando sus imágenes y música (aunque él mismo fue un buen músico) en favor de cantar sólo salmos, himnos y credos con antífonas.[3] Nada debe distraer la escucha del texto bíblico, expuesto en los sermones continuamente, libro tras libro, más que en pequeñas perícopas aisladas, como era el caso del antiguo leccionario.

Después de algunas dudas, Zwinglio acepta el bautismo infantil, la puerta de entrada a la Iglesia, como la circuncisión para Israel. En cuanto a la Última Cena, la entiende como un acto de fe y de agradecimiento a Dios, recordando la muerte de Cristo y el anuncio del Reino. Por lo tanto, la Santa Cena ya no es efectiva por sí sola, independientemente de la fe de la persona que la recibe. Ya no confiere la gracia, que sólo da el Espíritu Santo cuando toca y se encuentra con el espíritu humano. Si Zwinglio puede entonces ver la Santa Cena como un signo o un "símbolo", no es para descalificarlo, sino para indicar que la realidad espiritual a la que se refiere importa más que su misma materialidad.[4]

Si bien la práctica común era tomar la Comunión solo una vez al año, Zwinglio recomienda que los fieles tomen la Comunión cuatro veces, estructurando así el año litúrgico, junto con las seis fiestas que guardamos del calendario antiguo: Navidad, circuncisión (1 de enero), Anunciación (25 de marzo), Pascua, Ascensión y Pentecostés.[5]

Esta interpretación de la Reforma, común en puntos teológicos esenciales con los luteranos, pero más radical en su forma, se difundió rápidamente en Suiza y en el sur del Imperio, encontrando a veces fórmulas de compromiso con los luteranos, como es el caso de Estrasburgo, bajo la égida de Martín Bucero.

Esta tradición de Estrasburgo fue uno de los crisoles de concepción de la otra figura importante de la tradición reformada, Juan Calvino (1509-1564). Como indican las fechas, Calvino pertenece a la segunda generación de los reformadores. Comparte con sus predecesores la convicción de que la Escritura es la única fuente de conocimiento de Dios (contra la pretensión de la razón), que la salvación se da por gracia (y no por libre elección humana) y que solo la fe tiene valor ante Dios (y no obras). Sin embargo, traducirá estas ideas de forma original y sistemática, incluso en la liturgia.

Cuando llegó a Ginebra en 1536, la ciudad acababa de adoptar la Reforma y seguía el modelo de Zúrich. Una de las cuestiones entonces debatidas se refiere a los roles respectivos de la Iglesia y las autoridades civiles en la liturgia. Si todos estaban efectivamente de acuerdo con los Artículos de los Predicadores adoptados por la ciudad (1537), se planteó la cuestión de la autoridad competente para implementarlos. ¿Era, por ejemplo, responsabilidad de la Iglesia o del Estado determinar si se debían utilizar hostias o pan para celebrar la Santa Cena? ¿Y quién tenía ahora el poder de excomulgar, negando a un cristiano el acceso a la Santa Cena? ¿Al magistrado, como pensábamos en Berna y Zúrich, o a los pastores como decía Calvino? Expulsado de Ginebra por este motivo, Calvino se refugió en Estrasburgo, donde fue recibido por Martín Bucero (1491-1551) y luego se convirtió en párroco de los franceses y valones (septiembre de 1538-agosto de 1541).

Aunque Calvino está convencido, como otros reformadores, de que las prácticas litúrgicas deben ser escrutadas por la crítica bíblica y que, en última instancia, la única adoración que Dios requiere es escuchar Su Palabra y ponerla en práctica, esto no significa que la adoración se reduzca a proclamar la Palabra. y explicándolo. Calvino sienta entonces las bases de su forma de concebir el culto: liturgia de la Palabra, canto de los salmos, una frecuencia más regular de la celebración de la Última Cena, pero también una extensión de la liturgia a través de una disciplina eclesial inspirada en Bucero, que asegura esto, que la Palabra sea bien "escuchada" para concretarla en la vida cotidiana de los fieles. (Versión: LC-O)


[1] Cf. Elsie Anne McKee, “Reformed Worship in the Sixteenth Century”, en Lukas Vischer, ed., Christian Worship in Reformed Churches Past and Present, Grand Rapids, Eerdmans, 2003, pp. 3-31.

