miércoles, 19 de diciembre de 2007

Vivir para mirar la salvación de Dios: el cántico de Simeón, Felipe Santos

23 de diciembre de 2007

Simeón significa "Dios me ha escuchado". El Espíritu Santo: por eso escucha y observa la Palabra. Sólo los hombres iluminados por el Espíritu saben explicar exactamente la Escritura y juzgar los eventos de la salvación.
Los brazos del anciano Simeón representan los brazos bimilenarios de Israel que reciben la flor de la vida nueva, la promesa de Dios.
El cántico de Simeón se pone en la línea de la gran tradición del Siervo de Yahvé: "Te haré luz de las naciones para que lleves mi salvación hasta la extremidad de la tierra" (Is 49.6). Ahora se cumple cuanto se había anunciado: "Levantaos, revestíos de luz, la gloria del Señor brilla sobre ti. Porque, he aquí, las tinieblas recubren la tierra, y las mismas naciones; pero sobre ti resplandece el Señor, su gloria aparece en ti. Caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al esplendor de tu fuente" (Is 60.1-3).
Sólo quien ve a Jesús como salvador puede vivir y morir en paz. Sólo el encuentro con Dios puede sanar la vida del veneno del miedo de la muerte y curar al hombre de la falsa imagen de Dios. Detrás de la puerta de la muerte no nos aguarda un abismo de tinieblas, sino una sala luminosa del banquete de la vida eterna.
A la salvación y a la paz, ya presentes en el cántico de Zacarías, al que se une la luz con una clara connotación de universalidad: la salvación es para todos los pueblos. Simeón, movido por el Espíritu, reconoció a Jesús; ahora predice a María el destino del hijo. La persona de Jesús se explica aún ahora desde el Antiguo Testamento. Jesús será al mismo tiempo causa de caída y de resurrección para las multitudes de Israel, porque lleva una salvación "escandalosa" que ninguno está en grado de aceptar. Jesús contradice todo pensamiento del hombre. Es escándalo y locura. Por eso todos los contradicen, se escandalizan de él y caen.
Se vislumbra aquí el misterio de la muerte y la resurrección del Señor que como espada atravesará el corazón de cada discípulo y de toda la Iglesia. A la palabra dura de condena, contradicción y de espada, nace la palabra de felicitación, consuelo y ayuda. El nombre de la profetisa y la de sus advertencias significan salvación y bendición. Ana quiere decir: Dios da la gracia: Fanuel: Dios es luz; Aser: felicidad.
Los nombres no están privados de significado. Y aquí su significado ilumina y sumerge todo en el esplendor de la alegría, de la gracia y de la clemencia de Dios. El tiempo mesiánica es tiempo de luz plena.
Ana es considerada como ejemplo luminoso. "La que es realmente viuda y permanece sola, ha puesto la esperanza en Dios y se consagra a la oración día y noche" (1Tm 5,5).
Iluminada por el Espíritu Santo, Ana reconoce al Mesías en el niño que lleva María al templo. Siguiendo a Simeón, alaba a Dios y habla continuamente de Jesús a todos aquellos que esperan "la redención de Jerusalén" ( v. 38).
En el tiempo de Jerusalén se desvelan dos aspectos: la contradicción en los enfrentamientos de Jesús y la acogida en la fe, la condena y la salvación, la caída y la resurrección. De Jerusalén, en cuyo templo se ensalza el signo, se irradia la luz que llegará a los paganos y se manifiesta la gloria de Israel.Eso sucede ahora, mientras Jesús viene al templo; y se verá más claramente cuando se vea en Jerusalén, es decir, ensalzado en la gloria. Entonces se reunirá el nuevo pueblo de Dios, y sus mensajeros desde Jerusalén se difundirán a todo el mundo para acoger a los pueblos en torno al signo de Cristo.

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