sábado, 29 de enero de 2011

El pacto de Dios en la vida cotidiana de su pueblo, L. Cervantes-O.

30 de enero, 2011

1. Pacto y ley: los tres usos
El pacto de Yahvé con su pueblo debía tener consecuencias espirituales, éticas y comunitarias en la vida cotidiana porque de otra manera se corría el riesgo de hacer del mismo una ficción religiosa más, ajena a las realidades humanas. Los escritores y redactores del Pentateuco, muy conscientes de las limitaciones de la religiosidad, asumieron la tarea de interpretar históricamente los alcances del pacto de Yahvé con el pueblo de Israel para desglosar, mediante las leyes instauradas por la tradición de Moisés, un corpus jurídico que fuera capaz de dar cohesión a la vida comunitaria en todos los sentidos. De ahí que la vida humana, individual y colectiva, es expuesta en todos sus detalles para demostrar la forma en que Yahvé, como Dios de la alianza, deseaba ser significativo en medio de todas las relaciones sociales, morales, económicas y políticas de un pueblo que, más allá de su diferencia cultual con las culturas circundantes, fuera capaz de existir en el mundo con una visión clara de los designios divinos para cada situación de la vida, pero siempre a través del ejercicio de una libertad que diera fe de las condiciones básicas que Yahvé esperaba que se cumplieran como evidencia de que Israel efectivamente podía ser visto como una “comunidad alternativa” que superase las formas enajenantes de la religión.
Dentro de la tradición reformada, uno de los conceptos doctrinales más importantes, relacionados con la comprensión de una ética derivada del pacto de Dios con su pueblo es lo que se conoce como “los usos de la ley”. El primero es el uso original, el político, civil y social, aunque con una enorme cantidad de elementos rituales. Es el uso relacionado con los aspectos externos de la fe y la alianza con Dios. Esta ley original, mosaica, se estableció como una norma comunitaria, organizativa y litúrgica. Escribe Calvino, jurista y teólogo:

Por Ley no entiendo solamente los diez mandamientos, los cuales nos dan la regla para vivir piadosa y santamente, sino la forma de la religión tal y como Dios la promulgó por medio de Moisés. Porque Moisés no fue dado como legislador, para que abrogase la bendición prometida al linaje de Abraham, sino que más bien vemos cómo a cada paso trae a la memoria a los judíos el pacto gratuito hecho con sus padres, del cual ellos eran los herederos, como si él hubiera sido enviado para renovarlo (Institución de la Religión Cristiana, II, vii).

Siguiendo a la carta a los Hebreos (8.5), Calvino explica que, si bien ahora nos repugnan muchos de los lineamientos rituales de los aspectos externos de la Ley, debemos hacer el esfuerzo espiritual por descubrir en qué sentido Dios deseaba conducir a su pueblo por caminos de justicia mediante las instrucciones tan precisas, y a veces tan difíciles de cumplir que aparecen en los libros de Éxodo y Levítico. El segundo uso, el pedagógico, se basa en las palabras paulinas que se refieren a la Ley como un maestro cercano, un ayo, un pedagogo (Gál 3.24) que reconoce sus limitaciones pero que, aun así, cumple una función instructiva para llevarnos a Cristo (“El fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”, Ro 10.4). Este uso tiene el propósito de convencer a los seres humanos acerca de la banalidad de sus esfuerzos propios para alcanzar la perfección. Estamos ante lo máximo que puede lograr la religión en este mundo: proponer la bondad como modelo de vida, pero sin las atribuciones suficientes para lograrla.
Las palabras paulinas de Romanos 7, destacan dramáticamente esta incapacidad religiosa y legal para conseguir “empatar” la existencia con la justicia divina: “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno… Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Ro 7.12, 22-23). Este conflicto, irresoluble sin la intervención de la gracia divina, dice Pablo, hace que la Ley nos entregue a Jesucristo como única posibilidad de resolución: allí nace la posibilidad de que la Ley divina tenga un efecto profundo en la vida y sea capaz de devolvernos la dignidad y la libertad de hijos e hijas de Dios, pues de otra manera seguiríamos siendo “hijos de la ira” (Ef 2.3):

Así que la Ley sirve para exhortar a los fieles, no para complicar sus conciencias con maldiciones. Incitándolos una y otra vez los despierta de su pereza y los estimula para que salgan de su imperfección. Hay muchos que por defender la libertad de la maldición de la Ley dicen que ésta ha sido abrogada y que no tiene valor para los fieles ? sigo hablando de la Ley moral ?, no porque no siga prescribiendo cosas justas, sino únicamente para que ya no siga significando para ellos lo que antes, y no los condene y destruya pervirtiendo y confundiendo sus conciencias. San Pablo bien claramente muestra esta derogación de la Ley. Y que el Señor también la haya enseñado se ve manifiestamente por el hecho de no haber refutado la opinión de que Él había de destruir y hacer vana la Ley, lo cual no hubiera hecho si no se le hubiera acusado de ello. Ahora bien, tal opinión no se hubiera podido difundir sin algún pretexto o razón, por lo cual es verosímil que nació de una falsa exposición de la doctrina de Cristo; pues casi todos los errores suelen tomar ocasión de la verdad. Por tanto, para no caer nosotros también en el mismo error, será necesario que distingamos cuidadosamente lo que está abrogado en la Ley, y lo que aún permanece en vigor (IRC, II, vii, 14).

La ley moral permanece, pero ahora tenemos que relacionarnos con la Ley en general como Cristo mismo se relacionó. Ésa es la razón de ser del llamado “tercer uso de la ley”, es decir, el uso ético y cristiano de la misma.