[2] Martín Lutero, “Preludio sobre La cautividad babilónica de la Iglesia”, en OEuvres I, Marc Lienhard y Matthieu Arnold, dirs., París, Gallimard (Bibliothèque de la Pléiade), 1999, pp. 711-824.

[3] Las imágenes no desaparecen por completo, porque se encuentran en libros impresos con un valor puramente educativo. Cf. Lee Palmer Wandel, “Visualizando a Dios. Imagen y liturgia en la Reforma de Zúrich”, en The Sixteenth Century Journal, 24, 1993, pp. 21-40.

[4] Carrie Euler, “Huldrych Zwingli and Heinrich Bullinger”, en Lee Palmer Wandel, ed., A Companion to the Eucharist in the Reformation. Leiden, Brill, 2014, pp. 57-74.

[5] Louis Braeckmans, “Confesión y communion en la Edad Media y en el Concilio de Trento”, en Revue Théologique de Louvain, 2, 1971, pp. 359-362; Fritz Schmidt-Clausing, Zwingli als Liturgiker. Eine liturgiegeschichtliche Untersuchung. Göttingen, Vandenhoeck & Ruprecht, 1952.

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DIÁLOGO Y DIGNIDAD EN CUBA

Ante las manifestaciones y enfrentamientos sucedidos el domingo 11 de julio en Cuba, en medio de un agravamiento de la crisis por la COVID-19 y la falta de insumos médicos, y una delicada situación económica que atraviesa la isla, acompañamos a nuestra hermana Iglesia Presbiteriana-Reformada de Cuba y oramos por la sociedad cubana. Compartimos la declaración de nuestra iglesia miembro, que insta a mantener la calma, evitar la violencia y sostener canales de diálogo “como expresión más genuina de que somos un solo país”.

A continuación, la declaración firmada el 13 de julio de 2021 por el Concilio General de la Iglesia Presbiteriana-Reformada de Cuba. 

L

a Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba (IPRC), fiel a su vocación de servicio a nuestro pueblo y a sus raíces patrióticas e independentistas, fiel a su llamado de buscar siempre el Reino de Dios y su justicia, queremos hacer un llamado:

A nuestro pueblo cubano a mantener la calma y evitar a toda costa soluciones violentas a la situación de inestabilidad social y crisis pandémica que vivimos.

A nuestro Estado y Gobierno a mantener la dignidad a la que siempre hemos apostado como nación, a mantener canales de diálogo abiertos para lidiar con la crítica situación que vivimos y a evitar, a toda costa, la violencia, como expresión más genuina de que somos un sólo país.

A nuestras comunidades presbiterianas, a orar sin descanso por paz y discernimiento para nuestros gobernantes, por la tranquilidad ciudadana y por sanidad para nuestro pueblo. Que nuestro discurso de buena voluntad sea la voz que levantemos en todo momento y podamos ser mediadores en la búsqueda de soluciones pacíficas a la situación que vivimos.

Afirmamos que el evangelio que hemos sido llamados a predicar siempre será buena noticia para el mundo, justicia y paz para “los más pequeños” y vida abundante para toda la Creación. Por ello seguiremos trabajando sin descanso.

¡A Dios la gloria!

Concilio General

Iglesia Presbiteriana-Reformada de Cuba

aipral.net, 14 de julio de 2021

El Señor es la fuerza y la esperanza de su pueblo, Pbro. Raúl Méndez Yáñez

18 de julio de 2021

Juego de manos.

Durante esta pandemia uno de los órganos de mayor importancia para la preservación de la salud y la erradicación del virus han sido las manos. Mantener las manos limpias, no llevarlas al rostro y cuidar las superficies que tocan es clave para la contención del virus y evitar más contagios. Curiosa época en la que vivimos. Si de apoyar se trata, la mejor forma con la que hoy podemos echar o dar la mano, ¡es no dándola! El mejor cuidado hacia los demás es alejándonos de ellos. Estas son las nuevas pautas y seguimos acostumbrándonos a ellas. Las manos, son de este modo, un signo de higiene, supervivencia, apoyo, e, incluso amor.

