sábado, 2 de noviembre de 2019

Letra 643, 3 de noviembre de 2019


LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL PUEBLO DE DIOS
EL PROFETA ZACARÍAS (VII)
Samuel Amsler
Los últimos profetas. Ageo, Zacarías, Malaquías y algunos otros
Estella, Verbo Divino, 1996 (Cuadernos bíblicos, 90).

La cuestión del ayuno (7.1-7; 8.18-19)
Resultado de imagen para ayuno que dios quiere7.1-7. Desde la catástrofe del 587, se observaba una jornada anual de ayuno el 5º mes (julio-agosto) para conmemorar la destrucción del templo (cf. 2 Re 25.8s). Ahora que se celebraba de nuevo el culto regularmente en Jerusalén, ¿seguía en pie esta observancia? Ésta es la cuestión que plantea una delegación enviada por los desterrados a los sacerdotes y a los profetas, al mismo tiempo que presentaban su ofrenda al templo. Zacarías aprovecha esta ocasión para intervenir de parte del Señor. Invita a los sacerdotes y a todo el pueblo a cuestionar su práctica del ayuno (v. 4-7): cuando ayunan o cuando comen, ¿lo hacen por el honor de Dios o por su propio provecho?
Ya los profetas anteriores habían denunciado este ayuno puramente egoísta (cf. Is 58.3-6). 8.18-19: La verdadera respuesta de Zacarías es ésta: sea cual sea su frecuencia, los días de ayuno están desfasados respecto a la actualidad. Desde ahora habrán de ser días de fiesta y de alegría, sin olvidar la solidaridad social, basada en la verdad y que garantice la felicidad para todos.

Últimas llamadas y últimas promesas (7.8-8.23)
La última sección de la colección reúne algunas palabras y oráculos característicos de las perspectivas salvíficas abiertas por el mensaje de Zacarías. El orden parece obedecer a un esquema de inclusión: para abrir y para cerrar se escucha una llamada  a  practicar  la  verdad  y  la  justicia (7.8-14 y 8.14-17). Entre estas dos llamadas se inscribe una serie de oráculos (8,1-13) que forman con la promesa relativa al ayuno (8,19) una cadena de siete palabras de salvación, haciendo eco a los siete relatos de visión de la primera sección. Parece ser que esta colección se completó ulteriormente con otros dos oráculos finales (8.20-22.23).
7.8-14: Breve catálogo de las exigencias de la justicia social, tal como las enseñan los profetas. Pero los padres no las practicaron; por eso cayó sobre ellos la cólera del Señor, que los dispersó entre las naciones, convirtiéndose en desierto su hermoso país. ¡Qué lección para nuestros días!
8.1-2: El Señor hace su declaración de amor a Jerusalén.
8.3: Jerusalén recibe nombres nuevos, a imagen de lo que su Señor espera de ella.
8.4-5: La ciudad recobra su seguridad: sus habitantes envejecerán en paz y los niños jugarán en las plazas.
8.6: Lo que parece irrealizable a los hombres no lo es para Dios.
8.7-8: Los desterrados del este y los del oeste se reunirán en Jerusalén para formar el pueblo de Dios. Repetición de la fórmula de alianza mutua.
8.9-13: El profeta invita a sus oyentes a comparar dos periodos: el que precedió a la fundación del nuevo templo, días de penuria y de inseguridad; y el periodo actual, cuando empieza a manifestarse la bendición. Por tanto, ¡que nadie se desaliente en la reconstrucción del templo! Esta exhortación renueva las llamadas del profeta Hageo.
8.14-17: El Señor sigue siendo libre en sus decisiones: si antes decidió castigar el pecado de los padres, ahora ha decidido perdonar. Con tal que el pueblo practique la solidaridad social.
Y para terminar, dos oráculos que ensanchan más todavía las perspectivas universales del profeta:
8.20-22: Numerosos pueblos harán una peregrinación a Jerusalén para adorar al Señor y gozar de sus favores.
8.23: Extranjeros que hablan toda clase de lenguas suplicarán a los judíos fieles permiso para compartir su existencia, sabiendo que Dios está con ellos.
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CALVINO INDOCUMENTADO: REFORMADOR/REFUGIADO/RESIDENTE EXTRANJERO (Lc 18.9-14)
Rubén Rosario-Rodríguez