2. Levítico y la vida cotidiana
Escuchemos este magnífico resumen acerca de los propósitos del Levítico, como resumen legal para una existencia sana y coherente del pueblo, según los parámetros del pacto con Yahvé:

El objetivo primero del libro del Levítico sería el de articular diversos códigos referentes a la vida civil y cúltica, teniendo como marco el calendario de fiestas (capítulo 23), y centralizar de forma definitiva la reconstrucción de la vida nacional después del exilio en el culto y en la ley en el ámbito del proyecto persa para la región.
El Levítico explicitaría así las propuestas de la reforma de Esdras, tanto en lo que respecta a la reforma del clero y del culto como también a la debida organización de la vida económica del templo y el sistema de las ofrendas, estableciendo la relación necesaria entre la jurisdicción civil y la religiosa.
Los diversos códigos articulados dan a la comunidad judía organizada alrededor del templo indicaciones acerca de todos los aspectos de la observación religiosa en conexión con todas las dinámicas de la vida (económica, social, sexual, física, ética...), teniendo como eje estructurado de la vida de la sociedad la liturgia del culto y el liderazgo del clero.
[1]

De manera muy imaginativa, Cardoso Pereira nos lleva de la mano por la anatomía divina y humana para explicar el contenido del libro y lo sintetiza como sigue: las instrucciones relacionadas con “la nariz de Dios” aparecen en los caps. 1-7 (el sacrificio; la ofrenda vegetal; los sacrificios pacíficos; el sacrificio por el pecado; casos de indigencia; el sacrificio de reparación; procedimientos rituales complementarios; y los procedimientos de los sacerdotes en los diversos sacrificios). En los caps. 8-10, se relacionan “el cuerpo de Dios y el ojo del ser humano”, pues reúnen leyes acerca de los sacerdotes, sus funciones y obligaciones en todos los rituales. La presencia de Dios, requerida por el pueblo, se sitúa en 9.4, 6, 23. El cuerpo humano (hombre y mujer) como tal aparece en los caps. 11-15, en busca de la purificación ritual en términos de las comidas (11), el parto (12), la enfermedad (13-14) y el sexo (15). El 16 instala la celebración del Día de la Expiación como centro de las celebraciones. Los caps. 17-26 se ocuparán del “cuerpo social”, el entramado en donde la cotidianidad con todas sus manifestaciones exigirá verificar los resultados de la alianza.
El cap. 19 subraya la necesidad de vivir como consecuencia de la creencia en un Dios de santidad, ajeno por completo a la injusticia y el pecado prevalecientes en el mundo. La santidad exigida al pueblo pasa por una praxis que rebasa la doctrina y se instala en el corazón mismo de la vida diaria, esto es, en donde las personas son lo que son siempre: seres humanos en continuo conflicto entre el ser y el deber ser. Allí se debate verdaderamente si el pacto de ha interiorizado o no: en las relaciones comerciales, laborales y personales. Aquí es donde cualquier ley o creencia pasa por su verificación histórica. Se trata, en palabras de W. Brueggemann, de vivir en una “santidad disciplinada”, pero siempre en medio del mundo, en la vida de todos los días: desde obedecer a los padres hasta entregar el salario adecuado.

[1] Nancy Cardoso Pereira, “Comida, sexo y salud: leyendo el Levítico en América Latina”, en RIBLA, núm. 23, www.claiweb.org/ribla/ribla23/comida%20sexo%20salud.htmlhttp://www.claiweb.org/ribla/ribla23/comida%20sexo%20salud.html

Levítico 19.1-3, 9-17


Nueva Versión Internacional

El Señor le ordenó a Moisés que hablara con toda la asamblea de los israelitas y les dijera: “Sean santos, porque yo, el Señor su Dios, soy santo. Respeten todos ustedes a su madre y a su padre, y observen mis sábados. Yo soy el Señor su Dios. […]
Cuando llegue el tiempo de la cosecha, no sieguen hasta el último rincón de sus campos ni recojan todas las espigas que allí queden.
No rebusquen hasta el último racimo de sus viñas, ni recojan las uvas que se hayan caído. Déjenlas para los pobres y los extranjeros. Yo soy el Señor su Dios.
No roben.
No mientan.
No engañen a su prójimo.
No juren en mi nombre sólo por jurar, ni profanen el nombre de su Dios. Yo soy el Señor.
No explotes a tu prójimo, ni lo despojes de nada.
No retengas el salario de tu jornalero hasta el día siguiente.
No maldigas al sordo, ni le pongas tropiezos al ciego, sino teme a tu Dios. Yo soy el Señor.
No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia.
No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el Señor.
No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado.

domingo, 23 de enero de 2011

Letra 205, 23 de enero de 2011


JESÚS Y LOS DERECHOS DE LAS MUJERES (II)
Cristina Conti
Lupa Protestante, 12 de diciembre de 2010

