lunes, 27 de agosto de 2007

Jesús relee las Escrituras (III): en el camino a Emmaús, René Krüger

El capítulo 24 de Lucas cierra la historia terrenal de Jesús, creando la necesaria expectativa en quienes leen el evangelio y se disponen a esperar el cumplimiento de la promesa del Padre y la realización del mandato misionero. Las lectoras y los lectores acompañan a los discípulos en su espera, alabando y bendiciendo a Dios por todo lo que él realizó hasta ahora. El Evangelio está por hacer eclosión en la proclamación misionera: todo el capítulo apunta al anuncio. Los nuevos testigos reciben una misión concreta, formulada como transferir el perdón de los pecados. La predicación del arrepentimiento en el nombre de Jesucristo es el correspondiente programa narrativo adjunto de esta transferencia del perdón, cuyos destinatarios son todas las naciones.

El mensaje peculiar del capítulo 24 consiste en este salto de la situación de muerte, derrota y frustración a la vida, el testimonio y la alegría del testimonio; el salto de la finitud de la muerte a la apertura del Reino de Dios. Lo que empezó con una tumba de un crucificado, culmina con la alabanza de Dios por el Señor glorificado. [...] Hay un progreso cualitativo en la superación de la incredulidad y el miedo. Los tres grupos de discípulos son testigos “cada vez más complejos”. Las mujeres se convierten en anunciadoras por las palabras de los enviados de Dios; los discípulos de Emaús quedan convencidos por el encuentro personal; los apóstoles y demás son instituidos explícitamente en el papel de testigos, recibiendo la promesa de ser revestidos de poder de lo Alto.
El AT por sí mismo no pudo llevar a los discípulos al reconocimiento de la necesidad del camino del Mesías a través de pasión y muerte a resurrección y gloria. Recién el Crucificado-Resucitado los condujo a la comprensión de las Escrituras. De esta manera, quedó establecido un círculo: del Resucitado al AT y del AT –gracias al Resucitado– a la aceptación de la relación Pasión-Resurrección. El Resucitado mismo inculca la necesidad divina de este camino (v. 44). Se trata de una necesidad histórico-salvífica, no de un mero cumplimiento mecánico de hechos profetizados en el pasado.




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