Iglesia Presbiteriana Westminster, San Luis, Missouri, 27 de octubre de 2019

Resultado de imagen para ruben rosario rodriguezEn la parábola del fariseo y el publicano, Jesús contrasta al hombre de fe que se considera justo con el humilde pecador, y presenta al segundo, hombre pecaminoso, como nuestro modelo espiritual a seguir. En muchos sentidos, esta es una historia de advertencia para la iglesia, que nos recuerda una de las principales ideas espirituales de la Reforma Protestante: simul iustus et peccator. Esta frase popularizada por el reformador del siglo XVI Martín Lutero, significa que un cristiano es al mismo tiempo justo y pecador. En consecuencia, es vital para nosotros los cristianos permanecer humildes y reconocer siempre que somos perdonados sin méritos o logros propios, sino únicamente por la compasión y la gracia de Dios.
Esta es la razón por la cual la teología reformada del siglo XVII vivió bajo el lema, Ecclesia reformata et semper reformanda est, “la iglesia reformada, siempre reformándose”. Una jerarquía corrupta y un sacerdocio moralmente laxo que había descuidado durante mucho tiempo la educación espiritual de sus laicos caracterizó a la iglesia medieval tardía. Lutero apareció, como el recaudador de impuestos que se golpea el pecho y dice: “¡Dios, ten piedad de mí, un pecador!” y expuso la hipocresía farisaica de la iglesia clavando sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg. Pero antes de que los protestantes nos esponjemos demasiado, no olvidemos que seguimos siendo pecadores y que siempre debemos trabajar para reformar la iglesia.
Karl Barth, quizá el teólogo más influyente del siglo XX, luchó por mantener el principio teológico reformado de semper reformanda, siempre siendo reformado, vivo. En 1965 fue invitado a asistir al Concilio Vaticano II como observador protestante, y después de las reformas implementadas por la Iglesia Católica Romana, comentó que la Iglesia Católica que emergía del Vaticano II tenía un espíritu más cercano a la iglesia de Martín Lutero y Juan Calvino que el protestantismo actual. En otras palabras, al igual que la Iglesia Católica medieval se había enredado en la corrupción y la hipocresía, el protestantismo moderno corre el riesgo de convertirse en el fariseo autosuficiente de la parábola de Jesús.
En 2016, 81 por ciento de los cristianos evangélicos blancos votaron por Donald Trump creyendo que estaban haciendo la voluntad de Dios al apoyar a un candidato “conservador” que prometía prohibir el aborto, incluso cuando su candidato haya actuado de manera contraria al Evangelio. El verano pasado, el mismo día en que la administración anunció que realizaría redadas en todo el país para detener a los inmigrantes indocumentados, nuestro presidente lanzó un ataque en Twitter contra cuatro  representantes  del  Con greso, todas ellas mujeres de color: Ilhan Omar, Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib y Ayanna Pressley. Trump escribió: “¿Por qué no regresan y ayudan a arreglar los lugares totalmente desgarrados e infestados de crímenes de los que vinieron?”. Los colaboradores de Trump negaron que sus palabras fueran racistas mientras él continuaba su ataque en Twitter, acusando a las cuatro legisladoras, denominadas “La Escuadra” por los medios de comunicación, de ser “un grupo muy racista de alborotadoras que son jóvenes, inexpertas y no muy inteligentes”.
Como ciudadano estadounidense nacido en Puerto Rico, he escuchado estas palabras una y otra vez. Al igual que yo, tres de las cuatro mujeres nombradas en los tuits del presidente son ciudadanas nativas, y la cuarta, I. Omar, es una ciudadana naturalizada que vino a este país cuando era niña. Al cuestionar su ciudadanía y lealtades nacionales, el Presidente de EU no sólo revela su propio racismo profunda-mente arraigado, sino que también expone la descarada hipocresía de sus muchos partidarios cristianos. Como teólogo cristiano reformado, no sólo veo las políticas de inmigración de Trump, sus declaraciones públicas en Twitter y el apoyo incuestionable de su base electoral conservadora como el peor tipo de demagogia política, sino también como una afrenta para las verdades cristianas fundamentales.
Como cristianos reformados en el siglo XXI, somos herederos de los esfuerzos de reforma de Juan Calvino en la Ginebra del siglo XVI, que reconoció la dimensión cívica de la fe cristiana. Al centrarse en el ministerio de Calvino en Ginebra, un exiliado francés que ministró a refugiados de Francia, Polonia, España, Inglaterra e Italia, la tradición teológica reformada puede identificar y recuperar valiosos recursos para entablar el debate contemporáneo sobre cuestiones de inmigración y bienestar social.
La visión teológica de Calvino se basa en el axioma de que Dios es bueno y justo, por lo tanto, lo que Dios quiere es, por definición, bueno y justo. La doctrina de la providencia de Calvino afirma enfáticamente que todos los eventos en plan secreto de Dios porque “nada sucede excepto lo que él decreta a sabiendas y voluntariamente” (IRC, 1.16.3). Dios verdaderamente “gobierna todos los acontecimientos” y “dirige todo por su sabiduría incomprensible y lo dispone para su propio fin” (IRC, 1.16.4). Dado este supuesto fundamental, la creencia en una providencia benévola y orientadora se deriva del conocimiento de Dios recibido a través del poder del Espíritu Santo que confirma en nuestros corazones que Jesucristo es el único Salvador. En Cristo, por lo tanto, podemos confiar en que Dios reina sobre todos, que el mal está bajo el control providencial de Dios, y que, por ende, podemos dejar de lado toda ansiedad indebida cuando nos enfrentamos al sufrimiento y al mal en el mundo. Por lo tanto, Calvino exhorta al creyente a mostrar “gratitud mental por el resultado favorable de las cosas, paciencia en la adversidad y también una increíble libertad de preocupación por el futuro, todo necesariamente se deriva de este conocimiento” (IRC, 1.17.7). Sin embargo, tal tolerancia no es pasiva, sino que conlleva las correspondientes responsabilidades sociales. […]