Jesús promovió a todas las personas débiles y despreciadas por la sociedad de su tiempo: los pobres, los enfermos, los marginados, los publicanos y las rameras, los huérfanos y las viudas, los niños y las mujeres. A todos ellos los impulsó a que alcanzaran su plena humanidad. Ésa es la voluntad de Dios, que todos los seres humanos puedan ser plenamente humanos... y también plenamente hermanos.
En ninguna parte de los Evangelios vamos a encontrar a Jesús tratando a las mujeres como si fueran inferiores en algún aspecto. Tampoco les pidió jamás que se sujetaran a los varones, ni siquiera a sus propios esposos. Jesús siempre trató
a las mujeres como a verdaderos seres humanos. Desafió todas las convenciones de su tiempo al tener mujeres discípulas, que además lo mantenían económicamente (Lc 8:1-3; 24:6-8); al hablar públicamente de teología con mujeres (Mt 15:21-28 par; Jn 4:7-42; 11:20-27); al tocar y sanar a una mujer considerada impura por su flujo de sangre (Mc 5:24-34 par); al dejarse tocar por una pecadora notoria, compararla favorablemente con un fariseo y luego perdonarla (Lc 7:36-50); al sanar a una mujer encorvada y llamarla "hija de Abraham" , un título reservado a los varones (Lc 13:10-17); al permitir que María de Betania aprendiera teología a sus pies como una discípula más, en lugar de estar en la cocina como les correspondía a las mujeres (Lc 10:38-42). Jesús era un hombre liberado y liberador.
La Pascua conmemora el acontecimiento más importante de la historia de la salvación, la resurrección de Jesús. Y, a pesar de que las mujeres no podían ser testigos según las costumbres judías, las primeras testigos de ese acontecimiento fueron mujeres. Jesús las eligió porque ellas siempre estuvieron a su lado, sirviéndolo durante su ministerio, solidarizándose con su sufrimiento cerca de la cruz, fijándose dónde lo sepultaban, volviendo al sepulcro para cumplir fielmente con el ritual de embalsamar el cuerpo. Las discípulas mujeres nunca abandonaron a su maestro, ni lo negaron, ni se escondieron cobardemente, como los discípulos varones. Ellas amaban a Jesús y estaban dispuestas a arriesgar la vida por él. Es que Jesús les había mostrado que Dios no hace diferencias de valor entre varones y mujeres, les había dado la dignidad que la sociedad les negaba, las había hecho plenamente humanas.
Pero eso no es todo. Es bien sabida la importancia de "lo primero" en la cultura judía: los primogénitos y las primicias como apartados para Dios, el hecho de que Cristo fuera el primero en todo (Col 1:15-20). Eso también aplica a los primeros testigos. Ser la primera persona en ver a Jesús resucitado implicaba ser la persona elegida para ser la cabeza de la iglesia naciente. Y Jesús eligió a las mujeres. Claro que eso iba tan en contra de las costumbres de la época, que la iglesia hizo todo lo que pudo para acabar con el liderazgo de las mujeres. Para fines del siglo III, ya habían logrado reducir a las mujeres nuevamente a la sujeción.
Las cristianas actuales no pretendemos ser las líderes de la iglesia. De todos modos, ya no se puede hablar de iglesia en singular, sino de iglesias en plural. Y en muchas iglesias protestantes hay mujeres ordenadas al pastorado, y algunas de ellas incluso son líderes, profesoras o teólogas escuchadas y respetadas. Sin embargo, en la mayoría de las iglesias, las mujeres ni siquiera pueden ejercer los dones que Dios les ha dado. Ese derecho a servir libremente a Dios es algo que sí demandamos.
En realidad, las mujeres cristianas no estamos reclamando lo que a nosotras se nos ocurre, ni el lugar que ocupan otros, ni que las iglesias conservadoras nos concedan por fin lo que la sociedad secular ya nos ha dado. Estamos reclamando nuestros derechos como seres humanos, tanto en la sociedad como en las iglesias. Estamos reclamando lo que Jesús mismo nos dio.
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INVESTIGAR O SOMETERSE, HE AHÍ EL DILEMA (II)
Juan G. Bedoya
El País, 5 de enero de 2011

El Vaticano II proclamó que se habían acabado los métodos del Santo Oficio -crueles, muchas veces criminales, con decenas de miles de personas quemadas vivas o asesinadas por otros medios-, ante el escándalo de que tres de los principales papas del pasado siglo hubiesen sido molestados por el inquisidor de turno como sospechosos de herejía o desviaciones pastorales. Fueron Benedicto XV, Juan XXIII y Pablo VI. Grandes teólogos del famoso concilio también sufrieron lo indecible en las garras del Santo Oficio. Décadas más tarde, observaron con estupor que uno de los mejores peritos del Vaticano II, el alemán Joseph Ratzinger, iba a resucitar algunas de las prácticas inquisitoriales repudiadas en 1965.
Fue el cardenal austriaco Franz König quien dio la voz de alarma, y expresó bien alto su perplejidad. Lo hizo cuando Ratzinger cayó sobre el teólogo jesuita belga Jacques Dupuis por "desviaciones doctrinales" en el libro Hacia una teología cristiana del pluralismo religioso. En una disputa con Ratzinger muy jaleada en los medios católicos, el gran König salió al quite. "Mi función no consiste en aconsejar a la congregación doctrinal, pero no puedo permanecer en silencio, porque se me parte el
corazón cuando veo hacer un daño tan obvio al bien común de la Iglesia de Dios. La Congregación tiene perfecto derecho a salvaguardar la fe -aunque aún lo haría mejor si la promueve-. El presente caso, sin embargo, es un signo de que se están extendiendo la desconfianza y la sospecha respecto de un autor que tiene las mejores intenciones y que ha adquirido grandes méritos en su servicio a la
Iglesia católica", escribió en un alegato titulado En defensa del P. Dupuis.
König, uno de los grandes aperturistas del Vaticano II, tenía motivos para decirse escandalizado. No solo se estaba pisoteando la proclamación conciliar de la libertad religiosa y de conciencia, sino la idea de que se debía proteger el trabajo de los teólogos. König llegó a recordar a Ratzinger el discurso de Pablo VI a la Curia romana en pleno concilio: "Tenemos que aceptar con humildad la crítica, con reflexión y también con reconocimiento".
Ratzinger sostenía entonces la misma idea. Escribió en 1968: "Aún por encima del Papa se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica. Lo que hace falta en la Iglesia no son panegiristas del orden establecido, sino hombres cuya humildad y obediencia no sean menores que su pasión por la verdad, y que amen a la Iglesia más que a la comodidad de su propia carrera". Estas palabras se las llevó el viento nada más acceder Ratzinger, en 1981, a la presidencia de la Congregación doctrinal, convertida poco a poco en férrea policía de la fe. Desde entonces, la Teología es tratada como la criada del magisterio episcopal.
Obediencia y unidad son las palabras que lo justifican todo. Y, también, la voluntad de Dios. Pero los teólogos no hacen caso. Siguen en esto al Evangelio, más que a sus superiores. Lo sostiene Hans Küng, compañero y amigo de Ratzinger cuando coincidieron como docentes en la Universidad alemana de Tubinga. "Tampoco Jesús obedeció a ciegas. Ya con 12 años, en el templo, demostró que no obedecía ciegamente a sus padres".
La verdad os hará libres, proclama Jesús. Es en nombre de esa libertad que el teólogo Küng se rebeló. "No podía seguir otro camino, no solo por la libertad, que siempre me fue querida, sino por la verdad, que está por encima de mi libertad. Si lo hubiera hecho, habría vendido mi alma por el poder en la Iglesia".
Durante siglos, la Iglesia romana se opuso a la traducción de los textos sagrados a las lenguas de cada pueblo. Cuando Lutero publicó la Biblia en alemán, el Papa arreció en sus exigencias de que le llevasen a Roma la cabeza del monje agustino. Con las ideas de Jesús en manos del pueblo, Roma no podría justificar su poder terrenal, ni sus pompas y vanidades, ni el afán de dominación, o la marginación de la mujer. Por eso, como sostiene Küng, "parece que Jesús goza de mayor estima fuera de la Iglesia que dentro de ella". Añade: "Nunca se pregunta qué hubiera hecho o dicho Jesús; tal pregunta resulta en ese contexto tan extraña, que la mayoría la juzgaría poco menos que absurda".
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SE AGRUPAN OPOSITORES A LA BEATIFICACIÓN DE JUAN PABLO II
Milenio, 17 de enero de 2011