En la Biblia, las manos también tienen su significado. En hebreo, para el Antiguo Testamento, “mano” se dice Yad (יָד), en plural yadót (יָדוֹת‎), y aparece para designar aquello que se posee, manipula, utiliza o fabrica. En Job 1:12, cuando Dios le da permiso a Satanás para atribular a Job, se le dice “Todas sus posesiones están en tus manos”. En el libro de Daniel 10:10 leemos, en medio de una de las visiones del profeta: “Entonces, he aquí, una mano me tocó, y me hizo temblar sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos”. Es de notar, sin embargo, que la mayor parte de veces en que aparece la referencia a las manos es en el libro de los Salmos. Sea en sentido literal o figurado, sean estas manos humanas, como en el Salmo 63:4 que dice “En tu nombre alzaré mis manos”, bien, las manos de Dios, como en Salmo 19:1: “el firmamento anuncia la obra de sus manos”.

En el Nuevo Testamento manos se dice keir (χείρ) y con esta palabra se expresan acciones físicas de utilizar las manos como en Lucas 24:50 donde dice que Jesús “alzó las manos y los bendijo”, o bien, como acto ritual de imponer las manos sobre otros para sanar o impartir dones, como en Hechos 19:6 que señala: “habiéndoles impuesto Pablo las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo”. El uso de las manos como gesto litúrgico ha causado diversas polémicas en años recientes. Como dice Marcos Vidal en su canción Cristianos¸ hay quienes hoy discuten si al orar, hay que alzar o no las manos. A veces entre presbiterianos alzar las manos nos cuesta trabajo pues no queremos parecer demasiado carismáticos. ¿Qué significa, entonces, el acto de alzar las manos? De eso precisamente estaremos hablando en esta mañana a partir del Salmo 28. Quiero presentarles tres tipos de manos.

1.  Manos traicioneras.

No me arrebates juntamente con los malos, Y con los que hacen iniquidad, Los cuales hablan paz con sus prójimos, Pero la maldad está en su corazón. Dales conforme a su obra, y conforme a la perversidad de sus hechos; Dales su merecido conforme a la obra de sus manos… (v 3,4)

En este salmo se exclama a Dios para que a los malos se les pague “conforme a las obras de sus manos”. ¿Qué es lo que estas manos han hecho que se exclama un castigo? La respuesta está en el mismo versículo 3. Han cometido “iniquidad”. En hebreo dice resaim (רְשָׁעִים֮), que proviene de la palabra rasha (רָשְׁע). Si bien se traduce como “iniquidad” o “maldad” no es cualquier tipo de maldad. Es una maldad traicionera. Se utiliza, por ejemplo en Éxodo 2:13 cuando Moisés ve que un hebreo está golpeando a otro hebreo. Esto se considera un acto de iniquidad no solo porque golpear y dañar sea malo, sino porque el acto proviene de un mismo hermano. Rasha se asocia con engaño, traición y doblez de corazón.

Estos inicuos, de quien se está pidiendo que Dios les de su castigo, no son extranjeros, filisteos ni egipcios. No son enemigos de guerra como aparecen en otros Salmos, Estos perversos tienen una nota más triste y traicionera. Se trata de hebreos, hermanos del pueblo de Israel que, sin embargo, son fraudulentos y engañan. El salmista describe este tipo de maldad de una forma poética: Hablan paz con sus prójimos, Pero la maldad está en su corazón. Por un lado hablar de paz y amistad, por el otro, y al mismo tiempo, tener intenciones ocultas orientadas a engañar y lastimar. ¡Esas son las obras de sus manos, tales son las perversidad de sus hechos!