Actividades y avisos

OREMOS POR TODAS LAS ACTIVIDADES DE NOVIEMBRE, ESPECIALMENTE POR LA PLANEACIÓN PARA 2020

*

CULTO DE ORACIÓN Y ESTUDIO
Martes 5 de noviembre, 19 hrs.
Modera: A.I. Lauro Adame B.

Llamamiento: Salmo 121
Oración de ofrecimiento
Himno: “Abre mis ojos para ver” (141)
Círculo de oración y testimonios
Lectura bíblica: Nehemías 13.8-16
Tema: Acciones de Tobías (II)
Himno: “Lléname, Señor” (471)
Ofertorio
Bendición pastoral

REFORMAS DE NEHEMÍAS (II)
Samuel Pagán

A
su llegada a Jerusalén, Nehemías descubrió por lo menos tres problemas: los oficiales y los lideres habían abandonado “la casa de Dios” (v. 11), y no estaban cumpliendo con sus responsabilidades para con los levitas y cantores (v. 10); se había permitido que el antiguo enemigo de Nehemías, Tobías el amonita, se instalara en el templo (v. 5); y los levitas habían abandonado sus responsabilidades cúlticas y habían huido cada uno a su heredad” (v. 10).
El sacerdote Eliasib (v. 4), que había emparentado con Tobías y le había permitido instalarse en el templo, no era el sumo sacerdote que tenía el mismo nombre. Es muy improbable que el sumo sacerdote dejara sus responsabilidades para ser el jefe de la cámara o los almacenes del templo (v. 4).
La relación de Eliasib y Tobías indica que los enemigos de Nehemías tenían buenos amigos entre los líderes religiosos judíos; además, revela que habían desarrollado lazos familiares (cf. 13.28) en Jerusalén. La pureza religiosa se había puesto en peligro durante la ausencia del líder y reformador judío.
Aunque el relato indica que Nehemías solicitó el permiso de regresar a Judá “al cabo de algunos días” de estar en la corte persa (v. 6), este periodo fue lo suficientemente extenso para permitir estos cambios en la política interna de Jerusalén.
La reacción de Nehemías al descubrir a Tobías en el Templo fue firme y violenta: arrojó todos sus muebles a la calle y mando limpiar y purificar las cámaras. Posteriormente, devolvió los utensilios de la casa de Dios a sus lugares correspondientes. El cuarto que Eliasib le había facilitado a Tobías era importante para el culto, los sacerdotes y los levitas. Lo que se guardaba en esa “gran cámara” era sagrado (cf. 12.47). La acción del sacerdote Eliasib, a los ojos de Nehemías, fue una profanación de un lugar santo.
En 12.44-47 hay una visión ideal de la relación entre el pueblo y los levitas. En 13.10-13 se describe la situación real. Dos factores deben haber contribuido a la dificultad de los levitas. Por un lado, la instalación de Tobías en la cámara donde se almacenaban los utensilios del culto, los diezmos y las ofrendas (v. 5); por el otro, el pueblo no continuo la práctica de separar, las porciones correspondientes para los levitas (v. 10). Esa situación impidió que los levitas cumplieran sus responsabilidades en el Templo, y los motivó a regresar a sus casas y, posiblemente, trabajar en la agricultura (12.27-29).
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PRÓXIMAS ACTIVIDADES

3 – Santa Cena / Reunión de Consistorio
24 – Reunión de planeación para 2020

La reingeniería de Dios en acción en medio de su pueblo, L. Cervantes-O.