Con el anuncio del Vaticano sobre la beatificación del papa Juan Pablo II, católicos y teólogos han iniciado una campaña contra esa decisión, porque aseguran que encubrió a pederastas como Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, además de ejercer presión contra la Teología de la Liberación, bloquear a las Comunidades de Base y negarse al diálogo con los fieles comprometidos con la justicia evangélica, por lo que recabarán firmas a escala mundial.
En México el Observatorio Eclesial, que agrupa a organizaciones católicas, dio a conocer la campaña contra el pontífice carismático, que tuvo un excelente manejo de los medios de comunicación.
Al conocerse la noticia de la beatificación, en Roma, 13 teólogos, así como profesores católicos de Europa y América Latina, dieron a conocer un manifiesto en el que piden a los fieles "testimonios contrarios" a la beatificación de Juan Pablo II, aun dando fe de "los aspectos positivos de su pontificado, como fue el compromiso por la paz o la tentativa de admitir las culpas históricas".
Entre los firmantes del manifiesto titulado "Llamada a la claridad" se encuentran el sacerdote Casimir Martí; el escolapio Ramón María Nogués, y el profesor de la Universitat de Barcelona Jaume Botey. También Juan José Tamayo, fundador de la Asociación de Teólogos Juan XXIII; Casiano Floristán, profesor emérito de la Universidad Pontificia de Salamanca, y Rosa Cursach, teóloga mallorquina. En el texto, destaca el Observatorio Eclesial, se detallan siete puntos que, a juicio de los firmantes, arrojan dudas sobre la posible beatificación de Karol Wojtyla: "La tenaz oposición a considerar, a la luz del Evangelio, la ciencia y la historia, algunas normativas de ética sexual"; la "dura confirmación del celibato eclesiástico"; el rechazo a "discutir en forma seria y profunda la condición de la mujer en la Iglesia"; la "no aplicación" de imaginarias "normas establecidas por el Concilio Vaticano II para una mayor democracia interna", y la "represión" de los teólogos de la liberación marxista en América Latina.
A su vez, la agencia AFP reportó que el sacerdote Ernesto Cardenal, uno de los pilares de la Teología de la Liberación en América Latina, criticó el anuncio sobre Juan Pablo II y se mostró sorprendido por la beatificación del Papa que "protegió" a acusados de pederastia.
Cardenal fue reprendido públicamente y de modo enérgico por Juan Pablo II en ocasión de la visita del entonces pontífice a Nicaragua en 1983.
El Observatorio Eclesial es integrado por Católicas por el Derecho a Decidir, el Centro de Comunicación Social (Cencos), Centro de Estudios Ecuménicos, Sicsal, Centro Antonio de Montesinos y Colectivo Alas que realiza un análisis crítico del acontecer de la Iglesia católica desde hace varios años y participa en la red Amerindia, que reúne a teólogos de América Latina como Leonardo Boff.

Avisos: 23 de enero de 2011

El próximo domingo 30, a las 17.30 hrs., tendremos la 2a. reunión de planeación por ministerios. Corresponde a: Acción Social, Comunión Fraternal y Evangelización y Misiones.
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Culto de oración y estudio
Martes 25 de enero, 19 hrs.
TERCERA RÉPLICA DE JOB A ELIFAZ (Job 23)
Modera: Hno. Pablo F. Sandoval