Se utiliza la figura retórica de las manos para enfatizar la maldad de estos inicuos porque, en efecto, utilizan sus manos para engañar. Pueden estarte abrazando de frente, pero por detrás, cual Bruto a César, no tardan en clavarte la daga por la espalda. Las manos aquí representan la doblez de corazón, las segundas intenciones. Y es uno de los peores tipos de maldad: traicionar a quienes confían en ti. Y más, porque como en la escena que vio Moisés, se está dañando a los propios hermanos. Como sabemos, Juan Calvino decía que los Salmos son una “anatomía del alma”. Es cierto. Pero también, ante este tipo de situaciones tan tristes pero reales, hermanos de la fe traicionando la confianza, también podemos decir que los Salmos son un reflejo de la humanidad y de la sociedad. 

Veamos ahora otro tipo de manos.


Manos de caridad

Oye la voz de mis ruegos cuando clamo a ti, Cuando alzo mis manos hacia tu santo templo. (v.2).

Antes de presentarnos las manos de los traicioneros, el salmista se había presentado a sí mismo. En este salmo, el adorador aparece envuelto en la desesperación. Inicia su canto diciendo: A ti clamaré, oh Jehová. Roca mía, no te desentiendas de mí, Para que no sea yo, dejándome tú, Semejante a los que descienden al sepulcro. Esta introducción es alarmante, incluso tétrica, sobre todo por la expresión “semejante a los que descienden al sepulcro”.

Que sepamos, solo hay un caso en toda la Biblia de personas que descendieron vivos al sepulcro a la vista de todo el pueblo. Se trata de los hijos de Coré, según narra el capítulo 16 del libro de Números. Coré pertenecía a un clan de la tribu de Leví dedicado a la alabanza. Del mismo modo que otro director de alabanza, este en los cielos, Coré intentó sublevarse contra la autoridad incitando a 250 israelitas, tanto de la tribu de Leví como algunos rubenitas, a sublevarse contra Dios y Moisés. Y, del mismo modo, que ese otro director musical rebelde, Lucero de la Mañana, Coré y su séquito fueron desterrados. Satanás condenado al inframundo, los hijos de Coré, según cuenta el libro de Números, fueron tragados vivos por la tierra hacia el Seol, la tumba, el inframundo. Según un pasaje del Talmud, los hijos de Coré permanecieron vivos en el Seol, apartados en un lugar en donde se dedican a elevar Salmos y alabanzas desde las profundidades y exclamando “¡Moisés tenía razón!” (Sanhedrin 10:10).

Coré era miembro del pueblo de Israel. Y descendió al Seol por confrontar a su propio hermano Moisés. ¡Esto es lo que nuestro salmista quiere evitar! No solo está pidiendo que se le libre de la muerte. En realidad su clamor no es egoísta ni pensando exclusivamente en salvar su pellejo. Cuando clama por no ser “como los que descienden al Seol”, está pidiendo que Dios nunca le permita traicionar a sus hermanos. No quiere convertirse en un inicuo (rash) que tenga doble cara. ¡Qué súplica tan sui generis! Generalmente le pedimos a Dios que nos vaya bien y que otros no nos hagan daño. Y qué bueno que lo hagamos. Pero antes de pedir por el bienestar propio, el salmista, está diciéndole a Dios: No permitas que yo lastime a mis hermanos. Si San Francisco rezaba “Hazme un instrumento de tu paz”, nuestro salmista exclama ante Dios: Que no sea un instrumento de dolor.

¡No es fácil leer los salmos! Nos presentan de forma cruda realidades muy difíciles de digerir. Comprender que yo tengo la capacidad de hacer el mal y de dañar es algo que no me gusta reconocer. Porque pienso sobre mí mismo de forma muy excelente y heroica. Sin embargo, el salmista sabe que el primer peligro que debe afrontar es el engaño de su propio corazón. Que la primer mentira a la que debe hacer frente es la de su propia alma. Por eso presenta sus manos ante Dios, alzándolas ante su santo templo.