3 de noviembre, 2019

Los sacerdotes y sus ayudantes realizaron la ceremonia de purificación, para que ellos mismos pudieran adorar a Dios, junto con todo el pueblo. También purificaron las entradas de la ciudad y el muro de protección, para que Dios los aceptara con agrado.
Nehemías 12.30, TLA

En el cap. 12 del libro de Nehemías se describe la forma en que fueron dedicados los muros renovados de la ciudad de Jerusalén, como parte de la consumación del proyecto de reconstrucción de todas las áreas estratégicas de la vida del pueblo judío, comenzando, en primer lugar por la conciencia del mismo y su mentalidad de seguir adelante participando en el proyecto divino de hacer visible su acción redentora en medio del mundo, de manera universal. “El relato de la ceremonia de dedicación de los muros enfatiza el gozo del pueblo, y el entusiasmo de1a comunidad al ver un sueño hecho realidad. Desde la destrucción de la ciudad a manos de Nabucodonosor, hasta el momento que finalizan las obras de reconstrucción, habían pasado más de 100 años”.[1] Como bien enfatiza Samuel Pagán, muchos de los integrantes del pueblo habían leído los poemas de angustia en torno a la destrucción de la ciudad, como Lam 1 y 2, o el Salmo 137, y los poemas de Sión ( Isaías 40; 49.8-26; 54; Ez 37.1-14). La dedicación de los muros fue parte de un sueño largamente acariciado que se hizo realidad.

Todo el esfuerzo realizado por la comunidad postexílica para la restauración del templo, los muros y las instituciones religiosas era digna de reconocimiento. El pueblo trabajó con tesón, esfuerzo y mucha valentía. La comunidad no se dejó amedrentar amilanó por las adversidades (que fueron muchas) o por la oposición (que hizo sentir su fuerza varias veces). Sus objetivos claros se fueron dirigiendo a lo que, poco a poco, se perfiló como lo que verdaderamente estaba sucediendo: todo el proceso fue de una “reingeniería divina” que se realizó progresivamente para cambiar definitivamente el rostro social, moral y espiritual del pueblo. Si por “reingeniería” se entiende la recreación y reconfiguración de las actividades y procesos de una organización, al final del libro de Esdras-Nehemías queda bastante claro que las cosas se habían transformado profundamente. De unos comienzos inciertos, sometidos a la voluntad tendenciosa y arbitraria del imperio persa, que veía en Yehud tan sólo un territorio fronterizo y, por lo tanto, estratégico para sus intereses, se evolucionó hacia una mentalidad cada vez más clara de encontrarse en las manos de su Dios, quien estaba realizando en todos ellos una profunda transformación que tendría un gran impacto en la historia. Los avances conseguidos fueron colocados en relación con una visión más amplia que se desarrollaría más adelante, ya con un perfil bien definido de la comunidad que la experimentaría en tiempos radicalmente nuevos y bastante exigentes también.

“El esfuerzo de los judíos de la época de restauración contrasta con la finalidad de los que construyeron la torre de Babel, según la narración de Gn 11.1-9. El objetivo de Nehemías fue reconstruir los muros para darle seguridad al pueblo y a la ciudad”.[2] Esdras había contribuido a la restauración religiosa de la comunidad judía con base en lo que ésta había vivido durante el exilio. Los dos líderes estuvieron profundamente comprometidos con el pueblo judío y mostraron que su propósito no era solamente obtener un poder personalizado sino que, de manera colegiada y complementaria, actuaron desde el ejercicio alternativo del poder para lograr los objetivos centrales. Todo ello porque el fundamento mismo de sus labores y sacrificios se basaba en la convicción firme y clara de que estaban llevando a cabo la voluntad divina de varios procesos:

a) Primero que nada, preservar lo que Dios quería que se mantuviese (el culto, la ley, la fe recibida desde la antigüedad, las tradiciones y las fiestas significativas).
b) Señalar crítica y proféticamente aquellas realidades nocivas para la vida de la comunidad (matrimonios mixtos, usura, explotación, desobediencia a los rituales).
c) Recuperar o reconstruir los espacios, instancias o instituciones que habían perdido la presencia que debían tener (templo, organización sacerdotal, repoblar Jerusalén).
d) Acaso lo más difícil y desafiante: deshacerse de lo obsoleto, innecesario y corrupto (sacerdocio, beneficio para unos cuantos, simulación, abuso) a fin de incorporar nuevos elementos a su cosmovisión, a su manera de ver el mundo, de pensar y de actuar (el impacto irreversible de las sinagogas, cosmopolitismo, universalidad, proyección escatológica, renovación de la esperanza).