JOB 23, Dios habla hoy
Una vez más mis quejas son amargas
porque Dios ha descargado su mano sobre mí.
¡Ojalá supiera yo dónde encontrarlo,
y cómo llegar a donde vive!
Presentaría ante él mi caso,
pues me sobran argumentos.
Ya sabría cómo responder a lo que él me contestara!
Pero él no usaría la fuerza como argumento,
sino que me escucharía y reconocería que tengo la razón;
me declararía inocente,
¡me dejaría libre para siempre!
Pero busco a Dios en el oriente, y no está allí;
lo busco en el occidente, y no lo encuentro.
Me dirijo al norte, y no lo veo; me vuelvo al sur, y no lo percibo.
Él conoce cada uno de mis pasos;
puesto a prueba, saldré puro como el oro.
Yo siempre he seguido sin desviarme
el camino que él me ha señalado.
Siempre he cumplido sus leyes y mandatos, y no mi propia voluntad.
Cuando él decide realizar algo, lo realiza;
nada le hace cambiar de parecer.
Lo que él ha dispuesto hacer conmigo, eso hará,
junto con otras cosas semejantes.
Por eso le tengo miedo;
solo el pensarlo me llena de terror.
Dios, el Todopoderoso, me tiene acobardado.
¡Ojala la noche me hiciera desaparecer
y me envolviera la oscuridad!
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Próximas actividades
30 – Reinicio de clases de Escuela Dominical
Febrero
5 – Curso para matrimonios, 1a. reunión
6 – Comunión
8 – Reunión de Consistorio
12 – Reunión de Presbiterio/ Puebla

Dios sostiene su pacto en la comunidad de fe, L. Cervantes-O.

23 de enero de 2011
1. La fidelidad de Dios a su pacto
Una de las cosas que llama más la atención en la forma en que el libro del Éxodo expone la formalización del pacto de Yahvé con su pueblo es la intensidad con que se va desplegando históricamente a medida que avanza la experiencia de la comunidad en el camino nuevo de la libertad. La confianza con la que Moisés se dirige a Dios manifiesta cómo se fue forjando un liderazgo que reconoció plenamente las acciones liberadoras y participó en la conformación de la “comunidad alternativa”, la cual, como fruto de la salida de la situación de esclavitud en Egipto, comenzó a aprender la experiencia de la libertad en el desierto, a la vez que identificó el nuevo rostro de un Dios solidario y atento a sus necesidades. El proyecto original, expuesto por Moisés al Faraón: “Deja ir a mi pueblo, para que me sirva” (Éx 8.1). La fortaleza con que el pacto se consolidó en medio de las veleidades históricas dependió enteramente de la manera en que Dios se condujo con el pueblo, pues incluso ante los exabruptos del dirigente principal, como cuando quebró las tablas de la Ley ante la infidelidad manifiesta del pueblo, Yahvé no cejó en su afán de conducir, diríamos hoy, pastoralmente a su pueblo para que pudiera entender, progresivamente, las bondades y exigencias del pacto al que era llamado y que se encaminaban a establecer en el mundo una nueva forma de convivencia basada en la libertad como premisa fundamental.
En Éxodo 33 encontramos uno de los diálogos más intensos de Moisés con Yahvé, pues luego de la entrega de la Ley y de afirmar los lineamientos del pacto con el pueblo mediante una serie de ordenaciones litúrgicas y de organización de la vida social, el líder del pueblo debe escuchar el anuncio de que Dios no marcharía más al lado del pueblo debido a sus desobediencias constantes (33.3), puesto que eso mismo pondría en riesgo la sobrevivencia del pueblo. Éste reacciona en consecuencia con tristeza y decepción, pues ese aparente “abandono” de Yahvé no garantizaría en absoluto la consumación de las promesas del éxodo y la plenitud de vida en la tierra hacia la cual se dirigía el pueblo liberado. Dos situaciones nuevas se presentaban ahora: al quitarse las joyas y atavíos (33.4b, 5b-6), el pueblo renunciaba a las manifestaciones externas de grandeza o poder y subordinaba su existencia a la gracia y voluntad de Dios que está por manifestarse. Moisés, por su parte, toma el tabernáculo, la representación física de la presencia de Yahvé en medio del pueblo, y lo llevó fuera del campamento. Con ello, marcaba una distancia con la trascendencia divina y obligaba al pueblo a hacer un esfuerzo mayor para encontrarse con Dios: “…cualquiera que buscaba a Yahvé, salía al tabernáculo de reunión que estaba fuera del campamento” (33.7b).
Moisés captó muy bien los riesgos de no contar con la presencia divina ante los desafíos que debía enfrentar el pueblo, pues aunque la comunidad estaba expectante cada vez que él se presentaba delante de Dios (33.8-10), el anuncio de su alejamiento tenía preocupado al pueblo. Para atajar la situación, Moisés se dirige a Yahvé y le solicita la garantía de su acompañamiento para cumplir las expectativas de la comunidad y6 recibe palabras de aliento: “Mi presencia irá contigo y te daré descanso” (33.14). La carga espiritual, social y política que llevaba Moisés sobre sus hombros es redirigida por el propio Dios para asegurar que sus planes se cumplirán. No obstante, Moisés es enfático: “Si no vas a estar conmigo, es preferible que no nos saques de aquí. ¿Cómo sabré que estarás con nosotros y que verdaderamente nos has apartado de entre todos los pueblos de la tierra?” (33.15-16). A Dios le agradó esta forma de reaccionar y accedió, nada menos, que a “mostrar su gloria”, es decir, a dejarse ver, aunque no de manera plena (33.20). El pueblo ahora sabría que el Dios liberador seguiría estando con ellos luego de esta negociación en la que la propia libertad de Dios estaría salvaguardada. Vendría ahora una nueva versión de las tabla de la ley destrozadas por Moisés (34.1-10) y un reforzamiento de la alianza.
2. Dios se compromete a estar siempre presente
La calidad moral y espiritual requerida para el liderazgo del pueblo de Dios aparece nítidamente en la figura de Moisés, quien luego de esta ardua negociación con Yahvé lo reconoce como un Dios “fuerte, misericordioso y piadoso; lento para el enojo y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado… (34.6b-7a). La alianza se refuerza mediante un esfuerzo divino-humano de acercamiento gracias a la disposición encontrada por el propio Dios para acatar su voluntad. La mediación humana de Moisés proporcionó también un espacio de gracia para tratar con la magnificencia y la santidad de Yahvé y, así, atenuar los riesgos de la destrucción del pueblo.
El éxodo continuaría así, a través de una etapa de profundización de la alianza que funcionará mediante una cadena de advertencias acerca de las obligaciones teológicas, rituales y éticas del pueblo. Debería surgir entonces, una suerte de “ética colectiva” que le aseguraría al pueblo la posibilidad de seguir tratando con Dios en medio de las nuevas circunstancias históricas. La capacitación espiritual y política del pueblo se pondría a prueba, más tarde, de diversas maneras en coyunturas inesperadas y que mostrarían, paulatinamente, el esquema de relación que Dios esperaba mantener con el pueblo.
La figura de Moisés, rescatada y subrayada por la carta a los Hebreos, se ubica en la historia del pacto como determinante para canalizar, al mismo tiempo, las esperanzas humanas y los propósitos divinos, una relación que implica enormes dificultades de conciliación pero que en la historia posterior al éxodo fue mostrando su desarrollo e implicaciones.