Hablábamos en un inicio del uso litúrgico de las manos. Alzarlas en oración. Este gesto es muy frecuente en la Biblia pero también en otras partes del Antiguo Cercano Oriente. Arqueólogos bíblicos como Othmar Keel encontraron que levantar las manos ante un santuario o ante Dios era una práctica común en Egipto y en Ugarit, tal como podemos ver en las siguientes imágenes.[1]

Se ha discutido mucho sobre qué pude significar este gesto de levantar las manos ante Dios. Hay quien dice que se trata de una forma mística de emanar poder desde las manos, otros que es una forma de autoprotección: poner tus manos ante tu rostro al estar en la presencia de Dios para no ser consumido por su luz. Otra interpretación, sin embargo, tiene una connotación menos mágica y más moral, y se adapta al contexto de nuestro Salmo. Es el sentido de alzar las manos como cuando el ladrón te dice: “¡Arriba las manos!” Y tienes que alzar las manos para que se vea que no portas nada en ella, que estás desarmado e inofensivo.

“Alzo mis manos hacia tu santo templo”, significa en nuestro Salmo: Soy sincero, inocente, no tengo segundas intenciones. A diferencia de los inicuos que engaña con sus palabras y sus manos, yo no oculto nada en ellas. No sostengo ninguna daga traicionera, mis intenciones son transparentes. Yo no quiero dañar a mis hermanos. Aquí están mis manos vacías.

¡Qué importante es salir del orgullo propio incluso siendo cristianos! Otra de las razones por las que se supone que elevamos nuestras manos ante Dios es para que, mostrándolas vacías, Dios las llene. De forma muy extraña, hay quienes, como Jesús Adrián Romero, en su alabanza “Con manos vacías” piensan que se trata de declarar ante Dios que somos unos inútiles que no poseen nada, confesar nuestra ineptitud y pobreza, “no tengo nada que darte” y que, por eso, de algún modo, Dios verá nuestra incompetencia y nos llenará de riqueza. Asi, alzar las manos ante Dios se vuelve en un acto egoísta que, de algún modo, espera una recompensa. Pero ¿cómo declarar ante el Señor que siembra donde no cosecha que tengo las manos vacías por incompetencia? Ya podremos suponer lo que nos responderá: “Siervo malo y negligente” (Mateo 25:26).

Pero el salmista piensa distinto. No levanta sus manos vacías ante el templo para declararse inútil y esperar egoísta una recompensa. En realidad este gesto de manos alzadas es una declaración de ejercicio ético. Porque, comparando sus manos con la de los inicuos traicioneros, nuestro salmista exclama: Yo no voy a traicionar, soy sincero y mis intenciones son transparentes. Presento mis manos vacías no para recibir una recompensa, sino para declarar que protegeré a mi prójimo. No le hablaré de paz pensando su mal, sino que seré honesto, probo y genuino. Por eso alzo mis manos a tu templo, Señor, para que veas que soy digno de confianza. No alzo mis manos de forma egoísta, para mí, sino como gesto de amor a mi prójimo.

Son manos que no buscan lo suyo, sino el bienestar de los demás. Manos de amor, manos de caridad.

3.   

      Las manos de Dios

Por cuanto no atendieron a los hechos de Jehová, Ni a la obra de sus manos, El los derribará, y no los edificará (v 5)

Finalmente tenemos un último par de manos. Las de Dios. En la poesía hebrea no solo se rimaba mediante semejanza de sonidos, sino de conceptos presentados en contraste o paralelismo. Aquí vemos cómo se repite la misma expresión con la que se califica a los inicuos “La obras de sus manos”. En el versículo 4 leemos sobre los malos kə-ma-‘ă-śêh yə-ḏê-hem (יְ֭דֵיהֶם  כְּמַעֲשֵׂ֣ה), y sobre Dios leemos: ma-‘ă-śêh yā-ḏāw; (יָדָ֑יו מַעֲשֵׂ֣ה). Como notamos hay cierta semejanza fonética, pero, ante todo, hay una semejanza lingüística y un paralelismo conceptual que se traduce, en una y otra ocasión como “la obra de sus manos”.  