Aquí sobresale especialmente lo que podría denominarse como el “paradigma de la participación horizontal para el beneficio colectivo” puesto que el objetivo último de las obras de Esdras y Nehemías era construir para servir al pueblo en el nombre del Señor. Si la mítica construcción de la torre de Babel destacó como objetivo construir para llegar al cielo y “hacerse de un nombre” (Gn 11.4), es decir, una gran reputación llena de orgullo malsano, llegar “a las alturas” y disfrutar de un amplio reconocimiento por toda la tierra, dicho objetivo contrasta profundamente con el de Esdras y Nehemías: “Los constructores de Babel buscaban el prestigio; los que trabajaban en la reconstrucción de los muros deseaban ser fieles a Dios y al pueblo”. Nada más que eso, pero tampoco nada menos. La parte propositiva del proyecto miraba hacia mucho tiempo adelante en el tiempo tal como lo propuso el profeta Zacarías en sus visiones escatológicas.
El registro de personas participantes en el proyecto divino mostró a un pueblo dispuesto a unirse solidariamente al proceso de reingeniería divina que fue capaz de moldear de otra manera las mentalidades y esperanzas colectivas, algo que era muy difícil de lograr. La reingeniería divina daría sus frutos en un tiempo que no se avizoraba suficientemente.

Al fijarse como objetivo la reedificación del templo, los repatriados demostraban lo que eran: hombres inflamados por el mensaje de los profetas del destierro, dispuestos a reconstruir su mundo bajo este impulso. […] Frente a ellos, el “pueblo del país”, que no había conocido el bautismo del destierro y que se había mezclado con las poblaciones circundantes, con las consecuencias sincretistas que implicaba este proceso.
Por primera vez, la dirección espiritual del pueblo elegido no correspondía ya a los que tenían sus raíces hundidas en la tierra, signo por excelencia de la alianza, sino a los que tenían por raíces el mensaje de los profetas. Era el comienzo del judaísmo. Sin embargo, el profeta Malaquías (entre el 500 y el 450) deja adivinar un período ulterior de mediocridad (cf. Mal 1.13-14; 2.7-12) en el que no acababa de llegar la renovación esperada.[3]


[1] S. Pagán, op. cit., p. 194.
[2] Ídem.
[3] Claude Tassin, El judaísmo desde el destierro hasta el tiempo de Jesús. Estella, Verbo Divino, 1987 (Cuadernos bíblicos, 55), p. 17-18.

Nehemías 12.1-30 / I Corintios 3.1-11, TLA

1-7 Ésta es la lista de los sacerdotes y ayudantes que regresaron de Babilonia con Zorobabel hijo de Salatiel, y con Josué.
Los jefes de los sacerdotes de la época de Josué, que regresaron, son los siguientes: Seraías, Jeremías, Esdras, Amarías, Maluc, Hatús, Secanías, Rehúm, Meremot,Idó, Guinetón, Abías, Mijamín, Maadías, Bilgá, Semaías, Joiarib, Jedaías, Salú, Amoc, Hilquías, Jedaías.
8-9 Había dos coros encargados de los himnos de alabanza. De los cantores que formaban el primer coro regresaron los siguientes: Josué, Binuy, Cadmiel, Serebías, Judá, Matanías.
Del segundo coro regresaron los siguientes: Bacbuquías, Uní y sus ayudantes.
10 Los antepasados del ayudante Josué fueron Joacín, Eliasib, Joiadá, 11 Johanán y Jadúa. 12-21 En la época de Joacín éstos eran los jefes de las familias de los sacerdotes que regresaron:
JefeFamilia sacerdotal
MeraíasSeraías
HananíasJeremías
MesulamEsdras
JohanánAmarías
JonatánMelicú
JoséSebanías
AdnáHarim
HelcaiMeraiot
ZacaríasIdó
MesulamGuinetón
ZicríAbías
PiltaiMoadías
SamúaBilgá
JonatánSemaías
MatenaiJoiarib
UzíJedaías
CalaiSalai
ÉberAmoc
HasabíasHilquías
NatanaelJedaías
22 En la época de Eliasib, Joiadá, Johanán y Jadúa, había una lista de los jefes de familia de los sacerdotes y sus ayudantes. La información de esa lista llegaba hasta el año en que Darío comenzó a reinar en Persia. 23 En la lista oficial estaban anotados los jefes de familia de los ayudantes de los sacerdotes, hasta la época de Johanán nieto de Eliasib.
24 Los ayudantes de los sacerdotes estaban divididos en dos coros, que eran dirigidos por Hasabías, Serebías, Josué, Binuy y Cadmiel, y sus asistentes. Durante el culto, el coro principal cantaba una estrofa de un himno, y el otro coro respondía con otra estrofa. Así alababan y daban gracias a Dios, según lo había mandado el rey David. 25 Los vigilantes de las entradas, que también cuidaban las bodegas de al lado, eran: Matanías, Bacbuquías, Abdías, Mesulam, Talmón y Acub. 26 Éstos vivieron en la misma época de Joacín hijo de Josué. Era el tiempo cuando Nehemías gobernaba y el sacerdote Esdras era maestro.