Éxodo 33.12-16


Moisés le dijo al Señor: ―Mira, tú me pides que yo dirija a este pueblo, pero no me dices a quién vas a enviar conmigo. También dices que tienes mucha confianza en mí y que me he ganado tu favor. Pues si esto es cierto, hazme saber tus planes, para que yo pueda tener confianza en ti y pueda seguir contando con tu favor. Ten en cuenta que este pueblo es tu pueblo.
―Yo mismo te acompañaré y te haré descansar ―dijo el Señor.
Pero Moisés le respondió: ―Si tú mismo no vas a acompañarnos, no nos hagas salir de aquí. Porque si tú no nos acompañas, ¿de qué otra manera podrá saberse que tu pueblo y yo contamos con tu favor? Sólo así tu pueblo y yo podremos distinguirnos de todos los otros pueblos de la tierra.

domingo, 16 de enero de 2011

Letra 204, 16 de enero de 2011


EL PAPA COPTO SHENOUDA III RECIBE LAS CONDOLENCIAS DE UNA DELEGACIÓN DEL CMI
Consejo Mundial de Iglesias, 13 de enero de 2011

Visitantes procedentes de las oficinas de Ginebra del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) tuvieron el honor de ser recibidos en El Cairo, Egipto, el 8 de enero de 2011, por el papa Shenouda III de la Iglesia Ortodoxa Copta. El Rev. Dr. Olav Fykse Tveit, secretario general del CMI, presidió el grupo enviado a El Cairo para ofrecer personalmente las condolencias por el mortal ataque de bomba perpetrado el día de Año Nuevo en una iglesia de Alejandría.
Tveit expresó al papa Shenouda la condolencia y el apoyo de las iglesias miembros del CMI en este período difícil para Egipto. Le aseguró que la comunidad de iglesias está unida en la oración por la Iglesia Ortodoxa Copta y por todo el pueblo de Egipto. El secretario general del CMI habló de la cruz como símbolo de solidaridad compartido por los cristianos en todo el mundo. "La cruz sirve para recordar los sufrimientos que surgen en la vida humana y la muerte de Cristo en la cruz, pero, como emblema cristiano, indica también la resurrección, la reconciliación y la paz", dijo Tveit.
En su mensaje de Navidad, que los ortodoxos coptos celebran el 7 de enero, el papa Shenouda centró su atención en el amor y la paz de Dios para todas las personas. "Es alentador", dijo Tveit, "ver cómo su mensaje inspiró tanto a los cristianos como a los musulmanes a mantenerse unidos contra la violencia y los intentos de dividir al pueblo. El papa Shenouda demuestra que, cuando el liderazgo espiritual está bien orientado, se ejerce una enorme influencia para la construcción de la paz".
El papa Shenouda subrayó la importancia de orar a Dios y la necesidad de solidaridad entre todos los pueblos. Tveit viajó de Ginebra a El Cairo acompañado por el director de programas del CMI, Rev. Dr. Hielke Wolters, y la encargada del programa para el diálogo entre cristianos y musulmanes, Rima Barsoum.
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INVESTIGAR O SOMETERSE, HE AHÍ EL DILEMA (I)
Juan G. Bedoya
El País, 5 de enero de 2011
La Teología, con mayúscula, la disciplina académica que presumía antaño de ser la emperatriz de las ciencias, aparece hoy encerrada en una capilla de catequistas repitiendo lo que el Vaticano decide en cada momento. Es solo una apariencia. Grandes pensadores cristianos producen su obra cobijados en centros universitarios laicos, o publican en editoriales libres de control eclesiástico. Un ejemplo es el teólogo suizo Hans Küng, perito del Concilio Vaticano II junto a Joseph Ratzinger (hoy papa Benedicto XVI). Execrado sin contemplaciones por Roma, que le retiró incluso la
categoría de "teólogo católico", Küng sigue siendo una referencia mundial. El próximo mes de enero será investido doctor honoris causa por la Universidad a Distancia (UNED), a propuesta de su Facultad de Filosofía.
En España funcionan ya una docena de centros superiores donde la Teología o las ciencias de las religiones no tienen tufillo eclesiástico alguno. Son cátedras creadas sin interferencia religiosa y dirigidas por profesores de plantilla de las propias Universidades. Entre otras, cuentan con centros de ese tipo las Universidades Complutense y Carlos III (Comunidad de Madrid), la Pablo de Olavide (Sevilla), la Pompeu Fabra de Barcelona, la Universidad de Valencia y la cátedra de Filosofía de la Religión e Historia de las Religiones en la propia UNED.
La pérdida del tradicional monopolio teológico de la jerarquía católica ha sido pacífica. Nadie discute ya la competencia del Estado para crear facultades de Teología, y mucho menos la existencia de Universidades católicas con igual fin. No siempre fue así. La sabiduría popular, la más afectada por las feroces guerras de religión que asolaron Europa durante siglos, acuñó la expresión "¡Y se armó la de Dios es Cristo!", para escenificar las consecuencias de las disputas teológicas sobre si Jesús de Nazaret era hijo de Dios, y no un simple mesías.
Viejos recuerdos de la Inquisición, entre otros. Ahora, la Iglesia de Roma tiene un núcleo irrenunciable de doctrina y lo guarda con siete llaves, sin discusión, pero sin violencia. Hacia fuera, sin embargo, florecen teólogos que escapan de la caverna, liberados de amenazas de tortura u hoguera. Son pocos, pero suelen tener el favor del público. Es la atracción de la disidencia.
Entre los que en España han pagado por la osadía de ser libres destacan en los últimos años José María Díez-Alegría, José María Castillo, Benjamín Forcano, José Antonio Pagola, Juan Masiá y Juan Antonio Estrada, apartados de la docencia mediante sinuosos procesos. El último caso es el del teólogo franciscano José Arregi, obligado a abandonar la congregación de Francisco de Asís para evitar males mayores a sus superiores.
Humiliter se subiecti. Se ha sometido humildemente. Ésta era la fórmula de sometimiento de los censurados por Roma. Persiste. El Vaticano II suprimió en 1965 el Santo Oficio de la Inquisición, pero ha resurgido con fuerza, ahora con el nombre