Como vimos, la obra de las manos de los inicuos es la de traicionar a su propio pueblo. En cambio, ¿cuáles son las obras de las manos de Dios? El versículo 8 nos lo explica: Jehová es la fortaleza de su pueblo, y el refugio salvador de su ungido. “Su pueblo”, “su ungido”. Israel, y también, nosotros, la iglesia de Cristo. Dios es nuestro hacedor, quien con sus manos, cual alfarero, nos ha moldeado según nos dice el libro del profeta Jeremías 18. ¡Nosotros somos las obras de Dios! De eso trata este salmo: mostrarnos que Dios, con sus manos, nos ha hecho y que con sus manos nos cuida. Dios es nuestra fortaleza porque sus manos son fuertes, Dios es nuestro refugio y esperanza, porque sus manos nos sostienen.

La obra de las manos de los inicuos es dañar al pueblo de Dios con engaños y doblez de corazón. La obra de las manos de los hijos de Dios es bendecir y apoyar, honestamente y con transparencia a su prójimo, a su pueblo. Las obras de las manos de Dios, ¡son su pueblo! A quien sostiene y protege. Estamos en manos de Dios y eso nos debe ser confort, alegría y esperanza. Él no permitirá que seamos engañados, nos protegerá de los traicioneros. Dios es nuestro refugio y en sus manos y brazos encontramos amparo.

Las manos de Cristo en esta Tierra nos demostraron lo que son las obras de Dios. Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo (Juan 5:17) exclamó Jesús. Y con sus manos sanaba a los enfermos, alimentaba a los hambrientos, tocaba a los repudiados. Las manos de Jesús fueron una muestra palpable de las obras de Dios y ¿qué nos pide sino que hagamos y seamos lo mismo?

A veces nos la pasamos mucho tiempo discutiendo si “tenemos” que hacer buenas obras o si la salvación solo es por fe. Esta discusión es muy vana y desatinada. Este Salmo 28 lo pone de manifiesto. Antes que pensar en hacer buenas obras, debemos caer en cuenta de que nosotros somos las buenas obras de Dios. No es solamente que Dios obre mediante en nosotros, sino que Dios hace buenas obras con nosotros. Nuestra misma existencia ya es una buena obra de Dios.

Por lo tanto, de lo que se trata no es meramente de hacer, sino de ser. Las obras de mis manos serán buenas siempre que las alce honestamente y sin engaño, que no pervierta lo que soy. Para el cristiano hacer buenas obras no es un excedente ni una cuota de salvación. Hacer buenas obras ¡es lo que los cristianos somos!, una expresión de nuestra identidad y apego a la cruz de Cristo.

Cierto, no necesitamos hacer buenas obras para salvación, porque aquí las únicas buenas obras que cuentan son las de las manos de Dios. ¡Y nosotros somos esas buenas obras! “Buenas en gran manera” (Génesis 1:27) como declaró desde el comienzo de la Creación. Cristiano, cristiana, Dios no te pide un excedente de esfuerzo para que hagas buenas obras, solo te pide que seas quien eres, que no traiciones tu identidad en Cristo, que vivas libremente siendo tú misma y siendo tu mismo, con honestidad y transparencia sabiendo que la mejor buena obra no es la que puedes hacer, sino la que tú eres.



[1] KEEL, Othmar, Iconografía del Antiguo Oriente y el Antiguo Testamento, Trotta, Madrid, 2007.

Culto de adoración, proclamación y testimonio, domingo 18 de julio de 2021

CULTO DE PROCLAMACIÓN Y TESTIMONIO

 

Salmo 28 / Hechos 2.22-28, Traducción en Lenguaje Actual


1 Dios mío, yo te llamo,
no cierres tus oídos,
porque tú eres quien me protege.
Si no me respondes,
de seguro moriré.
2 Atiende mis ruegos
cuando te tienda los brazos
para pedirte ayuda.

3 No me castigues
junto con los malhechores,
porque hablan con los demás
4 y les desean lo mejor,
pero en su pensamiento
quisieran matarlos. […]
6 ¡Bendito seas, Dios mío,
por atender a mis ruegos!
Tú eres mi fuerza;
me proteges como un escudo.
7 En ti confío de corazón,
pues de ti recibo ayuda.
El corazón se me llena de alegría,
por eso te alabo en mis cantos.