27-29 Las familias de los cantores que se habían instalado alrededor de Jerusalén eran descendientes de Leví. También se instalaron en las aldeas de Netofá, en el pueblito de Guilgal y en los campos de Gueba y Azmávet. Para dedicar a Dios el muro de Jerusalén, los fueron a llamar para que participaran en la celebración. Ellos no sólo cantaban sino que también tocaban instrumentos musicales como platillos, arpas y liras. Por eso los invitaron para que cantaran a Dios alegres himnos de gratitud.

30 Los sacerdotes y sus ayudantes realizaron la ceremonia de purificación, para que ellos mismos pudieran adorar a Dios, junto con todo el pueblo. También purificaron las entradas de la ciudad y el muro de protección, para que Dios los aceptara con agrado.
*
Hermanos míos, antes de ahora no les pude hablar como a quienes ya tienen el Espíritu de Dios, porque ustedes se comportaban como la gente pecadora de este mundo. Por eso tuve que hablarles como si apenas comenzaran a creer en Cristo. En vez de enseñarles cosas difíciles, les enseñé cosas sencillas, porque ustedes parecen niños pequeños, que apenas pueden tomar leche y no alimentos fuertes. En aquel entonces no estaban preparados para entender cosas más difíciles. Y todavía no lo están, 3-4 pues siguen viviendo como la gente pecadora de este mundo. Tienen celos los unos de los otros, y se pelean entre ustedes. Porque, cuando uno dice: «Yo soy seguidor de Pablo», y otro contesta: «Yo soy seguidor de Apolo», están actuando como la gente de este mundo. ¿No se dan cuenta de que así se comportan los pecadores?
Después de todo, Apolo y yo sólo somos servidores de Dios para ayudarlos a creer en Jesucristo. Cada uno de nosotros hizo lo que el Señor nos mandó hacer: yo les anuncié a ustedes la buena noticia de Jesucristo, y Apolo les enseñó a seguir confiando en él, pero es Dios quien los ha hecho confiar más en Cristo. Así que lo importante no es quién anuncia la noticia ni quién la enseña; el único importante es Dios, que es quien aumenta nuestra confianza en Cristo. Tanta importancia tienen los que anuncian la noticia como los que la enseñan. Cada uno de ellos recibirá su premio, según el trabajo que haya hecho. Apolo y yo somos servidores de Dios, y ustedes son como un campo de trigo, como un edificio construido por Dios, del cual Dios es el dueño. 10 Dios, por su bondad, me permitió actuar como si yo fuera el arquitecto de ese edificio. Y yo, como buen arquitecto, puse una base firme: les di la buena noticia de Jesucristo. Luego, otros construyeron sobre esa base. Pero cada uno debe tener cuidado de la manera en que construye, 11 porque nadie puede poner una base distinta de la que ya está puesta, y esa base es Jesucristo. 

Programa de noviembre



domingo, 27 de octubre de 2019

Letra 642, 27 de octubre de 2019


LA RECONSTRUCCIÓN INTEGRAL DEL PUEBLO DE DIOS
EL PROFETA ZACARÍAS (VI)
Samuel Amsler
Los últimos profetas. Ageo, Zacarías, Malaquías y algunos otros
Estella, Verbo Divino, 1996 (Cuadernos bíblicos, 90).

Última visión (6.1-8)
Resultado de imagen para visiones de zacaríasEl profeta asiste a la salida de cuatro carros tirados por caballos de diversos colores. Salen de entre dos montañas, algo así como la luz del día al amanecer. Se acaba la noche, viene la aurora, con su cielo de múltiples colores. Encargados de una misión por el “Señor de toda la tierra”, los carros parten cada uno en una dirección. Tienen que recorrer todo el mundo. No se indica el objetivo de su misión, pero se deduce del poder universal de Aquel que los envía: como mensajeros, van a llevar la nueva de la salvación hasta los extremos del orbe.
Sin embargo, la atención del profeta se dirige más bien a uno de los carros, el que va hacia el norte, es decir, hacia Mesopotamia (v. 6). Todavía quedan allí muchos desterrados. La buena nueva es también para ellos: por medio de su Espíritu, el Señor viene a morar en medio de los suyos, estén donde estén. Desde los colores del crepúsculo hasta los de la aurora, ¡qué noche tan inspirada! ¡Y qué promesa para toda la comunidad! El reinado universal del Señor está ya a las puertas. El profeta ha asistido ya en visión a su venida, aunque nada de ello perciban todavía
los ojos de los demás mortales.