de Congregación para la Doctrina de la Fe. También hay un latinajo para enunciar la nueva intransigencia. Roma locuta, causa finita. Una vez que Roma se ha pronunciado, el asunto queda zanjado. Es difícil encontrar otra institución que trate de modo tan desdeñoso a quienes defienden otros puntos de vista en sus filas.
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JESÚS Y LOS DERECHOS DE LAS MUJERES (I)
Cristina Conti
Lupa Protestante, 12 de diciembre de 2010
Cuando se enunciaron los Derechos Humanos poco antes de la revolución francesa, esos derechos se referían exclusivamente a los varones de la especie humana. La otra mitad de la humanidad no fue tenida en cuenta. Es más, recién se consideraron seriamente los derechos de las mujeres gracias a los reclamos del primer movimiento feminista, el de las sufragistas de fines del siglo XIX. Muchas de ellas habían militado en los movimientos contra la esclavitud. Mientras luchaban por la libertad de los esclavos, estas mujeres fueron tomando conciencia de que a ellas también la sociedad patriarcal las mantenía en una especie de esclavitud, y así comenzaron a luchar por sus propios derechos. Se las llamó sufragistas porque lo primero que reclamaron fue el derecho al voto, pensando ingenuamente que, una vez que las mujeres pudieran votar, sus derechos humanos empezarían a ser reconocidos.
Si bien, algunos años después, las mujeres obtuvieron unos pocos derechos, esto no ocurrió más que en ciertos países occidentales. El ejemplo más notable en Latinoamérica es el de Uruguay, donde se legisló ampliamente en favor de las mujeres en las reformas del presidente José Batlle y Ordóñez en 1917. Sin embargo, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XX, con el surgimiento de lo que se conoce como el segundo feminismo, que los derechos de las mujeres llegaron a consolidarse en la mayoría de los países de occidente –al menos en la letra de la ley.
En las iglesias cristianas, lamentablemente, la situación de las mujeres ha progresado mucho menos que en la sociedad circundante. Las iglesias siempre resultan ser algo así como el vagón de cola del tren de la historia. Sólo se deciden a hacer cambios mucho después de que la sociedad secular los ha efectuado. Con honrosas excepciones, la mayoría de las iglesias ha perdido su don profético. Los seguidores de Cristo debían ser sal y luz para el resto del mundo, sin embargo terminan siendo una fuerza retrógrada, que resiste gran parte de los progresos que hace la sociedad.
El problema es que las iglesias suelen medir los cambios sociales con el parámetro de sus dogmas y tradiciones, como si éstas fueran revelaciones dadas por Dios. Pero los dogmas y tradiciones son elaboraciones humanas, no revelación divina. La revelación de Dios se da en los acontecimientos, y el acontecimiento cumbre de la revelación es Dios mismo encarnado en Jesús de Nazaret. Jesús nos muestra cómo es Dios y cuál es su voluntad. Ninguna tradición, ni dogma –y tampoco ninguna Escritura interpretada a través de las tradiciones– puede estar por encima de lo que Jesús hizo y dijo.
Jesús promovió a todas las personas débiles y despreciadas por la sociedad de su tiempo: los pobres, los enfermos, los marginados, los publicanos y las rameras,
los huérfanos y las viudas, los niños y las mujeres. A todos ellos los impulsó a que alcanzaran su plena humanidad. Ésa es la voluntad de Dios, que todos los seres humanos puedan ser plenamente humanos. . . y también plenamente hermanos.
En ninguna parte de los Evangelios vamos a encontrar a Jesús tratando a las mujeres como si fueran inferiores en algún aspecto. Tampoco les pidió jamás que se sujetaran a los varones, ni siquiera a sus propios esposos. Jesús siempre trató a las mujeres como a verdaderos seres humanos. Desafió todas las convenciones de su tiempo al tener mujeres discípulas, que además lo mantenían económicamente (Lc 8:1-3; 24:6-8); al hablar públicamente de teología con mujeres (Mt 15:21-28 par; Jn 4:7-42; 11:20-27); al tocar y sanar a una mujer considerada impura por su flujo de sangre (Mc 5:24-34 par); al dejarse tocar por una pecadora notoria, compararla favorablemente con un fariseo y luego perdonarla (Lc 7:36-50); al sanar a una mujer encorvada y llamarla "hija de Abraham" , un título reservado a los varones (Lc 13:10-17); al permitir que María de Betania aprendiera teología a sus pies como una discípula más, en lugar de estar en la cocina como les correspondía a las mujeres (Lc 10:38-42). Jesús era un hombre liberado y liberador.
La Pascua conmemora el acontecimiento más importante de la historia de la salvación, la resurrección de Jesús. Y, a pesar de que las mujeres no podían ser testigos según las costumbres judías, las primeras testigos de ese acontecimiento fueron mujeres. Jesús las eligió porque ellas siempre estuvieron a su lado, sirviéndolo durante su ministerio, solidarizándose con su sufrimiento cerca de la cruz, fijándose dónde lo sepultaban, volviendo al sepulcro para cumplir fielmente con el ritual de embalsamar el cuerpo. Las discípulas mujeres nunca abandonaron a su maestro, ni lo negaron, ni se escondieron cobardemente, como los discípulos varones. Ellas amaban a Jesús y estaban dispuestas a arriesgar la vida por él. Es que Jesús les había mostrado que Dios no hace diferencias de valor entre varones y mujeres, les había dado la dignidad que la sociedad les negaba, las había hecho plenamente humanas.
Pero eso no es todo. Es bien sabida la importancia de "lo primero" en la cultura judía: los primogénitos y las primicias como apartados para Dios, el hecho de que Cristo fuera el primero en todo (Col 1:15-20). Eso también aplica a los primeros testigos. Ser la primera persona en ver a Jesús resucitado implicaba ser la persona elegida para ser la cabeza de la iglesia naciente. Y Jesús eligió a las mujeres. Claro que eso iba tan en contra de las costumbres de la época, que la iglesia hizo todo lo que pudo para acabar con el liderazgo de las mujeres. Para fines del siglo III, ya habían logrado reducir a las mujeres nuevamente a la sujeción.