8 Tú, Dios mío,
eres la fuerza de tu pueblo;
danos la victoria,
pues somos tu pueblo elegido.
9 ¡Sálvanos y bendícenos!
¡Llévanos en tus brazos,
pues tú eres nuestro pastor!


*


22 Escúchenme bien, porque voy a hablarles de Jesús, el que vivía en Nazaret. Todos nosotros sabemos que Dios lo envió. También sabemos que Dios le dio grandes poderes, porque lo vimos hacer grandes maravillas y señales.

23 Desde el principio, Dios había decidido que Jesús sufriera, y que fuera entregado a sus enemigos. Ustedes lo ataron y lo entregaron a los romanos, para que lo mataran. 24 ¡Pero Dios hizo que Jesús resucitara! ¡Y es que la muerte no tenía ningún poder sobre él! 25 Hace mucho tiempo, el rey David dijo lo siguiente acerca de Jesús:


 

Yo siempre te tengo presente;
si tú estás a mi lado,
nada me hará caer.
26 Por eso estoy muy contento,
por eso canto de alegría,
por eso vivo confiado.

27 ¡Tú no me dejarás morir

ni me abandonarás en el sepulcro,

pues soy tu fiel servidor!

28 Tú me enseñaste a vivir

como a ti te gusta.

Contigo a mi lado

soy verdaderamente feliz.


Año XXVII, Núm. 28, Domingo 18 de julio de 2021


CULTO DE ADORACIÓN, Proclamación y Testimonio

Preside: Hno. Oswaldo Aguilar Arroyo

Introito

Dios mío,
¡quiero alabarte de todo corazón!
¡Quiero cantarte himnos
delante de los dioses!
Quiero ponerme de rodillas
y orar mirando hacia tu templo;
quiero alabarte
por tu constante amor.

Salmo 138.1-2


Preludio: Hno. Jacobo Núñez Cabrera 

La adoración comunitaria fiel

Por sobre todas las cosas,
has mostrado tu grandeza,
has hecho honor a tu palabra.
Te llamé y me respondiste;
me diste nuevas fuerzas.

Dios mío, ¡grande es tu poder!
Te alabarán los reyes de este mundo
cuando escuchen tu palabra
y sepan todo lo que has hecho.

Dios mío, tú estás en el cielo,
pero cuidas de la gente humilde;
en cambio, a los orgullosos
los mantienes alejados de ti.         

Salmo 138.2-6


Oración de ofrecimiento

Himno: “Dad a Dios inmortal alabanza” (245) 

En busca de la misericordia divina

Ministro: Venimos ante ti, Señor y Dios, a reconocer y exponer nuestra muchas desobediencias y equivocaciones. Sabemos bien que hemos fallado como portadores/as de los valores de tu Reino en el mundo. Sabemos que nos perdonarás porque oramos a través de tu Hijo Jesucristo, Salvador nuestro.

Momento de oración personal. / Oración audible.

Unidos/as: Ustedes ya han muerto al pecado, pero ahora han vuelto a vivir. Así que no dejen que el pecado los use para hacer lo malo. Más bien, entréguense a Dios, y hagan lo que a él le agrada. Así el pecado ya no tendrá poder sobre ustedes, porque ya no son esclavos de la ley. Ahora están al servicio del amor de Dios. Romanos 6.13-14


Himno “Hazme un instrumento de tu paz” 

El Pueblo de Dios es uno

Salutaciones

Himno: “Quiero levantar mis manos” (420) 

Oramos con fe y confianza

Cada cristiano debe decirle al Salvador tan humildemente como hicieron los discípulos: “Señor, enséñanos a orar”. ¡Ah! ¡Si tan sólo fuéramos convencidos de nuestra ignorancia y de la necesidad que tenemos de un Maestro como Jesucristo! ¡Si solamente nos acercáramos con confianza, pidiéndole que nos enseñara y deseáramos ser enseñados por su gracia cómo conversar con Dios! ¡Qué pronto estaríamos calificados en ello y cuántos de sus secretos descubriríamos! No digamos que sabemos cómo orar la oración que aprendieron de él. Podemos saber las palabras, pero sin la gracia no podremos entender el significado ni pedir o recibir lo que ésta expresa.