La acción profética de la corona (6.9-15)
Inmediatamente después del relato de sus visiones, Zacarías narra la acción profética que ha recibido la orden de cumplir. Se trata de un modo de comunicación por el gesto, al que los profetas se ven obligados a recurrir cuando los oyentes hacen oídos sordos a su mensaje. Zacarías tiene que dirigirse a una casa en donde se alojan varios desterrados que han regresado recientemente a Jerusalén y que han traído aportaciones destinadas a la reconstrucción del templo. Se retirará una parte de ese dinero y del oro que han traído, para hacer una corona. ¿Para qué servirá esta corona? El relato indica que está destinada a coronar al sacerdote Josué (v. 11).
Desgraciadamente, la continuación del texto no le va bien a un sacerdote: el profeta le atribuye el título de “Germen”, que es el de un príncipe de sangre real (v. 12). Su misión consiste en construir el templo (v. 13a); pero ésta es la misión que se le atribuye en otro lugar a Zorobabel (4.8ss). Y, sobre todo, se sentará en un trono, como un rey, en perfecta armonía con un sacerdote que se sentará también en otro trono (v. 13b).
Toda esta descripción mueve a suponer que, en el relato original de Zacarías, la corona iba destinada a Zorobabel, el descendiente de la dinastía davídica, en quien ya el profeta Hageo había reconocido al futuro mesías (Hag 2.23). La coexistencia armoniosa de los dos jefes, sentado cada uno en su trono, guarda analogía con los dos olivos de la visión central (4.14). Esta perspectiva profética chocó, como sabemos, con el desmentido de la historia, lo mismo que la visión de los dos olivos que enmarcaban el candelabro: Zorobabel desapareció prematuramente y sólo quedó en funciones el sacerdote Josué. Con toda probabilidad se hizo más tarde una corrección en el relato primitivo, para hacer de Josué el destinatario de la corona de Zorobabel.
Una vez realizado el gesto profético, la corona habría de tomar otro significado: depositada en el templo, recuerda la aportación traída por los repatriados y anuncia la llegada de nuevos desterrados dispersos por el mundo.
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TEODORO DE BEZA: RELIGIÓN Y POLÍTICA EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XVI

A menudo se nos pregunta si está permitido levantarse contra aquellos que son enemigos no sólo de la religión sino también del reino.
Teodoro de Beza, carta a H. Bullinger, septiembre de 1559