Avisos

CONVOCATORIA A REUNIÓN CONGREGACIONAL
México, D. F., a 7 de diciembre de 2010
En el nombre glorioso de Nuestro Señor Jesucristo, Jefe y Cabeza de la Iglesia, y con fundamento en los artículos 160 al 170 de la Constitución de la Iglesia Nacional Presbiteriana de México, se CONVOCA a los miembros en plena comunión de la Iglesia Ammi-Shadday a la Reunión Congregacional a celebrarse D.M. el 16 de enero de 2011 a las 13.30 hrs. para la elección y llamamiento pastorales.
Por acuerdo del Consistorio.
"Por la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo".
Pbro. Caleb Díaz, Pastor oficiante
A.I. Rubén Núñez, Secretario
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El próximo domingo, a las 17.30 horas, tendremos la segunda reunión de planeación por ministerios. Corresponde a Acción Social, Comunión Fraternal y Evangelización y Miisiones.
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Culto de oración y estudio
Martes 18 de enero, 19 hrs.
TERCER DISCURSO DE ELIFAZ (Job 22)
Modera: Hno. David Ábrego
JOB 22.1-10, Dios HablCursivaa Hoy
¿Crees tú que el hombre, por muy sabio que sea,
puede serle a Dios de alguna utilidad?
¿Qué interés o beneficio obtiene el Todopoderoso
de que tú seas recto e intachable?

Si él te corrige y te llama a juicio,
no es porque tú le sirvas con fidelidad,
sino porque tu maldad es mucha
y tus pecados no tienen límite.
Tú, sin necesitarlo, exigías prenda a tus hermanos;
les quitabas su ropa y los dejabas desnudos.
A quien tenía sed, no le dabas agua;
a quien tenía hambre, no le dabas de comer.
¡Como eras poderoso y respetable,
te creías el dueño de la tierra!
Dejabas ir a las viudas con las manos vacías,
y maltratabas a los huérfanos.
Por eso ahora el peligro te rodea y te sientes de pronto lleno de terror.

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PRÓXIMAS ACTIVIDADES
18 - Reunión extraordinaria de Consistorio, 20.30 hrs.
22 - Taller de liturgia, 11-13.30 hrs.
23 - Reinscripciones a la Escuela Dominical
29 - Curso para matrimonios, 1a. reunión
30 - Reinicio de cursos de Escuela Dominical

Dios camina al lado de su pueblo, Pbro. Caleb Díaz López

16 de enero de 2011

Éxodo 13.18b-22, Dios Habla Hoy


Los israelitas salieron de Egipto formados como un ejército. Moisés se llevó consigo los restos de José, pues José había hecho que los hijos de Israel le prometieran hacerlo así. Les había dicho: "En verdad, Dios vendrá a ayudarlos; y cuando eso suceda, ustedes deben llevarse mis restos de aquí".
Los israelitas salieron de Sucot y acamparon en Etam, donde comienza el desierto. De día, el Señor los acompañaba en una columna de nube, para señalarles el camino; y de noche, en una columna de fuego, para alumbrarlos. Así pudieron viajar día y noche. La columna de nube siempre iba delante de ellos durante el día, y la columna de fuego durante la noche.

Bautismo de Natasha Castañeda Domínguez, 9 de enero de 2011

Apocalipsis 1.9, L. Cervantes-O.

29 de agosto, 2021   Yo, Juan, soy su hermano en Cristo, pues ustedes y yo confiamos en él. Y por confiar en él, pertenezco al reino de Di...