Jean-Nicholas Grou (1730-1803)


Oración de intercesión 

Anuncio del mensaje eterno

Lectura del Antiguo Testamento: Salmo 28

Lectura del Nuevo Testamento: Hechos 2.22-28 

Reflexión bíblica 

el señor eS LA FUERZA Y LA ESPERANZA DE SU PUEBLO

Pbro. Raúl Méndez Yáñez 

La fortaleza que viene de Dios

Himno: “Oh, Cristo mío” (320) 

Ofrendar solidariamente

Den, y recibirán. Lo que den a otros les será devuelto por completo: apretado, sacudido para que haya lugar para más, desbordante y derramado sobre el regazo. La medida que den será la medida que recibirán a cambio. Lucas 6.38, Nueva Traducción Viviente


Himno “Los panes y los peces” (438)

Oración por las ofrendas 

Enviados/as y guiados/as con un propósito

Que Dios no deje de llamarte cada día
para el servicio en la vida cotidiana,
con todas sus complejidades y desafíos,
buscando iluminar realidades,
salando tus entornos.
Que en Jesús encuentres fuerzas y alegría
para compartir el abrazo, la esperanza,
la mesa y el camino.
Y que el Espíritu te inspire y anime
a la solidaridad con el proyecto inclusivo del mundo nuevo,
a la ternura en el trato con cada ser humano
y al respeto y cuidado por toda la creación.

Gerardo Oberman


Bendición congregacional coral

Himno: “El Señor es mi fuerza” (146)


Postludio

Intereses de la comunidad



ACOMPAÑAMIENTO BÍBLICO-TEOLÓGICO

 

EL SALMO 28 Y LA HISTORIA DE FE DEL PUEBLO

Hans-Joachim Kraus

 

U

na vez que se han trazado los parámetros de la forma y del contenido, la debida comprensión del Sal 28 se desarrolla facilísimamente a partir del v. 8. Porque el tema de este versículo es la realidad protectora y salvadora de Dios: esa realidad en la que busca refugio en su desgracia la persona amenazada por la muerte, y que es reconocida por ella en su cántico de acción de gracias.

Y el objeto de esa actividad protectora y salvadora es el pueblo de Dios y el rey. Allí encuentra el individuo “baluarte”, “poder” y “salvación”. Porque en medio de este pueblo de Dios, en el templo real de Jerusalén, está presente Yahvé en la “celIa” santa (v. 2).

La comunidad del Nuevo Testamento ve en la obra de salvación llevada a cabo por el Dios presente en el Antiguo Testamento la “sombra de los bienes futuros” (Heb 10.1) que se manifestó en su realidad en Jesucristo. Aquel que fue acusado, tentado y amenazado de muerte, busca aquí la “roca” inconmovible (v. 1) y presenta sus lamentaciones y plegarias. El centro de la lamentación es la desgracia: estoy siendo arrebatado hacia la destrucción por la corriente de los poderes impíos (v. 3).

El oráculo de salvación que se ha pedido a Yahvé significa para el que sufre: liberación del destino de muerte de los réprobos. Y este evangelio es el tema del Sal 28 (cf. Ro 8.33s). El juicio sobre los impíos constituye el contrapunto sombrío de este acontecimiento de salvación. La persona que confía (v. 7) encuentra respuesta (v. 6), y se regocija —en medio de acción de gracias— por la ayuda de Yahvé.

Los Salmos. I. Salmo 1-59. Salamanca, Ediciones Sígueme, 1993

(Biblioteca de estudios bíblicos, 53).


Culto de Avance y Consolidación

25 de julio de 2021

DIOS BENDICE Y PRODUCE ESPERANZA

Preside: Hno. Alberto Chávez C.

Base bíblica: Deuteronomio 28.1-14



Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...