Resultado de imagen para teodoro de bezaLa editorial española Trotta ha anunciado la inminente aparición del volumen Del derecho de los magistrados sobre sus súbditos, del teólogo reformado francés Teodoro de Beza (1519-1605), en traducción de Manuela Águeda García-Garrido, con introducción y notas de Rocío G. Sumillera, profesora de la Universidad de Granada. […]  La publicación de Trotta coincide con los 500 años del nacimiento de Beza, el 24 de junio de 1519, en Vézelay, provincia de Borgoña. Poeta, filólogo, pedagogo, teólogo y dirigente eclesiástico, su estatua forma parte del Monumento Internacional de la Reforma Protestante en Ginebra, ciudad en la que colaboró con Juan Calvino, y a quien sucedió al frente de la iglesia local (fue, además, su primer  biógrafo, en 1564, el año de su muerte, y primer rector de la Academia de Ginebra), además de hacerse cargo de la conducción moral y espiritual de las iglesias reformadas europeas, casi de la misma manera que su antecesor. Su figura siempre ha sido vista desde una perspectiva bastante discreta, a pesar de que, durante los años que ejerció esas responsabilidades (poco más de 30, pues falleció el 13 de octubre de 1605), encabezó los desarrollos eclesiales, doctrinales y socio-políticos de esa vertiente de las reformas protestantes y debió tratar con la inmensa mayoría de líderes evangélicos de esa época mediante una amplia correspondencia.
Diversas instituciones han realizado eventos conmemorativos del 500º aniversario del nacimiento de Beza. En la Asamblea del Desierto, retiro anual de los protestantes franceses, se le rindió homenaje bajo el lema: “Al soplo de Teodoro de Beza”. Una nota sobre esta actividad señaló: “El poeta humanista, convertido a la fe reformada alrededor de 1548, exegeta del Nuevo Testamento y teólogo, jurista y político, de hecho, y en muchas ocasiones, ‘ha dado aliento a los protestantes en peligro en el reino, constituyendo por escrito un stock de imágenes e historia”. […]
El Museo Internacional de la Reforma, de Ginebra, por su parte, anunció la exposición temporal hasta el 27 de octubre, denominada “Rostros de T. de Beza”, que presenta 36 obras representativas de las varias facetas de la personalidad del sucesor de Calvino (www.musee-reforme.ch). La nota de Benjamin Chaix en La Tribune de Geneve al respecto, afirma: “La renombrada especialista ginebrina Béatrice Nicollier es la curadora de la exposición que acaba de abrir en el Museo Internacional de la Reforma (MIR). […]
En 1528, a los 10 años, Beza llegó a la casa del humanista Melchior Volmar (1497-1561, maestro de Calvino en otra época), en Orleans, quien lo educó y lo llevó a Bourges en 1530. En su infancia se convirtió a la fe evangélica, aunque sólo después de una grave enfermedad se inclinó totalmente a la Reforma. Tras la emigración de Vollmar, Beza estudió derecho en Orleans (1535-1539) y cursó después estudios humanísticos en París. Fue profesor de griego durante 10 años en la academia de Lausana en Suiza, donde escribió tratados humanísticos y polémicos, además de una pieza teatral, Abraham sacrifiant (1550). Viajó a Ginebra en 1558 y un año después comenzó a dirigir la Academia (fundada por Calvino) de esa ciudad, además de ser clérigo. Dio clases de teología alternando con Calvino y, en sus primeros años en esa ciudad, fue consultor teológico de la iglesia francesa y dialogó con las autoridades políticas de los hugonotes en el contexto de las guerras por la religión. En 1561 representó a los evangélicos en el Coloquio de Poissy, defendiendo con elocuencia los principios de la fe evangélica.
Después de la muerte de Calvino, fue elegido su sucesor (aunque sería mucho más que eso) y moderador de los pastores de Ginebra. Siguió en estrecho contacto con las comunidades francesas e incluso fue elegido presidente del sínodo de La Rochelle, interviniendo en numerosas controversias. A diferencia de Calvino, sus raíces están en la filosofía aristotélica. Trabajó intensamente el Nuevo Testamento y la ciencia bíblica. Su edición del Nuevo Testamento fue reimpresa más de 150 veces hasta 1965. Sus escritos en su mayoría tratan cuestiones controvertidas de teología.
Sólo sus obras humanísticas y sus sermones tardíos se sitúan más allá de la disputa confesional. Escribió el prólogo para la Biblia de Ginebra (1588). La Confessio fidei christianae (1559) es el mejor resumen de su teología. Reunió sus obras en tres tomos. En De haeretecis a civili magistratu puniendis (1554) defendió la actuación de Calvino en la condena de Bolsec y de Servet. Otras obras importantes son: la famosa Historia eclesiástica de las Iglesias Reformadas del Reino de Francia (1580), su biografía de Calvino, con la que debe citarse su edición de la Epistolæ et responsa (1575) del reformador de Noyon.
El contenido del libro mencionado (cuyo original, Du droit des magistrats sur leurs subjets, apareció en Ginebra en 1574) es por demás interesante, pues los seis documentos y los cuatro apéndices incluidos son una buena muestra de la reflexión bíblico-teológica de Beza, no suficientemente conocida, ni siquiera en los espacios reformados o calvinistas.
Se trata, como se aprecia desde el título de la obra, de un acercamiento a sus trabajos sobre el poder político, materia que lo ocupó bastante en su labor religiosa, y que lo llevó a discutir seriamente la posibilidad de resistir, incluso por la vía violenta, a un gobernante tiránico. Los textos que lo integran son: “Del magistrado injusto al súbdito infiel”, “Tiranos consentidos”, “El magistrado frente al pueblo: los límites del poder”, “Razones para deslegitimar el poder de los magistrados”, “La supremacía de la ley” y “El recurso a la acción violenta”. […]
Una recopilación así viene a romper el relativo desconocimiento de la vida y obra de Beza en el contexto del avance y consolidación de las reformas teológicas y eclesiales del siglo XVI. Su nombre está ligado estrechamente a la discusión sobre la eventual resistencia a las autoridades civiles por parte de las comunidades reformadas, algo sobre lo que han escrito autores como Quentin Skinner, profesor de la Universidad de Cambridge (Los fundamentos del pensamiento político moderno. II. La Reforma, 1986; original en inglés: 1978), quien mostró la evolución de las doctrinas teológicas que abrieron la puerta a la “revolución hugonota” en Francia, cerca del final del siglo XVI. (LCO)

Protestante Digital, 11 de octubre de 2019

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